La novela histórica Relatos Bicentenario 1821, del escritor Andrés Villa, incluye seis narraciones que transcurren en el Istmo de Panamá durante 40 años en la mitad del siglo XIX.
La historia comienza con los eventos del contrabando colonial en 1816, mientras que el segundo capítulo versa sobre la invasión británica a Portobelo en 1819.
La independencia de Panamá de España en 1821 y la posterior unión a Colombia es el temas en el que se basa el tercer capítulo, y el cuarto aborda los problemas que ocurrían en la Gran Colombia entre Simón Bolívar y sus opositores, que tuvieron su repercusión en Panamá.
Los dos últimos capítulos se centran en la época del ferrocarril y el papel de los tratados de Estados Unidos en la historia nacional.
En sus relatos, Villa se vale de licencias literarias y de la mezcla de personajes históricos como elementos principales, y al mismo tiempo que refuerza su narración con la invención e incorporación de personajes ficticios, firmemente apuntalados con detalles de la época que son verosímiles e históricos.
“El uso de personajes me permite expresar sentimientos y mostrar los dos lados de la sociedad de la época que estaban dentro de las murallas en San Felipe y afuera en el arrabal de Santana. El lector conocerá mejor a Mariano Arosemena y al general Fábrega; la aparición del periódico La Miscelánea y cómo las ideas liberales y la figura de Bolívar fueron claves para romper los lazos con el absolutismo español. Se menciona a Rufina Alfaro y a próceres como Villarreal y Miró, y sus sencillas proclamas que propiciaron el Primer Grito de Los Santos”, describió el autor.
Otros personajes históricos que figuran son el general Alzuru, Tomás Herrera, Buenaventura Correoso y Justo Arosemena. “Ellos en 1855 eran muy jóvenes, pero hacían historia”, agregó.
A su juicio, la literatura es una buena herramienta para contar la historia y, en tal sentido, precisó que los seis relatos del libro se entrelazan a través de un hilo conductor aportado por personajes ficticios como , Andrés el contrabandista; Candita la esclava negra liberada; Monaguillo, un negro santanero que sabe leer y escribir y es un analista crítico de los acontecimientos; y Serapio, que por su trabajo de aguatero representa un vínculo entre las dos partes de la ciudad. “Luego, hay otros [perrsonajes] como la esposa blanca de un comerciante que nos muestra pícaramente sus opiniones, costumbres, comidas y modos de celebrar”, dijo.
Una narración que está sujeta por el respeto al sentido histórico de la época y que revitaliza el pasado con una proyección realista, afirmó Villa.
“En mi obra sobresale el carácter popular, que es reflejo de la realidad social y los grupos que la forman. Preferencia por personajes cuya

