Durante años se ha repetido que en países del trópico como Panamá no hay asesinos en serie, que esos casos pasan en otros países, en documentales y que las historias de true crime no podrían estar basadas en el suelo patrio. Sombras en el Istmo: tras la mente de un asesino parte justamente de cuestionar esa idea.
El libro reconstruye los casos de mujeres desaparecidas en Chiriquí y analiza los patrones de conducta de su asesino, a quien se le conocía como alias Chungo, a quien la autora, Ivonne Peña, considera el posible segundo asesino serial panameño.
“Son hechos reales, casos reales, mujeres reales”, explicó a La Prensa durante una entrevista en la Feria Internacional del Libro de Panamá, en donde reveló, además, que la investigación le tomó entre cuatro y cinco años, aunque señaló que su relación con los casos comenzó mucho antes.
Contó que, mientras las desapariciones estaban ocurriendo, ella, sin saber en lo que se convertiría, utilizó sus redes sociales para compartir sus fotografías y pedir apoyo para encontrarlas. Con el tiempo, empezó a notar que había algo que no cuadraba.
Mientras algunas versiones apuntaban a que las mujeres podían haberse ido con parejas, salido del país o simplemente decidido empezar de nuevo, con el paso del tiempo, Montero siguió pendiente de los casos y empezó a considerar que podía existir una posible serialidad.
Tiempo después, señaló, las investigaciones finalmente empezaron a apuntar hacia una misma persona.
La autora, quien es además abogada penalista y exfiscal, explicó que para construir el libro revisó carpetas del Ministerio Público, sentencias judiciales, publicaciones en medios de comunicación y otros datos recolectados durante los años en que dio seguimiento a las desapariciones.
Además, reveló que viajó a Chiriquí para buscar las sentencias relacionadas con alias Chungo y confirmar los casos por los que había sido condenado.
Tres condenas y un caso anterior
De acuerdo con lo explicado por la autora durante la entrevista, el acusado tiene condenas vinculadas a los casos de Anabel, Viviana y Astrid. También menciona el caso de Verónica, ocurrido en 2012. Sobre este último, aseguró que, hasta donde conoce, no existe una condena.
La autora señala que entre las víctimas existían elementos en común que probablemente las hizo más susceptibles: eran mujeres en condiciones de vulnerabilidad, atravesaban necesidades económicas y buscaban oportunidades de trabajo.

También señala que encontró patrones similares en la forma en que eran captadas y en el comportamiento del agresor después de la agresión. De hecho, uno de los elementos que destaca en su investigación es cómo los celulares de las víctimas terminaban en manos de familiares cercanos del verdugo.
¿Por qué se considera asesino en serie?
Peña explica que el haber cometido varios homicidios no convierte de forma automática a una persona en un asesino en serie y menciona que entre los elementos que se analizan están el llamado “periodo de enfriamiento”, el modus operandi y la denominada “firma”.
El periodo de enfriamiento, explicó, es el tiempo que transcurre entre un crimen y otro. Durante ese espacio, la persona puede regresar a su entorno cotidiano, relacionarse con vecinos y conocidos y continuar con una vida aparentemente normal.
En el caso de Panamá, identifica a Silvano Huerta, cuyos crímenes se remontan a la década de 1970, como el primer asesino serial del país. Sobre Atencio, insiste en que, a partir de su investigación, considera que podría encajar dentro de ese perfil.
También reconoce que esa clasificación no ha sido establecida oficialmente. “Falta mucha docencia, falta mucho conocimiento”, señaló.
Prevención, no morbo
Aunque Sombras en el Istmo aborda desapariciones, violencia sexual y homicidios, su autora asegura que no buscó construir la historia desde el morbo. Señaló que su verdadero objetivo es informar y prevenir.
Para ella, conocer patrones de comportamiento y aprender a identificar señales puede convertirse en una herramienta de protección. “Informarse es protegerse”, resume.


