El calor del verano no está siendo clemente con China. Con temperaturas que rondan los 34 grados, en ciudades como Beijing los transeúntes optan por ropa ligera, cargar botellas de agua y refugiarse bajo las sombras de árboles o sombrillas. Y, a veces, cuando no hay muchas personas cerca, bajan sus mascarillas.
Dan respiros profundos, secan el sudor, pero a pesar del clima el aire es fresco y sentirlo en el rostro siempre es agradable. Beben un poco de agua y se vuelven a colocar la mascarilla para continuar sus caminos. Y es que a diferencia de otros países donde las mascarillas son vistas como opresión, para los chinos son sinónimo de salud.
Las usan por voluntad propia, no por mandato. Y es precisamente ese pensamiento de bienestar social lo que ha hecho que las fuertes medidas tomadas por el gobierno chino para erradicar la covid-19 de sus calles sean acatadas por gran parte de la población con un sentimiento de responsabilidad por el bien común.
Constantes pruebas para covid-19, cuarentenas obligatorias al ser detectado positivo o al moverse entre provincias, son algunas de las medidas que hasta ahora China continúa implementando en su lucha contra la pandemia.
El uso de la tecnología
Quizás la medida más llamativa que se utiliza actualmente en China es la utilización de un código QR que muestra el estado de salud de la persona con relación a la covid-19.
Para obtenerlo, se debe descargar una aplicación llamada Health kit (en el caso de Beijing) y una vez registrado la app indicará su historial de vacunas, si presenta alguna condición anormal o si ha estado en contacto con personas que han presentado síntomas de covid-19.
Este código QR (con resultado negativo) es necesario para entrar a cualquier lugar en la ciudad. Desde comercios, parques, hasta edificios públicos o privados, incluyendo conjuntos residenciales.
Por ello, entre cada dos o tres días las personas deben realizarse una prueba bucal de covid-19 en los distintos puntos de control que se encuentran en toda la ciudad.
La mecánica es muy sencilla: las personas pueden dirigirse a cualquiera de estas cabinas de diagnóstico que encontrarán en prácticamente cualquier punto de la ciudad. Ya sea cerca de su residencia, trabajo, etc. Presentar su identificación e inmediatamente les realizarán el test, cuyo resultado se actualizará de forma automática en la aplicación.
El tiempo que tome realizar la prueba dependerá de la cantidad de personas delante suyo, pero el proceso en sí dura menos de un minuto.
Para algunas personas, como la estudiante universitaria Vanessa Lin, estas medidas son una forma de sentirse segura y proteger a su familia. “No lo vemos como algo malo, es simplemente una forma de proteger nuestra salud. No queremos que los casos vuelvan a subir y que más gente muera”, comentó, y aseguró que las pruebas simplemente se han vuelto algo cotidiano y que carecen de gran relevancia en su día a día, si se tienen en cuenta los beneficios.
Una vida normal
Actualmente, Beijing está tratando de retomar el ritmo de vida que la pandemia ha trastocado desde su aparición en el año 2020. Si bien las actividades que involucren gran cantidad de personas siguen vetadas, las calles de la ciudad rebosan de vida.
Los trabajos presenciales, las clases y el ocio se han retomado. Los restaurantes, centros comerciales, parques, bares, museos, lugares turísticos y demás sitios de entretenimiento tienen sus puertas abiertas para todos los visitantes.
Las personas salen, conviven, se divierten y mantienen ese peculiar semblante de alegría que parece caracterizar a los chinos.
Para ellos, la covid-19 no se ha ido, pero luchan juntos por erradicar a esta mortal enfermedad.

