Marzo de 2020 marcó un antes y un después en la historia de la República. Se hicieron oficiales los primeros casos de coronavirus en Panamá y se sucedieron las medidas para contener la propagación del virus. El Gobierno declaró el Estado de Emergencia Nacional y se ordenó el cierre de negocios y el confinamiento de la población.
En términos económicos, el resultado fue una fuerte crisis que se tradujo en la pérdida de empleos, empresas y una pronunciada contracción del producto interno bruto (PIB).
La gestión económica de la pandemia provocó un desplome de los ingresos corrientes, mientras que el Gobierno optó por mantener un gasto público elevado.
El resultado fue un fuerte deterioro de las finanzas públicas en la forma de abultados déficits fiscales y un incremento sustancial de la deuda, situación que todavía se resiente hoy en día.
En 2020, Panamá fue el primer país de la región en hacer una emisión de deuda soberana desde el inicio de la crisis de la Covid-19 . Desde entonces se sucedieron las emisiones y los préstamos con distintos organismos, engordando cada vez más la deuda.
Al 31 de marzo de 2020, antes de que el país recibiera los fondos de aquella primera emisión, el saldo de la deuda del sector público no financiero era de $29,845.2 millones, mientras que al cierre de marzo de este año, es decir, dos años después, los compromisos del sector público no financiero ascienden a $42,812.8 millones. Se trata de un aumento de $12,967.6 millones.

El economista Ernesto Bazán señaló que la principal razón por la que se ha tomado más deuda es por el incremento del déficit fiscal, con gastos superando a los ingresos ampliamente.
El viceministro de Finanzas, Jorge Luis Almengor, dijo que hubo un impacto profundo en los ingresos corrientes, principalmente en 2020, y que el objetivo entonces fue tomar medidas contracíclicas, lo que significa sostener el gasto en un entorno de menores ingresos, con la intención de evitar una mayor caída de la economía, que en 2020 se contrajo un 17.9%.
En medio de una caída de ingresos, desde el sector privado se hicieron llamados para contener el gasto público, especialmente el vinculado a las operaciones, pero la realidad fue que estos aumentaron.
El economista Carlos Araúz destacó las distintas realidades vividas por los sectores público y privado, ya que “mientras el emprendedor veía su microempresa morir, la urgente contención del gasto nunca se materializó”.
La deuda, dijo Araúz, “se justificó para implementar aumentos en salarios, planillas, contrataciones, viáticos, gasolina, etc”, mientras que la “necesaria solidaridad gritaba por un momento de valentía inusual congelando de raíz incluso aquellos ajustes que habían sido pactados a través de leyes especiales en previas administraciones”.
Por su parte, Bazán dijo que la deuda no ha servido para cubrir las necesidades de infraestructuras que tiene el país.
Al incremento de la deuda también contribuyeron algunos programas que estructuró el Gobierno para estimular el crédito bancario y apoyar el tejido productivo entre pequeñas y medianas empresas, comentó Almengor.
Lo que no aparece en el saldo de la deuda y sí es un compromiso del Gobierno, según Bazán, son los contratos llave en mano, modalidad utilizada por las dos últimas administraciones y que está retomando este Gobierno para ejecutar obras de infraestructura.
El esquema consiste en que la empresa contratista aporta el financiamiento de la obra y el Gobierno lo repaga según un calendario establecido por contrato. Esta es una deuda contingente que no se suma en las cuentas públicas con el resto de compromisos del sector público no financiero, pero que se debe tener en cuenta a la hora de confeccionar los presupuestos.
Relación deuda - PIB
Un indicador de referencia internacional para calibrar el nivel de endeudamiento de un país es la relación entre deuda y PIB.
En Panamá, el desplome de los ingresos y de la economía y el aumento del saldo de la deuda hizo que el ratio pasara de un 46.3% en 2019 a un 68.5% en 2020.
El saldo de la deuda siguió creciendo en 2021, pero como la economía lo hizo a un mayor ritmo luego del levantamiento paulatino de restricciones, la relación entre deuda y PIB bajó a 63.7%. Lejos quedan todavía los niveles de 2019 y el 40% que recomienda como objetivo la Ley de Responsabilidad Social Fiscal.
Este año, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) ya salió a los mercados en enero e hizo una emisión por $2,500 millones, para cubrir, según comunicó, el 62% de las necesidades de financiamiento del presupuesto general del Estado, incluyendo las amortizaciones de deuda.
Las amortizaciones tendrán un efecto a la baja en el saldo de la deuda en lo que resta del ejercicio, mientras que eventuales nuevos desembolsos que se reciban a través de emisiones o préstamos provocarán un aumento del saldo de la deuda.
Almengor señaló que, en términos nominales, el crecimiento de la deuda en 2021 fue inferior al de 2020 y que la expectativa es que esta tendencia continúe este y los próximos años, de la mano de una Ley de Responsabilidad Social Fiscal que reduce año tras año el límite de déficit permitido, hasta llegar a un 1.5% de 2025 en adelante.
La consolidación requerida este año -con un déficit fiscal permitido de hasta 4% del PIB- se apoya en un aumento en los ingresos corrientes, algo que se cumplió en el primer trimestre, ya que la recaudación superó el registro del mismo periodo de 2021 y lo previsto en el presupuesto.
El crecimiento económico, el comportamiento de los ingresos y el manejo de los gastos serán las variables que determinarán la evolución de la relación entre deuda y PIB en los próximos años, sostuvo Bazán.
Las agencias de rating tradujeron el deterioro de las finanzas públicas de 2020 en rebajas a la calificación de riesgo soberano, pero tras la recuperación de 2021 mejoró la perspectiva sobre el desempeño económico y fiscal. De la amenaza de perder el grado de inversión, que era latente con la agencia Fitch Ratings, se pasó en enero de este año a una afirmación de la calificación dentro del grado de inversión y una mejora de la perspectiva de negativa a estable.

