Una aprendiz llamada Luz

Una historia de formación, mérito y liderazgo femenino en el Canal de Panamá.

Una aprendiz llamada Luz
Luz E. Santamaría de Meneses pronunciando el discurso de honor en la graduación de Aprendices de la Panama Canal Commision de 1982 (Fuente: The Panama Canal Spillway)

Durante más de un siglo, millones de personas han abierto un grifo en la ciudad de Panamá sin preguntarse demasiado de dónde viene el agua ni quiénes han hecho posible que llegue hasta allí.

Detrás de ese gesto cotidiano hay instalaciones, tecnología y, sobre todo, personas. Una de ellas fue Luz E. Santamaría de Meneses.

Su historia aparece dispersa en publicaciones del antiguo Canal de Panamá. Dos documentos, separados por casi dos décadas, permiten reconstruir una trayectoria profesional que merece ser recordada.

En el primero, Luz todavía no dirigía una planta. Era una aprendiz.

A comienzos de la década de 1980, la Escuela de Aprendices de la Comisión del Canal de Panamá graduaba una nueva promoción de artesanos. El programa tenía una larga historia: había comenzado en 1908 y, según explicaba entonces el subadministrador Fernando Manfredo Jr., durante sus primeras décadas el ingreso había estado reservado casi exclusivamente a estadounidenses.

La situación comenzó a cambiar después del Tratado Remón-Eisenhower de 1955 y se aceleró con los Tratados Torrijos-Carter. Para 1981, señalaba Manfredo, se habían graduado 48 panameños y 27 estadounidenses. Aquella creciente presencia panameña era presentada por la propia Comisión como una manifestación de los cambios que experimentaba la fuerza laboral del Canal.

Es en ese contexto donde aparece Luz E. Santamaría de Meneses.

El artículo la identifica como mecánica instrumentista de la División de Mantenimiento y señala que fue escogida para hablar en representación de los graduados por haber obtenido el índice académico más alto.

Su discurso resulta revelador. Luz agradeció la oportunidad que la Escuela de Aprendices ofrecía a panameños y estadounidenses de trabajar juntos y conocer sus respectivas culturas. También exhortó a sus compañeros a no “dormirse sobre sus laureles” y a considerar la graduación no como un punto de llegada, sino como un trampolín hacia nuevas metas.

Sus palabras terminarían siendo casi proféticas.

Una aprendiz llamada Luz
Luz E. Santamaría de Meneses con su personal de la planta de Miraflores. (Fuente: The Panama Canal Spillway)

Años después, encontramos nuevamente a Luz en una publicación dedicada a la planta potabilizadora de Miraflores. Pero esta vez el cargo que la acompaña es muy distinto: superintendente de la planta.

No era una responsabilidad menor.

Inaugurada el 14 de marzo de 1915, la potabilizadora de Miraflores había sido concebida para abastecer de agua potable a las instalaciones del Canal en el Pacífico y a sectores de las ciudades de Panamá y Arraiján. Originalmente producía unos 17 millones de galones diarios. Para 1999, cuando Meneses estaba al frente de sus operaciones, la producción rondaba los 48 millones de galones por día.

Aquella planta de 84 años conservaba buena parte de su estructura original y seguía utilizando los principios fundamentales de tratamiento establecidos desde 1915: aireación, coagulación, sedimentación y filtración. Pero por dentro estaba cambiando.

Bajo la administración descrita por Meneses se reacondicionaban las paredes de las cámaras de sedimentación, se reemplazaban componentes del equipo de coagulación, se reparaban filtros y se renovaban las cámaras de mezclado.

La modernización también alcanzaba el cerebro tecnológico de la instalación. El sistema SCADA —Supervisory Control and Data Acquisition— permitía al personal vigilar y controlar alrededor de 3,000 puntos de operación: abrir y cerrar válvulas, encender y apagar bombas, controlar niveles de productos químicos y detectar anomalías durante la potabilización.

La antigua planta de 1915 se preparaba así para entrar al siglo XXI.

Pero resulta significativo que, cuando le preguntaron por el éxito de Miraflores, Meneses no pusiera el énfasis únicamente en máquinas, computadoras o tecnología.

Nuestro objetivo principal es darle a los consumidores, nuestros clientes, un agua de excelente calidad en todo momento”, explicaba. Y el artículo concluía destacando como factor fundamental a los trabajadores de la planta, unidos por una meta común: lograr que del grifo saliera siempre agua pura y segura.

No sorprende que, con el paso de los años, colegas panameños y estadounidenses terminaran llamándola informalmente “la dama del agua”. El apodo reflejaba mucho más que el cargo que ocupaba. Quienes trabajaron con ella recuerdan una atención permanente a cada aspecto de la operación: desde los procesos químicos y mecánicos que garantizaban la calidad del agua, hasta el mantenimiento preventivo, la formación de nuevos colaboradores y el cuidado de la propia planta. Para Luz, la excelencia no era una meta ocasional, sino una práctica cotidiana.

Vistos en conjunto, ambos documentos permiten apreciar la dimensión de su trayectoria.

En el primero vemos a una joven mecánica instrumentista recibiendo una formación especializada y diciéndoles a sus compañeros que la graduación debía ser apenas el comienzo de nuevas metas.

En el segundo, aquella aprendiz ocupa la superintendencia de una de las instalaciones más importantes para la vida cotidiana de la vertiente del Pacífico.

Entre ambas imágenes hay mucho más que un ascenso profesional.

Está también la transformación de una institución que durante buena parte del siglo XX mantuvo profundas diferencias entre trabajadores estadounidenses y panameños; la apertura progresiva de oportunidades para estos últimos; la transferencia de conocimientos y responsabilidades; y la preparación de una generación que terminaría asumiendo la operación del Canal.

La trayectoria de Luz de Meneses permite ponerle rostro humano a ese proceso.

Hoy, cuando abrimos un grifo y recibimos agua potable, rara vez pensamos en las cámaras de sedimentación, los filtros de arena, las bombas, los sistemas de control o las personas que durante las 24 horas del día hacen posible que ese servicio funcione.

Quizás por eso vale la pena recordar a una aprendiz que un día aconsejó a sus compañeros no dormirse sobre sus laureles.

Ella, evidentemente, siguió su propio consejo.

Y resulta oportuno recordarla precisamente ahora. El próximo 5 de septiembre, Ilya Espino de Marotta asumirá la administración de la Autoridad del Canal de Panamá, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo. Su designación constituye un nuevo hito en una historia que comenzó décadas atrás con mujeres que abrieron camino en áreas técnicas, operativas y de liderazgo dentro de la institución.

Una aprendiz llamada Luz
Ilya Espino de Marotta asumirá el cargo de administradora de la Autoridad del Canal el 5 de septiembre de 2026, para un período que termina en 2033. Archivo

Aunque siguieron trayectorias distintas dentro de la organización, las historias de Luz E. Santamaría de Meneses e Ilya Espino de Marotta tienen importantes puntos de encuentro. Ambas se formaron como ingenieras, ambas pasaron por el Programa de Aprendices de la entonces Comisión del Canal de Panamá y ambas llegaron a ubicarse entre las mujeres con mayor responsabilidad y autoridad dentro de la institución canalera.

Recordar hoy a quien muchos conocieron como la dama del agua es también reconocer a las mujeres que ayudaron a construir el Canal moderno y a hacer posible que, por primera vez en su historia, una mujer llegue a dirigir la institución.

El autor es creador de la cuenta @canalzonepty


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