Ascender el volcán Barú resulta un espectáculo natural. Su recorrido permite al visitante apreciar su naturaleza escarpada, fértil y benefactora de una importante diversidad biológica.
Sus pendientes se traducen en paisajes, cuyos contextos geográficos se entreveran con el escenario agreste y gélido de su cima. No por menos es un punto de atractivo turístico y deportivo, entre locales y extranjeros interesados en conocer su cumbre.
Pero está sucio. Así lo asegura el encargado de actividades del Club Excursionistas del Istmo, Gilberto Ceballos, quien reporta un gran número de botellas de plástico, latas de aluminio, papeles y basura orgánica extendida por esta espesura en Chiriquí, conocida como la elevación más alta de Panamá.
Esta contrariedad, que según Ceballos se ha incrementado en los últimos tres años, comienza a dejar huella en el medio ambiente, pues ya se han formado pequeños vertederos dentro de la zona, continúa Ceballos.
El volcán Barú se encuentra en las inmediaciones del Parque Nacional Volcán Barú, que es una zona protegida conformada por unas 14 mil 322 hectáreas y una arboleda prominente que alberga a más de 250 especies de aves, según censos del Ministerio de Ambiente.
Para el grupo de excursionistas especializados en actividades al aire libre, resulta alarmante la multiplicación de residuos en el área.
Gilberto Ceballos
Club Excursionistas del Istmo
“Somos un grupo con conciencia ecológica y buscamos proteger el medio ambiente local”, indica Ceballos, quien señala que la basura proviene tanto de visitantes como de residentes de la zona.
El dilema, no obstante, los ha motivado a crear un voluntariado de limpieza, con la añoranza de contribuir con el saneamiento del lugar y, a su vez, crear conciencia entre la comunidad panameña.
Gilberto Ceballos cuenta que los desperdicios encontrados en las inmediaciones del volcán Barú no son novedad.
“En los recientes ascensos al volcán, hemos visto cómo se han incrementado los desechos que dejan algunos visitantes”, dice Ceballos, encargado de las actividades que realiza el Club Excursionistas del Istmo.
Tras 13 años de organizar eventos familiares y deportivos al aire libre, el grupo recreativo sin fines de lucro busca crear conciencia ambiental en la comunidad y también hacer un llamado de atención sobre la situación en la cúspide nacional.
“Hemos visto grupos que no son conscientes de la importancia de evitar dejar rastros en la naturaleza”, dice el especialista.
Así, recipientes plásticos, latas, envases de sopas instantáneas y cartones de bebidas forman parte del paisaje actual del Barú.
De hecho, en publicaciones realizadas desde 2007 por este diario, se han reportado basurales en sus distintas rutas.
“Para los montañistas, el volcán Barú es un sitio emblemático”, recalca Ceballos, quien preocupado por la situación decidió aventurarse a crear una campaña de concienciación y recolección de desechos sobre la ruta oeste, también conocida como la ruta Volcán.
“Se trata de un fin de semana, en donde acompañados por un grupo de voluntarios, procuramos limpiar parte de la zona”, explica el excursionista.
Las jornadas voluntarias del Club Excursionistas del Istmo se realizan desde hace tres años, como parte de su interés por inculcar mayor cuidado ecológico en los bosques y senderos istmeños.
COLABORACIÓN
De acuerdo con Ceballos, para ascender al volcán Barú hay varias sendas de acceso. Sin embargo, los trayectos este, que sube desde Boquete, y oeste, que se accede desde Volcán, son los más comunes.
El recorrido oeste que realizan los excursionistas resulta más complejo, ya que es una zona bastante accidentada y es laborioso sacar los desechos, dice Ceballos.
El pasado mes de marzo, el grupo creado en 2002 anunció en redes sociales la búsqueda de nuevos voluntarios para sumarse a este esfuerzo.
La actividad, que estuvo en principio programada para este fin de semana, se pospuso para el 23 y 24 de mayo. Los interesados en ayudar pueden inscribirse enviando un correo a clubexcursionistasdelistmo@gmail.com.
Igualmente, Ceballos apela a que la empresa privada que desee apoyar puede hacerlo con insumos.
“No hay costo de participación, pero sí una cuota para costear el transporte”, dice Ceballos, quien explica que se trata de una aventura de campismo.
Son bienvenidas todas las personas, sin importar su edad, que deseen contribuir con el cuidado de la naturaleza o colaborar con materiales para la recolección de los desechos, explica.
“El año pasado, logramos recolectar casi 100 sacos de basura que desechamos en Panamá”, afirma Ceballos, quien agrega que otros aledaños de interés turístico, como el Bosque de las Brujas, Los Pozos e, incluso, la cima del volcán, también se encuentran contaminados.
El área de limpieza prevista para este año comprende unos tres kilómetros, desde la entrada del sendero hasta la llamada zona del derrumbe, “porque es el área donde hemos visto más afectación”, continúa el especialista.
Se estima que la iniciativa de recolección abarque unas cinco horas.





