Exclusivo

Una oda a los despojados

La versión 11 del IFF Panamá inicia mañana viernes y ‘Los reyes del mundo’ es una de las películas que integran la cartelera. Se proyectará el 3 (2:15 p.m.) y 4 de diciembre (7:00 p.m.), ambas en el Ateneo de la Ciudad del Saber.

Una oda a los despojados
El drama colombiano ha pasado por los festivales de Toronto, San Sebastián, Zúrich, Biarritz y Chicago. Cortesía/Juan Cristóbal Cobo

Con su ópera prima Matar a Jesús (2017), la directora colombiana Laura Mora Ortega aprendió una gran lección: no había razón de tener todas las respuestas a la hora de rodar su segunda película Los reyes del mundo (2022).

Su debut detrás de las cámaras le brindó sabiduría. “Me enseñó a aprender a abrazar la incertidumbre, y me liberó de la tiranía que puede ejercer cierto tipo de narración. Matar a Jesús ha significado un acto de liberación para acercarme de manera más profunda y compleja a las construcciones de imágenes”.

Matar a Jesús obtuvo una veintena de distinciones durante su periplo por los certámenes de medio planeta, entre ellos, en el Festival Internacional de Cine de Panamá (IFF Panamá), donde ganó la categoría Mejor Película Iberoamericana, cita que ahora llega del 2 al 4 de diciembre en su edición 11.

“¡Estoy muy emocionada de volver! Tuve los días más lindos junto a Natasha Jaramillo, la protagonista de Matar a Jesús, hace ya cinco años. ¡Fue inesperado y hermoso recibir ese premio! Estoy muy curiosa de ver cómo recibe el público Los reyes del mundo, acompañar las proyecciones y entablar un diálogo con la gente, que es lo más bello de los festivales. ¡En el IFF Panamá hay una calidez y una sensación de familia muy bonita!”, rememora la realizadora paisa.

A cuatro manos

Los reyes del mundo fue escrita por Laura Mora Ortega y María Camila Arias, cuando el guion estaba en su cuarta versión.

“Me pasa mucho que llego a un punto en los guiones en los que me atasco y este tenía una libertad estructural muy particular. Con María Camila conversamos sobre todas las ideas e imágenes que yo venía desarrollando hace casi tres años atrás. Me ayudó a ordenar la gramática de la película. Ella escribía una nueva versión, me la entregaba y yo escribía otra y nos hacíamos devoluciones. Ya en la recta final sí suelo coger el guión y volverlo muy propio antes del rodaje, pero siempre le consultaba todo, casi como una especie de oráculo. ¡Ella es sin duda de las personas más brillantes que he conocido, y me encantaría seguir colaborando con ella! ¡Surgió una amistad y un buen dúo en esta colaboración!”.

Medellín

Matar a Jesús y Los reyes del mundo tienen su epicentro en Medellín. Su manera de ver y entender la realidad de Colombia “está profundamente alterada por el hecho de crecer en Medellín, con la que tengo una relación muy visceral y entrañable, todos mis amores y dolores están depositados en este valle. En Matar a Jesús, la ciudad es la tercera protagonista de la historia. En Los reyes del mundo, en cambio, es el punto de partida y de huida, una ciudad que no ofrece un espacio, y nos lanza a la aventura del paisaje”.

Los reyes del mambo es sobre cinco jóvenes que sobreviven en las calles de Medellín y se trasladan al interior de su país cuando uno de ellos recibe un terreno heredado de su abuela muerta.

Matar a Jesús se desarrollaba en un paisaje urbano mientras que Los reyes del mundo pasa a un entorno más natural: el Bajo Cauca. Este giro le permitió a Laura otra enseñanza: “filmar el paisaje y sus tiempos, las implicaciones que ese cambio de ritmo implicaba en la manera como filmé. Significaba pensar qué particularidades tiene sobre la imagen cada uno de los momentos que se atraviesan: los climas, la neblina, el trópico caluroso, cómo afectaba la piel, cómo filmamos la presencia de lo desconocido”.

Los actores, como los personajes que encarnan, son urbanos. “Saben cómo moverse en la ciudad, pero el paisaje y sus dinámicas de violencia, su geografía accidentada y bella los puso en otro estado nuevo de contemplación y tensión”.

Esto definió cómo fue el abordaje visual con planos más abiertos y una cámara sobre soporte. “Luego la construcción de cada uno de estos oasis, estas pequeñas islas que se encuentran, que tenían la particularidad de estar siempre al límite de la realidad y el delirio. Esta no es una película en código enteramente realista y eso implicaba toda una construcción a nivel estético y conceptual”.

En términos de logística, fue fascinante y tenaz producir una road movie.

“El territorio donde filmamos tiene una profunda y compleja herencia de violencia, uno de los territorios más castigados por la historia del conflicto armado y esto tiene que ver con su excesiva riqueza en recursos naturales, que van desde el agua hasta el oro y la coca. Es una tierra de tesoros tristes, que ha sido disputada por todo tipo de intereses”.

Esto demandó del equipo una interlocución respetuosa con el ambiente y sus habitantes.

“Construir relaciones horizontales, acercarnos a los líderes sociales y culturales, que jamás nos sintieran como una invasión. Ese reto se convirtió en lo más hermoso del rodaje, las amistades que creamos en el camino y que nos acompañaban atravesar las complejidades de la carretera, del clima, de la vida”.

Puntos de partida

Varios actos azarosos dieron con el nacimiento de Los reyes del mundo. “Una profunda fascinación e intriga con ese territorio, que he atravesado muchas veces en carro desde que era niña. Había algo que siempre me llamaba la atención en esa carretera, esa belleza y esa tristeza que se siente, uno también siente la historia del país mirando al paisaje. Fue atravesando esa carretera cuando escribí las primeras tres frases de esta película”.

Segundo motivo. “Siempre he sentido que el punto neurálgico del conflicto colombiano tiene que ver con la posesión de las tierras. Muy pocos poseen demasiado, y se han apropiado ilegalmente y a la fuerza las tierras de los campesinos, que han tenido que huir”.

Igual influyó sobre la cineasta todas las conversaciones que mantuvo con chicos “que han tenido que nacer y crecer en situaciones adversas y en la periferia de la sociedad. Todos siempre me han manifestado su profundo deseo por tener un lugar en el mundo, simbólica y materialmente. Entonces sentí que, si a un chico que la sociedad siempre le ha negado algo, de repente le llega una carta del gobierno notificando la devolución de una tierra, era el hilo narrativo perfecto, una búsqueda por una tierra prometida y así hablar de lo que me inquieta: la búsqueda de un lugar, la violencia contenida en el paisaje, la explotación y apropiación de la tierra y construir una oda a los despojados, que son muchos en el mundo”.


Última Hora

  • 03:00 Quijano, el poder de un sueño Leer más
  • 03:00 El deber de contribuir  Leer más
  • 01:54 Colombia enfrentará a Ghana tras empatar con Portugal Leer más
  • 01:32 La maquinaria y rescatistas llegan a la zona cero de los terremotos de Venezuela  Leer más
  • 01:30 Los olvidados de río Indio Leer más
  • 01:15 ¿Aprenderemos algún día a reciclar? Leer más
  • 01:00 La langosta centroamericana: vigilar y prevenir más que infundir temor Leer más
  • 00:47 El rescatista mexicano de 80 años que atiende por tercera vez un desastre en Venezuela Leer más
  • 00:45 El avistamiento de cetáceos en Panamá Leer más
  • 00:42 Agroferias: puntos de venta para este lunes 29 y martes 30 de junio Leer más