Para muchos panameños, especialmente aquellos que crecieron después de la Segunda Guerra Mundial o vivieron en el país a partir de la década de 1960, el nombre M/V Islamorada despierta recuerdos muy particulares. Su silueta elegante, atravesando las aguas del Canal de Panamá o navegando entre el Pacífico y el Caribe, terminó convirtiéndose en parte del paisaje marítimo nacional y de la memoria de varias generaciones.
Otros quizás recuerdan la embarcación por una etapa posterior de su historia, cuando permaneció varada en tierra firme cerca del puerto de cruceros de Colón, funcionando como restaurante. Allí comenzó a circular una versión tan repetida como equivocada: que se trataba del supuesto barco del famoso mafioso Al Capone. Sin embargo, la verdadera historia del Islamorada resulta mucho más interesante y valiosa que cualquier leyenda urbana.
La embarcación nació en 1912 bajo el nombre M/V Santanta. Fue diseñada por la prestigiosa firma Cox & Stevens Inc., de Nueva York, y construida por George Lawley & Sons, reconocido astillero de Massachusetts especializado en embarcaciones de lujo. Para la época, se trataba de un yate extraordinario, reflejo del refinamiento y la sofisticación náutica de comienzos del siglo XX. Su costo superó los 225 mil dólares, una cifra impresionante para aquellos años.
El primer propietario del Santanta fue Osborne Howes, miembro de una acomodada familia de Boston. Aunque los registros históricos sobre su vida son limitados, fotografías conservadas hasta hoy muestran a la familia disfrutando del yate en actividades recreativas y jornadas de pesca deportiva en las aguas de La Florida durante los años veinte. Aquellas imágenes permiten entender que el barco fue concebido originalmente como un espacio familiar y de recreación, muy distante de las historias criminales que posteriormente se le atribuyeron.
Con el paso de las décadas, la embarcación cambió varias veces de propietario. En 1933 fue adquirida por Roscoe H. Prior y, pocos años después, pasó a manos de Leo Sidney Johnson, capitán y operador náutico de Islamorada, en los Cayos de Florida. Fue entonces cuando el yate adoptó el nombre que lo acompañaría hasta el final de sus días: Islamorada.
Johnson formaba parte de la primera generación de operadores de pesca deportiva y servicios charter en aquella región de La Florida. También sobrevivió, junto a su esposa, al devastador huracán de 1935 que destruyó buena parte de Islamorada y dejó centenares de víctimas. Curiosamente, la casa de Johnson fue una de las pocas estructuras que resistió el impacto del fenómeno.
Toda esta documentación histórica permite desmontar con bastante claridad uno de los mitos más persistentes asociados a la embarcación: no existe evidencia seria que vincule al Islamorada con actividades de contrabando durante la Ley Seca ni con Al Capone. La historia real del barco, aunque menos novelesca, resulta mucho más rica y humana.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Estados Unidos adquirió la embarcación para apoyar labores asociadas al conflicto. Como ocurrió con muchas naves civiles de la época, el Islamorada pasó temporalmente al servicio del esfuerzo de guerra. Terminada la contienda, regresó a manos privadas y continuó navegando bajo distintos propietarios.
A finales de la década de 1950 comenzó el capítulo que terminaría ligándolo para siempre a Panamá. La embarcación fue adquirida por Vivian L. Carmichael, quien impulsó una remodelación integral para convertirla en un hotel flotante de pesca deportiva en Bahía Piñas, una zona ya reconocida internacionalmente por la pesca del pez vela y el marlin. Aunque el proyecto no prosperó comercialmente, marcó el inicio de la relación definitiva entre el Islamorada y las aguas panameñas.
En 1963, el yate fue adquirido por cuatro experimentados prácticos del Canal de Panamá: Harry E. Bentsen, Leonidas Critides, Wilbur H. Vantine y Albert I. Wilder. Posteriormente se incorporaría Alexander Psychoyos. Antes de concretar la compra, realizaron rigurosas inspecciones técnicas que confirmaron el excelente estado de la embarcación.
Bajo administración panameña, el Islamorada inició una nueva etapa vinculada al turismo y la navegación recreativa. Durante décadas ofreció recorridos a través del Canal de Panamá, conectando el océano Pacífico y el mar Caribe y permitiendo a miles de pasajeros experimentar el tránsito interoceánico desde una perspectiva mucho más cercana y elegante que la de los grandes cruceros modernos.
La embarcación destacaba por sus amplios espacios interiores, camarotes, salones y comodidades poco comunes para la época. Contaba con biblioteca, áreas sociales climatizadas y cubiertas capaces de albergar decenas de pasajeros durante eventos y travesías prolongadas. Más que un simple barco turístico, el Islamorada representaba una forma distinta de navegar: más pausada, íntima y profundamente ligada al placer de estar en el mar.
Con el paso de los años, el yate se convirtió en una figura familiar para quienes transitaban regularmente el Canal. Su elegante silueta terminó siendo parte del paisaje marítimo panameño. En total, realizó 1,536 cruces antes de efectuar su último tránsito hacia el norte el 29 de junio de 2019, una cifra extraordinaria para una embarcación de su categoría (Miguel Munar, com. pers.).
Quizás una de las escenas más conmovedoras de su larga historia aparece en la película panameña Historias del Canal (2014). Allí, el Islamorada transporta a descendientes de trabajadores afroantillanos que participaron en la construcción del Canal de Panamá. Mientras la embarcación avanza lentamente por las esclusas, los pasajeros realizan una sencilla ceremonia para recordar a sus familiares fallecidos. La escena termina convirtiendo al viejo yate en algo más que un barco: un espacio de memoria y encuentro entre generaciones.
Hoy, el estado actual de la embarcación contrasta con la elegancia y vitalidad que alguna vez tuvo. Sin embargo, reducir su historia a un restaurante abandonado o a una falsa conexión con la mafia sería profundamente injusto.
El M/V Islamorada merece ser recordado por lo que realmente fue: una embarcación excepcional que navegó durante más de un siglo entre huracanes, guerras, turismo y memorias familiares, hasta convertirse en parte viva de la historia marítima y cultural de Panamá.
El autor es creador de @canalzonepty
