Pocas cosas evocan tanta libertad como el mar. Su amplitud, su aparente carencia de fronteras y su indiscutible incompleto dominio por parte del hombre, lo hacen una ruta que evoca a la aventura. Ahora, si esa travesía la hace a bordo de un clíper del siglo XIX la experiencia sencillamente cambia drásticamente.
Y aunque suene a un viaje poco probable por hacer, casualmente hace unas semanas por las aguas panameñas descansó brevemente el Clipper Stad Amsterdam. Una embarcación de lujo, proveniente de Países Bajos, no solo para pasajeros, sino también un espacio para que los jóvenes (entre 18-27 años), puedan operar, navegar el buque y así adquirir habilidades blandas que les servirá en el mundo laboral.
Este diario tuvo la oportunidad de conversar con parte de la tripulación para descubrir secretos, experiencias y cómo se enriquecen de esta oportunidad. Como es el caso de Tim, departamento de hostelería, quien comenzó a trabajar en el barco gracias a un viaje juvenil en 2021 de Burdeos a Lisboa, y continúa siendo parte de la tripulación.

¿Podrías hablarnos un poco más de estos proyectos juveniles?
Tim: Una o dos veces al año organizamos viajes para jóvenes. La mitad del grupo suele venir por el municipio de Ámsterdam, así que se trata de jóvenes que quizá proceden de familias de adopción o que tienen dificultades en casa. Ese tipo de jóvenes quizás son un poco menos privilegiados. Y la otra mitad viene de Randstad, así que pueden ser hijos de socios de Randstad o padres que han comprado una plaza en la subasta de KNRM. Tratan de hacer una combinación de ambos mundos, para que interactúen juntos, aprendan unos de otros, y qué mejor lugar para hacerlo que en un barco. El año pasado también tuvimos uno con niños discapacitados, sí. Tuvimos niños ciegos a bordo, niños con dificultades auditivas, de todo tipo. Al principio teníamos cuidado, pero fue realmente impresionante que al cabo de dos días supieran moverse por el barco.
¿Podrían hablarnos de las habilidades sociales que se aprenden en el barco?
Sune Blinkenberg (Capitán del Clipper Stad Amsterdam): En un barco como este, lo bonito de esto, es que tenemos una pequeña comunidad. Así que cuando nos hacemos al mar, tenemos todo con nosotros. No podemos conseguir nada del exterior, no podemos pedir nada por teléfono. El barco está operativo las 24 horas del día, así que como sociedad es tan obvio que si nadie cocina la comida, nadie come. Si nadie friega los platos, entonces no tenemos platos para la próxima vez. Si nadie gobierna el barco, no vamos a ninguna parte. Si no izamos velas ni recogemos velas, no nos movemos. Tenemos todas estas rutinas que pueden parecer complejas, pero cuando llevas un día aquí todo tiene sentido. Así que sobre todo para los jóvenes, donde sin duda también puedes ver tu lugar en la comunidad. Si no estás haciendo tu parte, porque este lugar trabaja principalmente en equipo. Si una persona no puede tirar de las cuerdas por sí sola, necesitamos ser un equipo y estar coordinados. El funcionamiento básico del barco te invita a conocer tus propias capacidades. Subir al mástil también es una primera experiencia, pero en cuanto conoces a tu equipo y aprendes sobre este equilibrio juntos, con qué estoy contribuyendo aquí. No podemos hacer lo mismo con todos, pero una vez que la vela está en marcha y aprendes lo que estás aportando. Especialmente para los jóvenes, estos barcos tienen un gran impacto, como las habilidades sociales, para responder a preguntas como: ‘quién soy yo?’, ‘dónde encajo en una sociedad?’, y la importancia de que todos hagamos nuestra parte y que todos funcionemos.
¿Cómo es trabajar en un barco con jóvenes de diferentes países y qué se aprende de ello?
Floris (oficial jefe, encargado de recursos humanos y de todo lo relacionado con las autoridades): Tenemos diferentes nacionalidades, de momento hay holandeses, daneses, británicos, finlandeses, españoles, australianos, sudafricanos, canadienses, polacos. La mayoría son europeos, pero somos una tripulación multinacional. El idioma a bordo también es el inglés. Es interesante, la gente viene de culturas y orígenes diferentes y lo hacéis funcionar juntos.
¿Tiene algún ejemplo concreto de un caso o situación que realmente le haya ayudado, algo que haya aprendido a bordo, después en su vida? ¿Algo que le abriera los ojos?
Marleen (responsable de hostelería): Para mí, algo que aprendí trabajando también en otros barcos, son las habilidades sociales aquí. Tus compañeros son tus colegas, tus amigos y tu familia al mismo tiempo. Y eso es algo que está muy bien delimitado. Es muy difícil de encontrar en otro sitio. En los cruceros más grandes en los que trabajé antes, la línea es más clara. Aquí es fantástico ver cómo cada uno encuentra su sitio. Para mí es algo que todavía estoy aprendiendo, pero si miro atrás, a cuando empecé aquí, pienso que no soy una persona diferente, pero lo llevo de otra manera, he visto una faceta diferente de mí que funciona aquí.
¿Hay algo que aun realmente quiera compartir? Ahora hay espacio para ello.
Bart: Los lectores del periódico deben saber que trabajar en este barco o en este tipo de barcos no es un sueño lejano. Si te pones en acción. A veces solo estas a un email de cumplir el sueño.
¿Los panameños pueden aplicar para trabajar en el barco?
Sune Blinkenberg: Todos pueden aplicar. La tarea que nos hemos propuesto en esta gira, en nombre de Randstad, también a la luz de covid-19 donde todos estábamos separados, tenemos el objetivo de conectar y reconectar. En varias ramas, así que en esa esencia, si quieres unirte, puedes. O si quieres intentar navegar a Tokio, o si tienes algún negocio por el mundo, siempre puedes mirar en nuestra página web y ver si estamos allí, si tenemos eventos a bordo. También puede navegar como invitado, o Panamá es uno de los mayores registros de transporte marítimo del mundo, así que si es un marino y quiere venir a trabajar aquí también es una opción. Somos un mundo de oportunidades.

