Quizá alguna vez hemos visto una mariposa azul cruzar un jardín o volar entre los árboles y nos ha llamado la atención el brillo casi metálico de sus alas. Su color es tan llamativo que incluso lo asociamos con el popular emoji de mariposa azul, pero ese tono tan característico de las mariposas Morpho podría perder su intensidad debido al aumento de las temperaturas de su entorno.
De acuerdo con un estudio realizado por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), las altas temperaturas durante el desarrollo de estas mariposas pueden alterar las diminutas estructuras presentes en sus alas, responsables de producir su característico color azul iridiscente.

Los científicos estudiaron pupas de Morpho helenor, es decir, la etapa previa a convertirse en mariposas adultas, y las expusieron a diferentes temperaturas: unas similares a las de su ambiente tropical habitual, otras más templadas y otras elevadas, similares a las producidas por el calentamiento climático.
Los resultados mostraron que, bajo altas temperaturas, las pupas murieron con mayor frecuencia y las mariposas que lograron completar su desarrollo presentaron alas con un color azul más opaco, lo cual podría ser visible no solo para el ojo humano.
Los investigadores determinaron que otras mariposas de la misma especie y las aves, uno de sus depredadores habituales, también podrían percibir la diferencia.

Además de una posible mayor vulnerabilidad ante sus depredadores, el cambio de color en las alas del pequeño insecto también podría afectar el proceso de apareamiento, pues el color desempeña un papel al momento de atraer pareja. Sin embargo, al tratarse de un descubrimiento reciente, los científicos señalan que aún no pueden decir con seguridad qué consecuencias concretas podría tener este cambio.
Un azul que no viene de pigmentos
Contrario a otros colores presentes en la naturaleza, el azul de estas mariposas no es producido por un pigmento. Las alas de estos animalitos están cubiertas por diminutas escamas que funcionan de manera similar a las tejas de un techo y, dentro de ellas, existen estructuras microscópicas que reflejan la luz y generan ese tono azul brillante que parece cambiar según el ángulo desde el que se observe, así lo explicó Juliette Rubin, autora principal del estudio.

Para Rubin, los resultados muestran que incluso características muy pequeñas de los animales pueden responder a las condiciones ambientales durante su desarrollo.
En el caso de las Morpho el aumento de las temperaturas podría terminar modificando precisamente aquello que más las distingue: el intenso brillo azul de sus alas.

