‘¿Por qué yo sí?’: cuando sobrevivir se convierte en una carga emocional

Aunque no es un diagnóstico médico, el síndrome del superviviente puede afectar profundamente la salud mental de quienes atraviesan una experiencia traumática. Psicólogos y psiquiatras explican cómo reconocerlo y por qué es importante buscar ayuda cuando la culpa persiste.

‘¿Por qué yo sí?’: cuando sobrevivir se convierte en una carga emocional
Sad young woman sitting on room floor crying with hand over face

Sobrevivir a un desastre natural, un accidente, un conflicto armado o incluso a una enfermedad grave suele asociarse con alivio. Sin embargo, para algunas personas, haber salido con vida mientras otros fallecieron o sufrieron consecuencias más graves puede convertirse en el origen de una profunda culpa.

Este fenómeno, conocido como síndrome del superviviente o culpa del superviviente, no constituye un diagnóstico médico, pero sí una respuesta psicológica que puede afectar significativamente la salud mental si no recibe atención adecuada.

Así lo explicó la psicóloga Virginia Torres en entrevista con ELLAS. “La culpa del superviviente es una respuesta emocional que puede surgir cuando una persona percibe que su supervivencia fue producto del azar o de circunstancias que escapaban a su control. Es frecuente que aparezcan preguntas como: ‘¿Por qué yo?’, ‘¿Pude haber hecho algo más?’ o ‘¿Y si hubiera actuado de otra manera?’”.

La especialista aclaró que estos pensamientos se originan porque la persona intenta reconstruir mentalmente el evento traumático, buscando una explicación que le permita comprender lo ocurrido. “Este proceso suele incrementar la culpa y el sufrimiento emocional, ya que la persona se atribuye responsabilidades que, en realidad, estaban fuera de su control”, indicó.

¿Quiénes pueden desarrollar este fenómeno?

La psiquiatra Patricia Arroyo detalló que no todas las personas que viven un evento traumático desarrollan el síndrome del superviviente. “La respuesta psicológica depende de múltiples factores, entre ellos las características individuales, la historia de vida y el apoyo disponible tras el evento”.

‘¿Por qué yo sí?’: cuando sobrevivir se convierte en una carga emocional
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Entre los factores que aumentan el riesgo de desarrollar este síndrome se encuentran los antecedentes de trauma durante la infancia, como el abuso o el maltrato; padecer una enfermedad mental previa; antecedentes familiares de trastornos psiquiátricos; contar con una red de apoyo social limitada; y el consumo de alcohol u otras sustancias psicoactivas.

También influyen la intensidad del trauma, el vínculo con las personas fallecidas y la forma en que cada individuo procesa emocionalmente la experiencia.

¿Cómo funciona clínicamente?

La psiquiatra Ariadna González explicó que existen tres mecanismos que influyen en el desarrollo de este síndrome:

  • Pensamiento contrafactual y distorsión cognitiva: el paciente activa el bucle mental de “¿qué hubiera pasado si...?”. Atribuye falsamente el control de los hechos a sus propias acciones (“si no me hubiera movido, ella estaría viva”), asumiendo una responsabilidad moral desproporcionada.

  • Efecto de suma cero: el cerebro procesa erróneamente la supervivencia como un recurso limitado. El paciente siente que su vida “le costó” la vida a otra persona.

  • Fisiología del trauma: diversos estudios demuestran que la culpa postraumática hiperactiva la amígdala, manteniendo al organismo en un estado crónico de alerta, insomnio y somatización.

La doctora González aclaró que este fenómeno “no es algo nuevo”. Explicó que comenzó a documentarse formalmente tras el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial con los trabajos de Eddy de Wind. También destacó las investigaciones del psiquiatra Robert J. Lifton con los supervivientes de la bomba atómica de Hiroshima.

‘¿Por qué yo sí?’: cuando sobrevivir se convierte en una carga emocional
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“En sus investigaciones los supervivientes desarrollaban un ‘cierre psíquico’ y una culpa paralizante arraigada en haber contemplado la muerte masiva, un dolor psicológico que persistió intacto incluso 20 años después del bombardeo”, resaltó la especialista.

Las señales que distinguen una reacción esperable de un trastorno

Es importante diferenciar una reacción emocional esperable tras un evento traumático de un síndrome del superviviente que requiere atención profesional.

