El gobierno de la primera ministra Theresa May afirma que la Unión Europea podría obligar al Reino Unido a permanecer encadenado al bloque por más de un año si el Parlamento sigue rechazando el acuerdo de divorcio de la mandataria. La realidad es un poco más complicada.
Todavía no hay consenso en la institución supranacional sobre cuánto debe durar una eventual extensión e incluso acerca de cómo se debe estructurar. De acuerdo con funcionarios europeos, existe cierta preocupación sobre las implicancias de que Gran Bretaña participe en las elecciones de la UE de mayo y siga desempeñando un papel en la toma de decisiones.
Europa
May insiste en conseguir que el Parlamento apruebe su acuerdo y tendrá un tercer intento la próxima semana.
Si falla, el Gobierno se comprometió a pedir una extensión a la UE y dice que el bloque probablemente optará por un aplazamiento prolongado.
Es al menos en parte una táctica orientada a asustar a los puristas pro brexit para que respalden el acuerdo en lugar de arriesgarse a un largo retraso que podría terminar diluyendo o incluso revirtiendo el divorcio.
En algunos sectores de la UE hay optimismo cada vez mayor de que pueda convocarse un segundo referendo.
Esa es otra justificación para un aplazamiento más prolongado, señalaron dos funcionarios del organismo. Aun así, no se considera exigir un plebiscito como condición para un retraso.
