El Menú (The Menu, 2022, Estados Unidos) es una producción de una honestidad feroz, de una perversidad exquisita, de un cinismo apetitoso y de un contenido sanguinario tan dañino y atrayente como la comida enlatada. Es de una inmensa sencillez la puesta en escena de esta comedia de terror del realizador Mark Mylod (habitual director de series como Succession, Shameless y Entourage), quien de manera intencional remarca en El Menú un tono absurdo, preciosista, exagerado y artificioso para prepararnos para lo que vendrá a medida que los huéspedes reciben los platillos que salen de la más vanguardista de las cocinas.
Casi toda su trama se desarrolla dentro de un exclusivo restaurante ubicado en una solitaria, recóndita y diminuta isla ubicada al noroeste del Pacífico, lo que le da una sensación de claustrofobia sartriana.
El acabado guion de Seth Reiss y Will Tracy juega de manera perversa con el comensal, perdón, con los estados de ánimo del espectador. Al principio parece un divertimento inofensivo con personajes cercanos al estereotipo, pero, desde el segundo acto hacia adelante, las risotadas se van reemplazando por gritos gracias a una violencia que va in crescendo.
Este giro ocurre de la mano de un humor negro condensado, incisivo, que se apodera de esta historia sobre un variado grupo de convidados que tendrán una experiencia culinaria inolvidable (vaya que sí). El Menú plantea que, en ocasiones, la risa es otra forma de manifestar que el pánico o la intranquilidad se han apoderado del alma humana ante situaciones brutalmente inesperadas.
El chef
Hay comedias y dramas que ponen el foco de atención en el devenir de los chefs, esos señores que según el séptimo arte están por lo general de pésimo humor, son dados al maltrato nivel sádico y creen en el sometimiento como acto de lealtad y precio justo por aprender los secretos de la buena mesa.
Ejemplos tenemos en la canadiense American Cuisine (1998), de Jean-Yves Pitoun, pasando por las francesas L’aile ou la cuisse (1976), de Claude Zizi y Comme un chef (2012), de Daniel Cohen y las estadounidenses Chef (2014), de Jon Favreau y Julie & Julia (2009), de Nora Ephron.
Ninguna de estas producciones supera a esta picante sátira titulada The Menu, un largometraje que se ha proyectado con éxito en una docena de festivales internacionales de cine: Toronto, Zurich, Roma, Tokio, Viena, Mar Del Plata…
Julian Slowik
El chef de El Menú se llama Julian Slowik (lo encarna un soberbio Ralph Fiennes), un profesional de la alta cocina que cree en la justicia social como una acción política que se puede combinar a la perfección con un filete de salmón con costra de pistachos o una crema de calabaza con vieras.
Slowik está cansado de las figuras que ejercen alguna clase de autoridad dentro de la sociedad contemporánea y a los que tiene la obligación de alimentar en el citado refinado local como parte de sus labores como trabajador.
Hablamos de los ricos empresarios indiferentes a las creaciones gastronómicas de Slowik, los corruptos expertos de la industria tecnológica que roban dinero sin pestañear, las vanidosas estrellas del celuloide que se creen dioses menores, los críticos a ultranza que tienen un ego tan desmedido como su apetito, los influencers cuya actitud no siempre colabora a la sana nutrición de la sociedad.
El chef Slowik decide actuar en nombre de tantos ciudadanos apabullados que residen en viviendas alquiladas, que sobreviven cada quincena con el peso de un crédito deficiente o aquellos que culminan sus estudios superiores con préstamos bancarios que los mantendrán atados de pies a cabeza por el resto de sus existencias.
Como un seguidor de Platón, Slowik es un creyente de la función severa e intimidante del castigo como parte del sistema de hacer cumplir la justicia, en particular entre aquellos individuos dados a consumir costosos alimentos y que han violado la libertad, la concordia y las leyes de distintas maneras, y que están convencidos que sus cuerpos, sus cuentas bancarias y sus estatus no son susceptibles a ningún tipo de pena.
Por eso, Slowik usará como pretexto la presentación de un menú de degustación en el opulento restaurante Hawthorne, para tomar el sartén por el mango con acciones radicales contra la desigualdad social, contra aquellos que en el fondo no les interesa sus recetas innovadoras, lo que traerá como resultado un desenlace explosivo.
¿Se imaginan una conversación entre el chef Slowik y el psicoanalista Hannibal Lecter mientras degustan un lomo de cerdo servido con salsa Cumberland?
Para todos los gustos
El Menú está dedicado a esos que están más preocupados en tomarle fotos a los platillos que en comerlos, porque no quieren perder un segundo para publicar sus imágenes en sus redes sociales y despertar así la envidia de tirios y troyanos.
Está pensada para los que creen que se la saben todas a la hora de tener un plato al frente de sus narices, pero si los llevas a la cocina no saben ni freír un par de huevos. De igual manera para los que adoran la comida gourmet porque creen que es otra manera de remarcar que ellos tienen un gusto refinado y que son superiores al resto de la humanidad.
The Menu es para los que sueñan con ir a restaurantes que hayan ganado todas las estrellas Michelin posibles, porque eso los hará especiales ante los ojos envidiosos de sus seguidores en las plataformas digitales.
Para los que no se pierden un episodio de todas las series de documentales porque nos hacen creer que el arte culinario es bistec de dos vueltas, y para aquellos fanáticos de los programas televisivos de competencia y retos en una cocina contrarreloj, donde lo que prima es un ganador y un enorme y humillado colectivo de perdedores en horario estelar.
Ah, este thriller de suspenso también será del agrado entre los amantes de las hamburguesas, pero no esas de calabacín, ni las veganas, ni las de brócoli. No, de esas que uno saliva de solo pensar en una enorme hamburguesa grasienta con rebanadas de queso amarillo, que te hará volar el colesterol hasta la estratósfera y que te causará seguro un reflujo ácido y ardor en el estómago.

