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28 feb El drama ‘Selma’ y la marcha por la libertad

‘Selma’, nominado a dos premios Óscar, obtuvo la estatuilla dorada en la categoría de mejor canción.

Este drama es sobre el derecho a votar de la comunidad afroamericana en la década de 1960.

Temas:

'Selma' tuvo un presupuesto de 20 millones de dólares y ha recaudado en Estados Unidos 49.6 millones de dólares. 'Selma' tuvo un presupuesto de 20 millones de dólares y ha recaudado en Estados Unidos 49.6 millones de dólares.
'Selma' tuvo un presupuesto de 20 millones de dólares y ha recaudado en Estados Unidos 49.6 millones de dólares.

La película Selma comienza en 1964, cuando Martin Luther King Jr.practica su discurso de aceptación del premio Nobel de la Paz, mientras duda sobre qué corbata es la más apropiada para la ropa que va a usar durante la ceremonia.

Luego, una mujer afroamericana intenta cumplir en la ciudad de Selma con los requisitos para poder votar, pero un funcionario blanco le pide que le diga todos los jueces que tiene Alabama, que son más de 60, y como no se los sabe de memoria le niega ese derecho.

En otra secuencia, Lyndon B. Johnson, trigésimo sexto presidente de la Unión Americana, le explica a King que terminar con la segregación racial lo haría muy orgulloso y que cree firmemente en los derechos civiles.

El activista le responde que la prioridad para cumplir con su palabra es darle el derecho al voto a los afroamericanos, en especial a los que residen en el sur de

Estados Unidos.

Esos son los ejes de esta producción basada en hechos reales y nominada a dos Oscar, un premio que dominaron otras producciones independientes como Birdman y El gran hotel Budapest, aunque en la ceremonia de la estatuilla dorada uno de los momentos más emotivos fue cuando Common y John Legend interpretaron el tema Glory de esta producción.

Por un lado, es un esbozo de la vida íntima de uno de los líderes más extraordinarios que tuvo el siglo XX.

Por otro, es sobre la lucha que llevó a cabo una minoría racial para obtener un derecho, y por último, cómo reaccionaron distintas figuras del gobierno de Johnson para colaborar, o para minar, una legislación que le diera a los afroamericanos el derecho a votar sin miedo.

Este largometraje es importante no solo para Estados Unidos, sino para cualquier país del mundo donde se discrimine a una persona por su color de piel, por sus creencias, por su género, por sus preferencias sexuales.

El debate sobre el racismo que plantea Selma cobra vital relevancia en Estados Unidos cuando en los últimos años se han registrado protestas.

Estos sucesos, unos pacíficos y otros violentos, se dieron por el caso de Trayvon Martin, un joven afroamericano que murió a manos de un vigilante voluntario blanco en 2012 en Florida, y cuando en diciembre de 2014, un muchacho afroamericano fue asesinado por un policía blanco en Ferguson (Missouri).

Miremos de nuevo al pasado, a 1965, a Selma, donde el 50% de sus habitantes es negro y solo el 2% de ellos puede votar.

POR EL VOTO

Martin Luther King Jr. llega a Selma, en Alabama, con un grupo de activistas para observar y tratar de solucionar una realidad que era normal en Estados Unidos: el afroamericano era un ciudadano de tercera categoría.

No recibían la misma paga que un blanco, aunque tuvieran iguales responsabilidades; no podían asistir a la misma escuela ni residir en una barriada en común; les era más difícil obtener un crédito en los bancos, les costaba más cumplir con los requisitos para votar y la policía abusaba de ellos.

Luego aparece J. Edgar Hoover, por varios lustros el perro guardián de la Agencia Federal de Investigaciones, quien tenía una obsesión enfermiza por vigilar a cualquier sospechoso, pues estaba convencido de que todos eran potencialmente enemigos de Estados Unidos.

La guionista y directora Ava DuVernay desarrolla la puesta en escena de Selma, que ganó un Oscar como mejor canción original, como si fuera un informe de la vigilancia que tenía Hoover sobre todos los líderes de los derechos civiles.

Su película es narrada como si se tratara de la transcripción de lo que registraban los micrófonos puestos ilegalmente en las casas de los dirigentes, en los reportes que elaboraban para Hoover sus espías blancos, así como los datos suministrados por los infiltrados afroamericanos que tenía dentro del movimiento de King.

Hoover calificaba a King como un degenerado y un agitador que debía ser eliminado, literalmente, como se lo dejó claro durante una reunión al presidente Johnson, según los guionistas Ava DuVernay y Paul Webb.

Cuando Johnson pensó que era una medida demasiado radical, Hoover propuso empezar una guerra psicológica con llamadas anónimas a la esposa del activista, decirle que su marido le era infiel, y luego le decían que iban a matar a su esposo y a sus hijos.

Selma esboza cómo King tenía por esos años una relación complicada con su familia, un clan que en la medida de los acontecimientos históricos entendía la magnitud de la causa social que llevaba a cabo el político, pues él estaba poco en casa porque tenía una misión enorme que cumplir: la verdadera y absoluta liberación de los suyos.

