La individual “Creole Panamá 2016” es un nuevo capítulo en la historia plástica escrita con colores por Aristides Ureña Ramos (Santiago de Veraguas, 1955) desde 2004, cuando comenzó con la serie “Creole”.
En esta muestra, que se presenta del 12 de enero al 12 de febrero, el creador istmeño continúa en su misión de comprender y captar la esencia de lo nacional.
“Es un enfoque más determinado a la contemplación de lo nuestro, es una aguda mirada que analiza los elementos y símbolos que representan nuestra idiosincrasia. Mi estadía en mi tierra panameña ha colocado mis pinceles a reflexionar sobre el silencio y la serenidad del color”, explica Aristides Ureña Ramos sobre las 15 obras que estarán en la galería Pataro de la vía Porras.
CICLOS PICTÓRICOS
Mientras que “Creole Panamá 2015”, que en 2015 recorrió varias provincias del país, “era una reflexión crítica pictórica sobre las contradicciones en la gestión de la ex zona canalera, “Creole Panamá 2016” se coloca en el período de las lluvias, proponiendo un antitrópico no colorido”, indica Ureña Ramos, quien residió en Florencia, Italia, por más de tres décadas, y que desde 1980 crea a partir de ciclos pictóricos como “El Ballet del Cabrón” (1980/1983), “Barrococonuance’s” (1984/1988), “Radios” (1988/1994) y “Classicos”, entre otras.
En las 15 telas que integran esta exposición, los protagonistas son los personajes y situaciones de los cuentos populares, “al dejar fluir historias sobre playas, iguanas, bimbines enamorados y árboles embrujados”, elementos que le permiten manifestar su condición de “un ser humano frágil, un niño soñador, un cholito veragüense que no teme juicio académico a la retórica pictórica”.
Además de la presencia de narraciones, en su estructura pictórica también aparecen referencias a las polleras, las molas y el diseño precolombino. Lo que da una mayor originalidad a su propuesta es que utiliza lo que ha dado en llamar el verde Panamá.
“Será la indiscutible novedad que caracterizará estas nuevas pinturas. Es el verde Panamá utilizado en las viejas casas de madera, que me han ayudado a ambientar ese clima de serenidad y paz de antaño”, señala Ureña Ramos, que ha participado en la Bienal de Venecia en 1988, 1997 y 2001.
Aunque habrá pinturas en formatos pequeños en la muestra, la norma a seguir son las obras grandes, porque “siento que desarrollo más en plenitud mis inquietudes”.
También mantiene su costumbre de narrar historias hasta en los marcos de sus cuadros. “Cuando pinto los marcos de los cuadros es solo por la necesidad de conquistar nuevos territorios para mis trabajos. Allí, en esos espacios, documento la hermosa experiencia decorativa de las chácaras, de los tejidos y las artesanías interioranas”.
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