La fiesta del fútbol tiene a medio mundo de cabeza. Millones de relojes llevan la cuenta atrás para el gran evento.
Pero múltiples obstáculos echan sombra sobre el espectáculo global que debía mostrar la mejor cara del gigante sudamericano, a los que ahora se suma el dengue.
Hay un coro de voces que critican la organización del torneo, dentro y fuera del país.
Muchos brasileños resienten y rechazan abiertamente el gasto de dinero que significa erigir estadios, tomando en cuenta que en este país, surcado de contrastes, muchos ciudadanos carecen de servicios públicos básicos. Ello sin entrar a analizar la vieja carga de altos impuestos y la corrupción que impiden que estos se traduzcan en bienestar.
Muchos de los fanáticos que están felices de ser los anfitriones de la Copa Mundial se sienten frustrados y furiosos por los altos precios de los boletos. La entada al partido inaugural está en 495 dólares para la “categoría 1”, 330 para la “categoría 2” y 220 para la “categoría 3” o si se es discapacitado). Para el partido final, los boletos cuestan 990 dólares para la “categoría 1”; 660 para la “categoría 2” y 440 para la “categoría 3”, o se es discapacitado.
Además los atrasos en las obras de los estadios que estarán listos apenas días antes de los partidos, tienen a los organizadores y a la propia FIFA en vilo.
Ahora, para colmos, científicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) han emitido una alerta de alto riesgo de la aparición de un brote de dengue en al menos tres de las 12 ciudades sede del Mundial: Fortaleza, Natal y Recife.
La OMS recuerda que Brasil ha reportado unos 7 millones de casos de dengue desde el año 2000.
No hay vacuna ni tratamientos realmente efectivos contra el dengue
