NÁPOLES, Italia.– Tras una semana de descanso, mañana, jueves, se reanuda la cita judicial de Valter Lavítola ante la Sexta Sección del Colegio de Jueces del Tribunal de Nápoles, presidido por la magistrada Giovanna Cepalluni.
Lavítola se le acusa de haber extorsionado –a instancias del anterior gobierno de Panamá– a la empresa italiana Impregilo para que financiara los 20 millones de dólares que costaría la construcción del hospital pediátrico de Veraguas, prometido por el hoy expresidente del Consejo de ministros italiano, Silvio Berlusconi, en 2010.
Para mañana ha sido citado para declarar el embajador de Italia en Panamá, Giancarlo Maria Curcio, y dos exejecutivos de la sociedad italiana que autorizaron el pago de hasta 70 mil dólares a Lavítola para que gestionara y pagara un viaje de lujo del entonces presidente Ricardo Martinelli y otros funcionarios panameños a la isla de Cerdeña en 2011.
Según confirmó el pasado 5 de junio, el exdirector técnico de Impregilo en Panamá, Luciano Reguzzo, su empresa se vio obligada a hacer una transferencia “secreta y reservada” en una cuenta ubicada en Brasil perteneciente a Lavítola.
La Fiscalía tiene a su disposición una carta firmada por Cursio, de su puño y letra, que data del 14 de octubre de 2011, en la que exige a la empresa Svemark “la donación de una estructura hospitalaria en Veraguas”. En el documento, el diplomático italiano sugiere a los directivos de la empresa asumir el compromiso de construir el hospital, y así “tratar de superar el bloqueo actualmente registrado por la parte panameña”.
El testimonio de Curcio es especialmente relevante para desentrañar una supuesta red de coacciones a Impregilo, concebidas para consumar actos delictivos, y en concreto, corrupción internacional, según las conclusiones de los fiscales a cargo del caso.
La principal tesis de la fiscalía napolitana es que el hospital pediátrico de Veraguas era en realidad “un mera pantalla para vehicular coimas”, supuestamente destinadas a Martinelli.
El que fuera embajador de Italia en Panamá desde diciembre de 2006 hasta diciembre de 2011, Plácido Vigo, puso en evidencia en un testimonio reciente –y ante la sorpresa del tribunal– que era una “costumbre común” por parte de las empresas, institucionalizar regalos al país que adjudica obras públicas.
El próximo 17 de julio está fijado en el calendario judicial el interrogatorio, por parte del Tribunal, de la defensa y la Fiscalía a Lavítola. En el juicio que lo imputa, junto a Berlusconi por corrupción política, el que fuera el intermediario entre Italia y Panamá declaró en marzo pasado que colaboraría con la justicia italiana a condición de que lo dejaran libre, algo poco probable. El currículum de Lavítola está manchado con dos condenas por malversación de fondos públicos y por intento de extorsión a Berlusconi.
Sin embargo, en la audiencia preliminar, a puertas cerradas, en el juicio por corrupción internacional de Finmeccanica en Panamá, Lavítola pretendió eximir de toda culpa a Martinelli y mostrarse ante el Tribunal como el único culpable.
La Fiscalía calificó de “incoherente” la deposición del reo, porque puede probar que empresa podía hacer llegar coimas a cuentas corrientes en el extranjero.
