La lista para la Corte Suprema de Justicia

La lista para la Corte Suprema de Justicia
La lista para la Corte Suprema de Justicia

No pretendo comentar acerca de la lista corta de los 10 nombres de panameños y panameñas seleccionadas para ser considerados para dos magistraturas en la Corte Suprema de Justicia. Solo me permito comentar que me parece justo y adecuado que exista igual número de aspirantes hombres y mujeres. En mi “polla”, de mis 10, pude sacar tres nombres correctamente.

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Este proceso es novedoso y por supuesto tiene una larga curva de aprendizaje. Los panameños desconfiamos de todo y había quienes apostaban a que Kenia (Porcell) y algún otro favorito estarían en la lista. Esa fue una de las sorpresas más agradable. La otra, buena noticia, fue la cantidad de candidatos y candidatas de muy buen nivel que representaban a la academia, los litigantes, los investigadores, los juristas y al propio Poder Judicial.

En tiempos normales y ordinarios, la lista de los 10 sería posiblemente el listado más apropiado para la Corte Suprema de Justicia. Sin embargo, no vivimos en tiempos normales. Estamos dentro de un cambio de época que, a su vez, requiere un cambio de paradigma de la justicia panameña.

No me refiero exclusivamente a los casos de alto perfil, los cuales en dos o tres años habrán dejado los tribunales. Por el contrario, mi preocupación es la concepción misma de la justicia. Desde la mora judicial que tiene secuestrados a más de 10 mil personas en las cárceles panameñas hasta la impunidad e indefensión que los habitantes de este país debemos sufrir frente a todo tipo de abuso del poder público y privado. Además, están las complejidades de las nuevas realidades de Panamá y el mundo. Temas como la función ambiental de la propiedad privada, el cambio climático y el efecto que las decisiones judiciales tienen sobre las instituciones y el bienestar público, el nuevo entorno de un Canal ampliado y el rol que Panamá ocupa en la economía global.

Todos los temas mencionados anteriormente y numerosos otros desafíos legales, políticos y sociológicos reclamaban otro perfil de candidatos y candidatas a la Corte Suprema de Justicia. Los ciudadanos necesitamos paladines de la justicia y de los Derechos Humanos, a la vez que tenemos que reconocer que la jurisprudencia panameña de los últimos años es en verdad mediocre. Esto no es culpa de la gran mayoría de valiosos funcionarios judiciales y agentes del Ministerio Público. Esto es el resultado que la clase política panameña se afanó en obtener de la Corte Suprema y del Ministerio Público.

Un primer paladín de la justicia es el abogado Víctor Martínez quien, contra viento y marea, se echó encima el caso del autobús de La Cresta y lo ha llevado a tribunales internacionales, buscando evitar la indefensión de las víctimas y familiares de esta catástrofe.

Otro paladín de la justicia es Santander Tristán, discípulo del Padre Héctor Gallego y activista por los derechos de la tierra, defensor quijotesco de múltiples causas y litigante ante tribunales internacionales, donde ha obtenido importantes victorias.

La doctora María Roquebert, jurista e intelectual de carta cabal, con un conocimiento profundo de las políticas públicas, los Derechos Humanos, y las temáticas de familia y vulnerabilidad social en Panamá. Seguramente su intelecto habría inyectado adrenalina a los razonamientos jurídicos y sociales de los fallos de la Corte Suprema de Justicia.

Judith Cossú, abogada defensora de oficio, quien probablemente ha defendido más personas en la historia de Panamá que ningún otro abogado. Si alguien sabe del costo humano de la mora judicial y a su vez entiende el enorme peso de los errores y actitudes inhumanas del sistema de justicia, tiene que ser Judith Cossú. Su contribución a las cortes y tribunales panameños ha consistido en darle valor al debido proceso, trabajando con las uñas y llevarle un poco de justicia a la gente más desfavorecida que uno pueda conocer en este país.

Estos cuatro paladines seguirán contribuyendo con un Panamá mejor. Con su decencia y compromiso continuarán construyendo una sociedad más justa. El país se los merece a ellos y a otros más, como magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Todavía hay esperanzas que en futuras convocatorias sus perfiles sean los rostros de la justicia en Panamá.


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