De alguna manera, la novela Desde Malika Nasli (la presenta hoy en Atlapa, a las 5:00 p.m.) tiene que ver con la migración de Sarita Romano, de origen venezolano y residente en México desde hace más de 20 años.
A diferencia de Juliette, la protagonista, la de esta escritora fue voluntaria. “Al principio me hacían falta mis afectos y encajar me producía dolor. Pero pasó. Un buen día me dije: ‘soy de aquí y soy de allá”.
Aunque hay otro factor significativo sobre la historia de una mujer que pasa su infancia en Egipto y que se traslada al Líbano de adulta. “Cuando supe que soy la cuarta generación de mujeres que emigró a la misma edad, entendí que las migraciones familiares me habían transferido una huella de nostalgia”.
-¿Qué expectativas tiene de asistir a la Feria del Libro de Panamá?
La Feria me ofrece un espacio para dialogar con el público, volver a casa llena y continuar escribiendo.
-De acuerdo con su parecer, ¿qué funciones tiene una Feria del Libro?
Es una invitación para enamorar a los lectores, seducirlos con libros y con cultura.
-¿Hizo algún tipo de trabajo de campo o de investigación para los conflictos que desarrolla en Desde Malika Nasli?
Por supuesto. Hubo investigación de la época sobre la condición política en El Cairo, el conflicto árabe-israelí, la forzosa migración judía de países árabes, la vida en Siria, los cambios generacionales desde la manera de vivir y pensar hasta la trasformación cultural.
-¿Tuvo usted algún tipo de relación real con la calle de Malika Nasli?
Desde mi primer contacto con la calle la vivo como si hubiera estado ahí. Conservo una imagen de Malika Nasli que de tanto repasar siento haberla transitado. A Juliette le sirve como leit motiv para volver una y otra vez a su niñez de piano de cola y palacete que aún conserva de adulto. Malika Nasli es un baúl de evocaciones que permanece presente y sostiene a Juliette. Supongo que cada quien conserva el suyo.
-¿Ha tenido oportunidad de conocer los diversos países donde transcurre la obra?
Visité El Cairo por un solo día sin imaginarme que escribiría esta novela. Al parecer, tanto Egipto como Brasil, país que me acogió un tiempo, me llamaron antes de que yo pusiera los ojos en ellos.
-¿Qué le diría a un lector istmeño para que adquiera su obra?
Desde Malika Nasli los llevará a reflexionar sobre su propia historia y exilios, a reconocer la evolución de su mundo interior, a vincularse con la vida y con ellos mismos. Es una novela que narra el proceso de transformación que todos atravesamos en donde los retos, los cambios, las pérdidas y la nostalgia se nos presentan como la posibilidad para trazar nuevas direcciones. Hoy se le llama resiliencia. Es un término utilizado para describir el modo flexible de afrontar situaciones desfavorables, sacar de ellas el mayor provecho y salir reforzado. Desde Malika Nasli es para los lectores que rememoren su pasado, lo utilicen en beneficio propio y encuentren la posibilidad de reinventarse.
-¿Qué aprendió de Juliette?
Juliette me reveló que las pérdidas tienen anverso y reverso, que las experiencias adversas son una invitación para ser perseverantes, encontrar la posibilidad de sobreponernos, resultar fortalecidos y descubrir la posibilidad de reinventarnos. Reinventarse siempre será un reto; un reto que bien vale la pena vivir.
-¿Cómo fue construyendo a este personaje?
Juliette es el reflejo de la transformación de las mujeres desde el siglo XX hasta nuestros días. La protagonista es una mujer que nace en El Cairo, en el seno de una familia judía tradicionalista y la profunda reflexión sobre su vida a partir de la muerte de su marido. Juliette se ve obligada a emigrar a distintos países, debe adaptarse a nuevas culturas, al idioma y a las personas, pero sobre todo, adaptarse a su añoranza, esa que de alguna manera determina su perspectiva del mundo. Asume su soledad, la vuelve su aliada y la sustituye por una propuesta liberadora. Su voz es la de muchas mujeres en cualquier época, ciudad o religión. Juliette me guió en su viaje geográfico y en el interno; tomó autonomía y no puse resistencia.
-Juliette es una mujer que se enfrenta a la figura masculina. ¿En qué medida ella representa la excepción o la regla en la América Latina de hoy?
Más que enfrentarse, Juliette apuesta a favor de ella misma, no en contra del marido. Juliette decide, no se paraliza. Jean Paul Sartre dijo: “Nunca somos más libres que cuando decidimos”. En esta búsqueda de crecimiento como mujer y como persona reconoce que su vida le pertenece, que tiene injerencia sobre ella, rompe esquemas, se atreve a tomar riendas a pesar de las circunstancias que la limitan y se reinventa a través de pequeños actos cotidianos, que hoy son comunes, pero impensables para la época. Encontrar nuestro lugar en el mundo no es tarea fácil y menos cuando ha sido determinado por alguien más, pero mientras avanza la novela comprobamos que Juliette deja de ser una mujer apegada a los valores de obediencia para convertirse en una persona independiente.
-En su opinión, ¿cuáles son los principales retos a los que debe enfrentarse la mujer en México?
Cada vez surgen más “Juliette” en busca de vida propia. No en un intento de romper vínculos con la cultura o con las tradiciones, sino por el contrario, pienso que hoy en día la mujer mexicana desea ser parte de una una sociedad que le permita desarrollarse y ser creativa en beneficio propio.
-En términos generales, ¿los seres humanos somos dados a este tipo de reflexión que realiza Juliette?
La historia de Juliette es la historia de todos. Aunque no se haya emigrado geográficamente, como la protagonista, quién no ha experimentado nostalgia por lo vivido, por una época, por un amigo, por un amor, quizá. Pero también existe otro tipo migración: la personal. Se experimenta exilio en las distintas etapas de nuestras vidas. Nos ha tocado vivir en tiempos de cambios vertiginosos que nos conduce a tener ingenio y creatividad para enfrentar las vicisitudes que se nos presentan. Juliette nos invita a utilizar estos retos como la oportunidad de detenerse a reflexionar sobre nuestros exilios personales, para poder salir adelante y emigrar enriquecidos a las siguientes etapas.
-¿Por qué será que momentos de impacto como la muerte de un ser querido o la enfermedad de uno sea el motivo para hacer un examen de auto conciencia?
Las situaciones extremas, los grandes cambios y muchas veces los pequeños nos dan la oportunidad de detenernos a tomar conciencia (que es el principio de cualquier cambio, despertar la conciencia), de procesar el dolor y las pérdidas, de recordar el pasado para después sacar a flote fortalezas que a veces no sospechamos que existen y poder reinventarnos.
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