En el juicio por corrupción política –por la compra de un senador italiano– solo se habló de Panamá. Por increíble que parezca, no se habló en ningún momento de la presunta corrupción en Italia, sino de la del país centroamericano.
En este proceso se imputa al ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi y al principal intermediario entre Panamá e Italia, Valter Lavítola, por el supuesto pago de coimas al exsenador Sergio De Gregorio para urdir la caída del ejecutivo de Romano Prodi en 2008.
En la audiencia estuvieron presentes también los abogados del Senado de la República, que ejercen la acción civil como parte perjudicada por el grave daño al sistema democrático italiano.
Contra todo pronóstico, los abogados de Berlusconi centraron el segundo interrogatorio al corresponsal de Radio Panamá, Joan Solés, en disquisiciones sobre la corrupción internacional en Panamá, sobre el trabajo de investigación periodística a la que dedicó dos años, y sobre su empresa.
Además, solicitaron la entrega en la sede judicial de informaciones publicadas por La Prensa y, en concreto, de la entrevista que se publicó el pasado 18 de octubre de 2013, que despiezaba en preguntas y respuestas el contenido del intenso coloquio de cinco horas que mantuvo Solés con Lavítola, mientras este cumplía arresto domiciliario en su casa, en la colina de la Farnesina de Roma.
Durante la audiencia judicial, Solés debió sortear con paciencia las enrevesadas preguntas de la defensa de Berlusconi: “¿Conoce usted a un tal Joan Solés?”, fue una de las sorprendentes preguntas al testigo.
“¿Por qué dio una entrevista a La Prensa?”, requirieron.
En su respuesta puso de relieve que accedió a realizar una entrevista con este periódico ante la feroz reacción por parte de las más altas instancias de la república de Panamá, tras elogiar las informaciones y grabaciones publicadas sobre el helicóptero con piel de Hermes que habría pedido el presidente en funciones Ricardo Martinelli.
“¿Con qué regularidad viaja usted a Panamá?”, le ha preguntado, ante lo cual Solés ha reconocido que nunca había pisado el país.
Lavítola fue conducido por dos agentes de la guardia penitenciaria desde su celda en la cárcel de Poggioreale, donde cumple prisión preventiva por la supuesta extorsión a Impregilo, hasta el aula 220 del segundo piso del Tribunal de Nápoles.
El detenido escuchó con resignación cómo Solés resolvía con diligencia las preguntas que le interpuso el abogado de Berlusconi.
La defensa técnica del viejo político italiano intentó inducir al periodista a que incurriera en contradicciones en sus respuestas, y al no lograrlo, reaccionó de manera brusca y por ello la presidenta del colegio de jueces de la sexta sección A del tribunal, Sonia Corleto, pidió calma.
Después de esto, el abogado de Lavítola, Maurizio Paniz, que había pedido de nuevo la comparecencia del testigo, ha desperdiciado su turno y no ha formulado ninguna pregunta.
Mañana está previsto que se celebre en el Tribunal de Roma el juicio por supuesta corrupción internacional de Finmeccanica en Panamá, aunque no se descarta que la presidenta del colegio de la segunda sección, Adele Rando, opte por un nuevo aplazamiento, en cuyo caso, las audiencias se fijarían en septiembre venidero.
