Eran las 10:00 a.m. de un jueves a principios de diciembre. La hora de visita en el Hogar Bolívar, en Juan Díaz.
Felícito Guerra Vega, de 82 años, es residente, tiene una camisa desgastada, sandalias y pantalón gris. Llegó de Chiriquí hace 60 años. “No tengo a nadie, estoy aquí solo...”. Antes de su vejez se dedicó a vender frutas y legumbres, pero en algún momento su mente dejó de funcionar correctamente.
En su rostro se nota que trabajó duro, se refleja cansancio, pero también ternura. Sin esposa y sin hijos es devoto de la virgen María –lo confirma la medalla que lleva en su pecho– hace 12 años llegó al hogar porque vivía en las calles. Un día recibió un disparo en una pierna y lo atendieron en el hospital. “Me he aclimatado al hogar; aquí han sido muy cariñosos conmigo”.
Mientras la mayoría de los panameños planifica el menú de Navidad y hace las últimas compras de fin de año o eligen la playa a la que irán el 1 de enero, la realidad no es la misma para todos. Felícito es tan solo uno de los miles de ancianos que viven en abandono en el país.
Algunos son buscados por sus familiares durante los días festivos; sin embargo, hay otros que jamás son visitados.
Rosa Laniado tiene 80 años y fue abandonada por su padre cuando tenía ocho meses de nacida. La dejaron en la casa Santa Familia en el Casco Antiguo. Rosa aparenta tener su mente clara, pero cuando habla se nota que no es así. Nadie la visita. “He vivido mi vida entera con las hermanas”, cuenta.
Retazos de recuerdos vienen a su mente. “Nunca me casé, tampoco me junté con nadie, ni tuve hijos...”, afirma. Con su vestido de flores azules con blanco y su cabellera blanca, mira al horizonte y confiesa que le gusta vivir en el hogar y que disfruta con el personal del asilo en esta época y también de las visitas y actividades de las personas de buen corazón, que a pesar de que no son sus familiares, se acercan al asilo para hacer obras sociales.
En el Hogar Bolívar hay 106 varones y 104 mujeres. Los menores tienen más de 60 años y la mayoría tiene 80. “Solo atendemos ancianos, por más que supliquen... no hacemos ingresos de pacientes menores”, afirma Batista.

