Las estadísticas oficiales, actualizadas hasta el pasado 22 de febrero, dicen que los homicidios en el país se redujeron en comparación con el 2025. En ese momento se habían registrado 68 asesinatos, según los reportes del Sistema Integrado de Estadísticas Criminales (SIEC) que elabora el Ministerio de Seguridad Pública.
Sin embargo, el propio director de la Policía Nacional, Jaime Fernández, admite que en marzo se ha dado un repunte de los homicidios.

Con saña
Algunos de esos crímenes han ocasionado ruido por la saña, la hora y los escenarios. Es el caso del homicidio de la abogada Nadine Silvera, de 37 años, en Costa del Este, un sector de alta seguridad y con vigilancia tecnológica.
Un día después de ese crimen, el sábado 7 de marzo, otro hombre fue acribillado a tiros en Don Bosco.

En los últimos días también se encontró un cuerpo calcinado dentro de un vehículo en Chepo. Mientras que en Chitré, Herrera, un comerciante fue asesinado, lo que prendió las alarmas por la migración del crimen hacia el interior del país.
Los números del SIEC también reflejan que la mayoría de los crímenes se concentran en las provincias de Panamá, Colón y Panamá Oeste. También sobresalen términos como rencillas delincuenciales y pandillerismo.
El análisis experto: No todo es crimen organizado
Para el experto en seguridad Severino Mejía, es fundamental no caer en generalizaciones apresuradas. Si bien reconoce que existe una expansión de las bandas hacia el interior del país, una realidad que antes no era común en provincias ajenas al trasiego de drogas, advierte que no todos los delitos deben etiquetarse automáticamente como consecuencia del crimen organizado.
Según Mejía, la intensa presión policial en “corredores” críticos como la capital, San Miguelito y Colón podría estar desplazando la delincuencia, pero subraya que corresponde al Ministerio Público investigar la génesis de cada hecho.
“Antes de sacar conclusiones, se debe identificar la raíz de estos homicidios, pues no siempre están relacionados con el pandillerismo”, puntualiza.
Más de seis tiros: ‘no es normal’
Buena parte de la teoría de las autoridades de seguridad descansa sobre lo que dice el SIEC. El director de la Policía afirmó en TVN que “no es normal” que una persona fallezca con más de seis tiros.
A su juicio, eso refuerza la hipótesis de que el 80% de los homicidios están ligados a pandillas, antecedentes penales y las disputas por el control del territorio para el microtráfico, la venta y distribución de drogas al por menor en las comunidades locales.
Los tumbes de droga
Según la Policía Nacional, se estima que entre el 7% y el 10% de la droga que pasa por Panamá se queda en el territorio nacional como pago para los grupos locales.
A finales de febrero de este año, en la denominada Operación Azuero, las autoridades capturaron a 20 personas en Los Santos y Herrera que se dedicaban al microtráfico. Durante los allanamientos se encontraron sobres, bolsas y carrizos con droga, además de teléfonos celulares y dinero en efectivo.

Este excedente de sustancias ilícitas es lo que Fernández llama el “oxígeno” de las bandas, lo que a su vez genera el fenómeno conocido en el mundo del crimen como “tumbe” o robos de droga que elevan los niveles de violencia y derivan en ejecuciones.
Fernández, quien llegó a la entidad en julio de 2024, reveló además que la inteligencia policial ha detectado órdenes de asesinato emitidas por criminales desde el interior de las cárceles, lo que ha obligado a la institución a ejecutar operativos diarios denominados “Armagedón”.
La pugna por el control y el reclutamiento
Más allá de las cifras, el jefe de la Policía reveló que la actual ola de violencia responde a una guerra declarada entre dos grandes grupos criminales que han mutado sus operaciones hacia el narcotráfico. Además del control de las rutas, existe un esfuerzo marcado por reclutar nuevas unidades para que se afilien a sus líneas, lo que eleva drásticamente el índice de violencia en zonas críticas.
En Panamá operan actualmente más de 180 pandillas, con una concentración masiva en los distritos de San Miguelito y Colón.
La profesionalización del crimen: el sicariato
En Panamá las autoridades de seguridad tienen una “carpetilla” con los nombres de múltiples personas que se dedican exclusivamente a cometer homicidios.
El crimen de la abogada que transitaba por Costa del Este, ocurrido la noche del viernes 6 de marzo, fue cometido por hombres que se desplazaban en una motocicleta.

El sicariato es un fenómeno importado. Pasó de ser una actividad ocasional a una industria tercerizada. En países como Colombia y México, por ejemplo, las estructuras criminales operan bajo un modelo de outsourcing, o por encargo, donde grupos locales son contratados por carteles mayores solo para ejecutar “limpiezas” o ajustes de cuentas.
Oriel Ortega, exdirector del Servicio Nacional de Fronteras, afirme que la mayoría de las personas que se dedican a estas prácticas son panameños, aunque advierte que algunos vienen del extranjero. ‘Vienen a hacer trabajos a Panamá, ajustician a alguien y se van en los vuelos de la tarde si no son aprehendidos’, aseguró
El brazo financiero y la justicia
En el quinquenio pasado, el Ejecutivo, entonces liderado por Laurentino Cortizo, impulsó un proyecto de ley de extinción de dominio de bienes de personas vinculadas al crimen organizado.
Sin embargo, no fue apoyado por la mayoría de los diputados de la Asamblea Nacional. En Panamá, el narcotráfico también convive con la política. Hay múltiples casos. Algunos de ellos han llegado a los estrados judiciales.
El presidente José Raúl Mulino ha hablado de impulsar un proyecto de ley que permita “quebrar financieramente” a las organizaciones criminales, pero hasta la fecha eso no ha sucedido.

