Cometido el pecado, el Padrenuestro, el Credo y el Ave María se han convertido en el refugio de la Iglesia católica de Pensilvania, Estados Unidos, luego de que una extensa investigación judicial revelara esta semana que 300 de sus sacerdotes agredieron sexualmente a más de mil niños.
Ayer, la diócesis de Harrisburg, en Pensilvania, celebró una misa en la Catedral de San Patricio como parte de la “necesidad de arrepentimiento y reconciliación”. Después pasó a un “servicio de arrepentimiento”.
Durante los hechos investigados, que datan de hace seis décadas, la oración fue maleada, utilizada para someter a los niños a las aberraciones de los curas pedófilos.
Excardenal McCarrick, en la mira
Un sacerdote, según el informe, contó a un niño al que estaba acariciando que lo que hacía estaba bien porque él era “un instrumento de Dios”. Los curas también se valieron del sacramento de confesión como una oportunidad para atacar a menores, añade la investigación.
Ayer viernes, el arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput, en una carta a la grey católica reconoció que “el contenido del informe es brutalmente gráfico y profundamente inquietante, como una crónica del mal causado a cientos de inocentes”.
“Las únicas respuestas aceptables son la pena y el apoyo a las víctimas y los esfuerzos integrales para garantizar que esas cosas nunca vuelvan a ocurrir”, añadió.
El jueves, el Vaticano dijo sentir “vergüenza y dolor” por los abusos, afirmando que los depredadores y facilitadores de sus actos serán responsabilizados por sus acciones.
La diócesis de Pensilvania representa a cerca de 1.7 millones de católicos.
(Con información de Reuters, AFP y ‘El País’)
