Blogoterapia Blogoterapia

24 oct El síndrome de Chile

Temas:

Chile era el modelo para América Latina mucho antes del golpe de Pinochet y ahora experimenta siete días de violentas protestas. Chile era el modelo para América Latina mucho antes del golpe de Pinochet y ahora experimenta siete días de violentas protestas.
Chile era el modelo para América Latina mucho antes del golpe de Pinochet y ahora experimenta siete días de violentas protestas. AFP

Se nos descuadernó el modelo. Para cualquiera que haya participado en una charla, taller, seminario, curso o debate sobre las políticas públicas en América Latina en los últimos 15 años, debe recordar cómo después de exponer las insuficiencias o los errores de tal o cual política pública, el o la conferencista terminaría diciendo algo así: “Mientras que en Chile, lo hacen así o asa”.

Nadie puede alegrarse de la tragedia de otro pueblo latinoamericano. Chile tiene unos 200 años de hermandad directa y de solidaridad con Panamá. En 1818, los chilenos trataron de ayudar a nuestra independencia de España, con un pequeño destacamento en la isla de Taboga.

La construcción del ferrocarril, y luego la del Canal de Panamá, acabaron con buena parte de la economía del sur de Chile, el glorioso puerto de Valparaíso dejó de ser lo que fue. Por décadas Chile educó a nuestros educadores, y les enseñó a pensar a muchísimos panameños en sus aulas universitarias.

Además, en el Instituto Nacional, en la Normal Juan Demóstenes Arosemena y en la propia Universidad de Panamá, los profesores chilenos dejaron una marca indeleble e inolvidable. Para aquellos que no lo saben, la galardonada con el premio Nobel, la poetisa Gabriela Mistral, compuso una tamborera cuando visitó Panamá, y Pablo Neruda, escribió un poema sobre nuestra lucha canalera.

Chile era el modelo para América Latina mucho antes del golpe de Pinochet. Chile reconstruyó su infraestructura varias veces en el siglo XX, después que devastadores terremotos la sacudieron. En los años de 1970, Panamá recibió a un puñado de exiliados chilenos que enriquecieron nuestra cultura en todas las ramas y disciplina del saber. Le debemos mucho a Chile.

Precisamente por lo anterior, la reflexión sobre la coyuntura chilena no puede ser emprendida a la ligera, ni con las categorías provenientes de los espacios comunes. Lo que ocurre en Chile es mucho más grande y grave que lo que nos atrevemos a pensar. En Chile se están manifestando los primeros síntomas de una enfermedad crítica y crónica de América Latina: el extractivismo.

Toda América Latina y el Caribe, y por extensión la mayoría del tercer mundo, son economías caracterizadas por una gran dependencia de la explotación intensiva de los recursos naturales y la mano de obra barata. Uno puede listar las exportaciones chilenas: cobre, vinos, madera, frutos del mar, manzanas, uvas y así sucesivamente.

Chile cuenta con un poderosísimo sector financiero con inversiones en Panamá y se luce con una industria de alta tecnología. Sin embargo, el grueso de su economía es extractivista. Como lo es la nuestra, la de Cuba, Venezuela, Argentina o Brasil, por ejemplo.

Hay países Latinoamericanos y caribeños cuya principal exportación son los seres humanos. Pensemos que 25% de la población cubana, salvadoreña o dominicana vive en Estados Unidos y Europa. El país más industrializado de América Latina, México , es ingobernable debido a esa otra gran exportación latinoamericana llamada cocaína.

En los últimos 25 años, los países latinoamericanos se aprendieron de memoria el librito del crecimiento económico, y la ortodoxia de las políticas públicas. Panamá ha tenido 17 años de vacas gordas, esbeltas y obesas. Todo a punta de deuda, magaproyectos y especulación inmobiliaria. Nuestros gobiernos saben crecer, pero no saben generar prosperidad democrática.

Por eso es que lo de Chile es tan serio. Ese país hizo todas las tareas, las entregó a tiempo y hasta se quedó en clases después de hora para hacer más trabajo. Chile nos demuestra que el problema latinoamericano es estructural y sistémico.

La exportación de materias primas baratas, recursos naturales simples, y mano de obra regalada, no está creando prosperidad. Está concentrando la riqueza y agravando la desigualdad.

Los 10 mil millones de dólares que el Estado panameño invirtió en la ampliación del Canal de Panamá y en las dos líneas del Metro, crearon mucho empleo en el sector de la construcción, y aumentaron el precio de las viviendas. No redujeron la desigualdad porque se concentró más la riqueza.

Chile es en muchas categorías el país más caro de América Latina, cuando ocupa el segundo lugar, usualmente lo hace porque viene detrás de Panamá. Si en una economía tan competitiva, mucho mejor educada y mucho menos corrupta que la panameña, ha pasado lo de la última semana, entonces que nos esperará a nosotros.

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.