La investigación en Colombia de un esquema de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht SA que se extendió por todo el continente, está sembrando un manto de dudas sobre el mayor grupo bancario del país, propiedad de uno de los hombres más ricos de América Latina.
Las acciones de Grupo Aval Acciones y Valores SA y una de sus filiales han caído desde que Odebrecht admitió haber participado en uno de los mayores casos de corrupción en la historia corporativa, desencadenando escándalos en toda América Latina.
Una de las empresas de Aval, Corficolombiana, se asoció con Odebrecht en su proyecto más grande en Colombia: una sección de la autopista conocida como Ruta del Sol, cuyo costo estimado es de 2 mil 500 millones.
Odebrecht pagó millonarios sobornos para adjudicarse el contrato, mientras que Aval ha dicho en repetidas ocasiones que desconocía los pagos ilegales.
En diciembre de 2016, Odebrecht admitió haber pagado 788 millones de dólares en sobornos en 12 países, incluido Colombia. La compañía llegó a acuerdos con los gobiernos de República Dominicana, Perú y Panamá, pero la investigación colombiana continúa y está causando inquietud entre los inversionistas.
“Es posible que salga a la luz información que sea perjudicial para nosotros y nuestros intereses durante las investigaciones de corrupción en curso por parte de las autoridades colombianas”, dijo Aval en una presentación en Estados Unidos este año.
Acciones rezagadas
Aval, un conjunto de compañías financieras, fue fundado por Luis Carlos Sarmiento, de 85 años, cuyo patrimonio neto estimado de 11 mil 900 millones de dólares lo convierte en la séptima persona más rica de América Latina.
Pero las acciones de Aval, que se negocian en Nueva York y Bogotá, prácticamente se han mantenido planas desde que Odebrecht divulgó los sobornos. Mientras tanto, su propio Banco de Bogotá y pares como Banco Davivienda SA y Bancolombia SA, registran alzas de hasta dos dígitos. Las acciones de la filial Corficolombiana han caído un 32%.
Impacto
“Todas las noticias relacionadas con estas investigaciones de Odebrecht, sin duda, continuarán generando incertidumbre y veremos que se traducirán en lo que hemos observado en los últimos uno o dos años en términos de negociación de acciones”, dijo José Germán Cristancho, gerente de investigaciones económicas y estrategia de Corredores Davivienda.
Durante años, la máquina de sobornos de Odebrecht operó en América Latina, repartiendo pagos a políticos y funcionarios gubernamentales que ayudaron a la empresa a obtener contratos para construir plantas de energía, carreteras, aeropuertos, represas y otras obras públicas.
Crearon falsas empresas de consultoría, construcción e ingeniería que cobraban facturas por trabajos que nunca se realizaron. El dinero que se canalizaba a través de esas empresas se destinaba al pago de sobornos.
La fórmula de Odebrecht colapsó en diciembre de 2016 y llegó a acuerdos con las autoridades estadounidenses, brasileñas y suizas, en lo que el Departamento de Justicia de EU describió como el “mayor caso de soborno extranjero en la historia”.
En Colombia, una investigación que comenzó ese año reveló que Odebrecht pagó, al menos, 32.5 millones de dólares en sobornos para obtener seis contratos públicos y transacciones financieras relacionadas entre 2009 y 2014.
