No hay planos, arquitectos ni obreros. Solo un garaje en el Balboa, distrito de Panamá, convertido en taller, decenas de recipientes de pintura, fotografías centenarias abiertas en una tablet y cientos de pequeñas piezas esperando encontrar su lugar.
En ese espacio, el práctico del Canal de Panamá Andrew Efthimiadis trabaja casi a diario en una obra que espera culminar dentro de dos años: una gigantesca recreación, a escala 1:87, de la construcción del Canal de Panamá.
La Prensa recorrió el lugar donde comienza a levantarse este proyecto, que se espera que ocupe 45 metros de largo por 2.5 metros de ancho y que busca convertirse en una experiencia museográfica para que visitantes comprendan cómo fue abrir una vía interoceánica, con el esfuerzo de miles de trabajadores de diversas nacionalidades.
Lo que hoy se observa apenas representa alrededor del 15% del proyecto completo. Sin embargo, cada detalle revela el nivel de investigación detrás de la obra: locomotoras de vapor, casas de obreros, talleres, campamentos y montañas esculpidas a mano reproducen el paisaje que existía entre Pedro Miguel, Paraíso y el Corte Culebra durante los años más intensos de la construcción, entre 1908 y 1913.
“Si alguien quiere ver el Canal lleno de agua puede ir a las esclusas”, comenta Efthimiadis, mientras señala la maqueta. “Lo que quiero enseñar aquí es el sacrificio que permitió construirlo”, añade.
Canal de Panamá
Andrew Efthimiadis lleva 29 años como práctico del Canal. Su trabajo consiste en conducir enormes buques por una de las rutas marítimas más importantes del mundo. Sin embargo, asegura que mientras guía esas embarcaciones no puede evitar pensar en quienes excavaron, con recursos muy distintos, el paso por donde hoy navegan.
“Ese sacrificio no puede darse por hecho. Tenemos que recordar a la gente que estuvo aquí antes que nosotros”, afirma Efthimiadis, nacido en la Zona del Canal.
Desde septiembre del año pasado comenzó una investigación que lo ha llevado a revisar miles de fotografías, planos y documentos históricos conservados por la Autoridad del Canal de Panamá. Durante meses ha consultado la bóveda digital del Canal, lugar donde encontró desde mapas topográficos hasta planos de campamentos, sistemas de agua potable, escuelas y viviendas, entre otros.
“Cada cosa que puedas imaginar fue documentada. Todo está escaneado”, resalta. Gracias a ese material reconstruye cada edificio exactamente donde existió hace más de un siglo.
Un homenaje a quienes hicieron posible el Canal
Aunque la maqueta reproduce locomotoras, excavadoras y montañas, Andrew insiste en que el verdadero protagonista no es la ingeniería, son las personas. Especialmente los miles de trabajadores afroantillanos que participaron en la excavación.
Indica que cuenta con la colaboración de la Fundación Afrocaribe, organización dedicada a rescatar la memoria de esos trabajadores, muchos de los cuales murieron durante la construcción.
“Para mí, el sacrificio afrocaribe fue el más fuerte. Fueron quienes soportaron las peores condiciones”, dice, durante el recorrido. Ese componente humano es precisamente el que espera transmitir cuando el proyecto abra sus puertas.
“No quiero que la gente solamente admire una maqueta bonita. Quiero que salga entendiendo el esfuerzo que hubo”, agrega.
Un museo en miniatura
El proyecto está inspirado en Miniatur Wunderland, en Hamburgo (Alemania), considerado el mayor ferrocarril en miniatura del mundo.
No obstante, Andrew quiere darle identidad panameña. La idea es que los visitantes no solo observen una maqueta, sino que sientan que viajan al Canal de hace más de un siglo. “Quiero que vean la selva, el calor, la cantidad de tierra que había que mover, los trenes funcionando, todo”, explica.
Cuando esté terminado circularán decenas de trenes transportando material, tal como ocurrió durante la construcción del Canal. Cada árbol, cada roca y cada vivienda serán colocados de forma manual.
Hoy la maqueta ocupa parte del garaje de su casa, donde solo cabe una fracción del proyecto. El resto deberá esperar hasta encontrar una sede permanente.
“Generalmente primero se consigue el espacio y después se construye. Yo hice exactamente lo contrario”, comparte, entre risas.
Su meta es inaugurarla en julio de 2028.Mientras tanto, seguirá dedicando horas, prácticamente todos los días, a colocar árboles, investigar documentos históricos y construir pequeñas casas de trabajadores. Porque, como repite varias veces durante la conversación, esta no es una maqueta sobre la vía acuática. Es una maqueta sobre las personas que hicieron posible el Canal.
