Cada año, las playas de Panamá reciben la visita de miles de tortugas marinas que regresan para anidar en el mismo lugar donde nacieron. En el país habitan cinco de las siete especies de tortugas marinas existentes en el mundo. Sin embargo, el cambio climático, la pesca incidental y el saqueo de huevos continúan amenazando su supervivencia.
De acuerdo con el Ministerio de Ambiente (MiAmbiente), en 2025 se liberaron más de 340 mil tortugas marinas. De esta cantidad, 17,321 correspondieron a las costas del Caribe y 327,525 al Pacífico. Además, hasta el año pasado se registró anidación en 21 playas del país.
Las especies que anidan en nuestras playas son: la lora o golfina, la carey, la canal o baula, la caguama o boba y la verde o prieta.
La presencia de estas especies convierte a Panamá en un sitio estratégico para su conservación, ya que las costas son utilizadas para la alimentación, migración y anidación.

De acuerdo con Robert Shahverdians, de la organización Tortugas Pedasí, dedicada a la conservación de tortugas marinas, cuando inició su labor hace 14 años “no había ningún registro aparte de isla Cañas y playa La Marinera en todo el Pacífico panameño”.
El conservacionista explica que, aunque las tortugas anidan en distintas playas del Pacífico, durante muchos años no existieron registros sobre este proceso.
Advierte sobre la importancia de conocerlo y conservar esas zonas, ya que, algunas especies recorren miles de kilómetros a través del océano antes de regresar a las playas donde nacieron para depositar sus huevos, un comportamiento conocido como filopatría.
Este fenómeno hace que la conservación de las playas de anidación sea fundamental. Si estos sitios se degradan por la erosión costera, el desarrollo urbano, la contaminación o el aumento del nivel del mar, las tortugas pueden perder los lugares donde históricamente completan su ciclo reproductivo.
Shahverdians asegura que distintas organizaciones vienen trabajado para ampliar el conocimiento sobre otras playas que son utilizadas por estas especies. Como resultado, actualmente existe una red integrada por 11 organizaciones en el Pacífico y entre cuatro y cinco en el Caribe.
Además del monitoreo de las playas, estas organizaciones recopilan información sobre las tortugas marinas. Durante cada temporada, los animales son medidos, identificados con placas, se contabilizan los nidos y, cuando es necesario, estos son trasladados para aumentar las posibilidades de supervivencia de las crías.

Toda esa información —añade— es entregada anualmente al Ministerio de Ambiente y sirve para dar seguimiento al estado de las poblaciones de tortugas marinas en el país. No obstante, considera que las organizaciones requieren un mayor respaldo para fortalecer las labores de conservación y monitoreo que realizan en las playas.
Para el conservacionista, el saqueo y la venta de huevos ya no son las únicas amenazas para estas especies. Hoy enfrentan, además, desafíos como el cambio climático, que provoca la pérdida de playas de anidación, el aumento del nivel del mar y cambios en la temperatura de la arena, factores cruciales para que la anidación se desarrolle con éxito.
A ello se suman la pesca incidental, la contaminación y la presencia de depredadores, como los coyotes. Según Shahverdians, este animal llegó a la península por la pérdida de su hábitat y, en los últimos años, ha aprendido a saquear los nidos de tortugas para alimentarse.
Mientras las tortugas marinas enfrentan amenazas cada vez más complejas en las costas panameñas, el país se prepara para asumir un papel protagónico en su conservación. En 2028, Panamá será sede de la XIII Conferencia de las Partes (COP13) de la Convención Interamericana para la Protección y Conservación de las Tortugas Marinas, un encuentro que reunirá a gobiernos, científicos y organizaciones para definir estrategias frente a desafíos como el cambio climático, la pesca incidental y el comercio ilegal de la especie.