Selma es una muestra de cómo los negros, así como en su momento las mujeres, se enfrentaron a leyes injustas para poder votar y así colaborar a decidir su propio destino y el de su país.

Cuando veo cómo en América Latina, en los últimos lustros, hemos seleccionado vía electoral a presidentes que luego se transforman en dictadores civiles, o cuando escogemos a presidentes que roban todo el pan al pueblo, siento que hemos olvidado la enorme responsabilidad de saber votar.

Pero esa es harina de otro costal.

Martin Luther King Jr. lucha en 1965 en la comunidad de Selma, para que la población afroamericana en Estados Unidos no sufra más discriminación racial

A MARCHAR

Volvamos a Selma. El plan de Martin Luther King Jr. era negociar, protestar y resistir. Por eso organizó protestas.

Después se le ocurrió hacer una marcha de Selma a Montgomery, que en sus primeros intentos fue imposible, pero más tarde, gracias al alcance que iba ganando la televisión, el resto de Estados Unidos vio cómo los miembros del orden público atacaron a los manifestantes.

Ese día de 1965, 525 ciudadanos afrodescendientes salieron de la capilla Brown y caminaron seis cuadras para cruzar el puente Pettur.

En esa acción, policías a pie y a caballo, más civiles, golpearon con garrotes, látigos y armas a un colectivo desarmado, que iba caminando, en silencio y en paz, por la acera.

Los policías atacaron a los manifestantes como si fueran sus más grandes enemigos; parecía una escena sacada de la guerra de Vietnam que ocurría por esas fechas en el otro lado del planeta.

Ese momento dantesco fue reportado por un canal de televisión, y quizás por primera vez Estados Unidos vio en directo la cruel represión que sufrían los afroamericanos y algo cambió en el accionar nacional.

Esas imágenes dolorosas y trágicas despertaron a un país, no solo a los afroamericanos, sino también a líderes de diversas religiones y a blancos que sí entendían los derechos por los que luchaban en Selma.

Gracias a las marchas en Selma, se aprobó en la unión americana la ley sobre el derecho al voto

El lente de Ava DuVernay entonces se fija no solo en King, sino en esos seres anónimos, hombres y mujeres, que fueron valientes a la hora de participar de las marchas, que no temieron al recibir los fulminantes golpes de los policías, que no les importó terminar en las cárceles como si fueran criminales.

Selma da a entender que Hoover estuvo involucrado, aunque sea de forma indirecta, en el posterior asesinato de King.

Los años de 1960 fueron de lo más sombríos: fue asesinado el presidente John F. Kennedy, en 1963, en Dallas; el líder Malcolm X, en 1965, en Nueva York, semanas antes de la marcha de Selma a Montgomery, y posteriormente liquidaron al senador Robert F. Kennedy, en junio de 1968, en Los Ángeles.

La muerte de unos niños negros dentro de una iglesia debido a una explosión y el asesinato en un restaurante de un joven negro a manos de un policía blanco, hizo que la actitud de King pasara de reconciliadora a agresiva.

Ese giro preocupó a Johnson, que tenía elecciones a la vuelta de la esquina, y según la cineasta Ava DuVernay, fue quien mandó a Hoover a usar la táctica de la guerra psicológica contra la esposa de King.

Entonces King convocó a una segunda marcha contra la injusticia, pero esta vez Selma no estaba sola, se les unieron foráneos, un tercio era blanco. Todos marcharon al puente Edmund Pettus, a pesar de que el gobernador y el alcalde, así como el presidente Johnson, no querían otra movilización.

En esta segunda marcha había pocos civiles blancos provocando a los marchantes, no había policías a caballo y los que estaban cedieron el paso para que el grupo siguiera su camino.

Acto seguido,  King se arrodilló, rezó y se retiró, para evitar más muertes.

Todo esto colabora a que el caso de legalizar la movilización llegara a la corte y el juez, que era blanco, decidió que se podía hacer la marcha de cinco días desde Selma hasta Montgomery (las dos ciudades están separadas por 55 kilómetros).

Después Johnson habló ante el Congreso sobre la urgencia de cumplir y acatar los derechos igualitarios para los negros. Por eso, propuso la Ley de Derechos Electorales de 1965, para erradicar las restricciones al voto de los afroamericanos en todas las elecciones: federales, estatales y locales.

Aquí cabe destacar que a Ava DuVernay se le acusa de tergiversar la historia y darle poco crédito a Johnson de impulsar esta ley. Es más, una declaración de la cineasta lo dejó explícito: “no me interesaba hacer una película en la que el salvador era un blanco”.

La marcha legal desde Selma ocurrió; King habló en Montgomery a pesar de que estamentos de seguridad le dijeron que su vida corría peligro, y una comunidad saboreó un triunfo que todavía no alcanza a plenitud.

El 4 de abril de 1968, en Memphis, asesinaron a Martin Luther King Jr.

¿Qué opinión les merece Selma? ¿Piensan que en Estados Unidos el tema racial es una materia pendiente? ¿Somos racistas en Panamá?

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