De acuerdo con la doctora González, en un proceso normal de duelo o de estrés agudo, la tristeza, el dolor y la culpa suelen disminuir gradualmente durante las primeras semanas, permitiendo que la persona mantenga su autocuidado y continúe, aunque con dificultad, con sus actividades cotidianas. Los recuerdos del suceso pueden aparecer con frecuencia, pero generalmente se viven como memorias tristes propias del proceso de adaptación.

En cambio, cuando se trata de un síndrome del superviviente, los síntomas persisten por más de un mes o incluso empeoran con el tiempo. La culpa deja de ser una emoción pasajera para convertirse en una autoacusación constante e irracional, en la que la persona cree haber sido responsable de lo ocurrido.

Además, puede presentarse un deterioro importante en su funcionamiento laboral, social y familiar, acompañado de aislamiento, así como flashbacks y pesadillas intensas que hacen revivir el trauma una y otra vez.

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Una culpa que puede llegar después

Aunque muchas personas presentan síntomas durante las primeras semanas posteriores al evento, estos pueden aparecer mucho tiempo después.

“Lo más habitual es que los síntomas aparezcan durante las primeras semanas o meses posteriores al evento traumático; sin embargo, en algunas personas pueden manifestarse años después”, señaló la doctora Patricia Arroyo.

¿Cómo ayudar a alguien cercano?

El acompañamiento del entorno puede marcar una diferencia importante durante el proceso de recuperación. El psicólogo Román Emiliani advierte que, aunque muchas frases buscan consolar, algunas pueden incrementar el sufrimiento.

“La revictimización (insistir una y otra vez en el evento traumático, buscar abiertamente teorías y explicaciones frente a la víctima o detrás de ella) imposibilita poder avanzar en una ruta que busque la estabilización del afectado. Mostrar lástima y sobreprotección alimenta la culpa, la vergüenza y la imposibilidad de esforzarse y avanzar”, aseveró.

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El especialista recomienda no minimizar el evento ocurrido y demostrar disponibilidad y empatía. “Mostrar empatía funciona muy bien en términos de ‘sabes que cuentas conmigo’ o ‘¿necesitas algo más?’”, señaló.

Asimismo, considera importante animar a la persona a retomar gradualmente sus actividades cotidianas, respetando siempre su propio ritmo de recuperación. Además, afirmó que sugerir asistir a terapia “invita a una nueva y mejor opción de abordar la situación, en vez de ‘deja al tiempo que se encargue de sanar las heridas’”.

Entre sus recomendaciones también se encuentran:

  • Evitar ver videos o escuchar audios alusivos a la situación.

  • No relacionar el evento traumático con la religión, la política o el azar.

  • Invitar a la persona a salir al aire libre, darle muestras de afecto (sin exagerar), escribirle y leerle breves inspiraciones personales.

Tratamientos

El acompañamiento psicológico y la psicoterapia son los pilares fundamentales para reestructurar estas ideas de culpa.

La psicóloga Virginia Torres mencionó algunas terapias con respaldo científico, como la terapia cognitivo-conductual, la terapia de aceptación y compromiso y el EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), además de la psicoeducación y el fortalecimiento de las redes de apoyo.

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“La intervención psicoterapéutica no busca eliminar el recuerdo traumático, sino ayudar a la persona a comprender que sobrevivir no constituye una falta moral y que puede reconstruir una vida significativa sin sentirse responsable de circunstancias que le escapaban por completo de su control”, afirmó.

Sin embargo, la doctora Ariadna González señaló que el paciente requiere intervención psiquiátrica inmediata cuando existen criterios de gravedad como:

  • Riesgo suicida activo.

  • Síntomas psicóticos o disociativos severos.

  • Desarrollo de un episodio depresivo mayor incapacitante.

  • Abuso de alcohol o benzodiacepinas como mecanismo para intentar “apagar” los recuerdos intrusivos.

La psiquiatra también indicó que, en estos casos, puede ser necesario recurrir a medicamentos como complemento de la psicoterapia.

Por su parte, la psiquiatra Patricia Arroyo recordó que, en Panamá, las personas pueden acudir a los centros de salud, policlínicas o instalaciones hospitalarias que cuentan con servicios de salud mental para recibir evaluación y tratamiento por profesionales especializados.


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