El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) proyecta para los próximos años una reducción paulatina en la relación entre la deuda pública y el producto interno bruto (PIB).
Se trata de un indicador que es seguido de cerca por analistas y por las calificadoras de riesgo y la intención del MEF es que siga una tendencia descendente tras haberse disparado el año pasado.
Solamente entre 2019 y 2020, producto del fuerte endeudamiento del país para contrarrestar la caída de ingresos y por la caída del PIB, la relación entre deuda y PIB pasó de 46% a cerca de un 70%.
Según un cuadro que presentó ayer el ministro de Economía y Finanzas, Héctor Alexander, en el XIII Foro Nacional de Competitividad, la proyección para 2021 y 2022 es que la relación deuda/PIB se estabilice en un 69% para luego caer a un 68% en 2023 y a un 65% en 2024.
En términos nominales, la deuda, que roza actualmente los $40,000 millones, seguirá creciendo, pero a un ritmo menor al que lo hizo en 2020 y 2021.
Mientras, se espera que luego de la fuerte contracción de 2020, la economía crezca hasta superar en 2023 el nivel previo a la pandemia.
La deuda crece porque los balances fiscales son deficitarios, es decir, los gastos superan a los ingresos y la diferencia hay que cubrirla con deuda.
Para el próximo año, según el presupuesto general del Estado aprobado ayer en tercer debate por la Asamblea Nacional, el déficit fiscal será de $2,495 millones, una cifra superior a los $2,480 millones previstos en el presupuesto original.
Esta variación se produce con motivo del ajuste en el monto total del presupuesto, que pasó de $25,126.6 millones a $25,294.7 millones.
El MEF justificó el ajuste por los indicios de recuperación y ante la expectativa de mayores ingresos.
De igual forma, una proyección más optimista del desempeño económico en 2021 y 2022 hace que cuando se mide como proporción del PIB, el déficit esperado para el próximo año se mantenga dentro del rango del 4%.
Carlos González, director de presupuesto de la Nación, dijo ayer a este diario que el déficit fiscal se viene bajando desde un 10% en 2020, a alrededor de 7% en 2021 y a 4% en 2022, una estrategia que, dijo, ha sido compartida con las agencias de calificación de riesgo y con organismos internacionales y que además figura en la Ley de Responsabilidad Social Fiscal.
El funcionario comentó que una mayor reducción del déficit causaría un efecto de desaceleración en la economía. La consolidación será más pronunciada en los próximos años, ya que para 2024 se proyecta un déficit fiscal de 2%, un año en el que se requeriría menor endeudamiento al tener mayor dinamismo la economía.
A pesar de que va a ser inferior a 2020 y 2021, el déficit previsto para 2022 es elevado si se compara con ejercicios anteriores a la crisis.
Por ejemplo, al cierre de 2019, el desbalance del sector público no financiero fue de $1,913 millones.
La mayor parte del ajuste previsto en las cuentas del próximo año se hará a través de los ingresos.
El MEF está proyectando un aumento de 24.8% en los ingresos totales del sector público no financiero respecto a la ley de presupuesto de 2021, una meta ambiciosa y que el Gobierno espera lograr a medida que la economía va regresando a la normalidad y se eleva la capacidad de recaudación de la Dirección General de Ingresos, a través de iniciativas como la factura electrónica y la conexión en línea de las impresoras fiscales con la DGI, lo que permitirá una mayor fiscalización de los contribuyentes.
En comentarios anteriores, la agencia Fitch Ratings ha mostrado dudas sobre si el repunte de los ingresos será lo suficientemente fuerte en los próximos años para lograr las reducciones esperadas en el déficit fiscal.

