Durante las últimas dos semanas, la contralora general, Gioconda Torres de Bianchini, parece ausente. No asiste a los gabinetes –pese a que la ley la obliga–, no da declaraciones, ni aparece en actos oficiales y tampoco atiende a las autoridades gubernamentales.
Prueba de ello fue la visita del presidente de la Asamblea Nacional de Diputados, Adolfo Valderrama, a esta institución, el martes 15 de julio.Fue a presentar su declaración patrimonial y lo atendió el subcontralor, Luis Icaza. El diputado afirmó que desconocía si Torres de Bianchini siquiera estaba en el edificio.
El propio presidente de la República, Juan Carlos Varela Rodríguez, reconoce que hay muchos rumores sobre esta funcionaria pero que él desconoce si en efecto se mantiene en el cargo.
Incluso, varios de los funcionarios de la esta institución piensan que la contralora está de vacaciones desde los primeros días de julio, cuando subió al gobierno Varela y, por el contrario, terminó la gestión de Ricardo Martinelli, con quien trabajó durante años como su contadora personal y fue el que la nombró en ese puesto hasta diciembre de este año. Pese a su desaparición Torres de Bianchini sigue en su despacho.
Lo demostró ayer, miércoles, cuando atendió, de forma rápida, a Miguel Fanovich, diputado chiricano por el Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena), partido con el que Cambio Democrático –colectivo de Martinelli y la propia Torres de Bianchini– forjó su alianza oficialista en la administración pasada.
El diputado, en medio de una impugnación por su triunfo de las pasadas elecciones, llegó sobre las 11:35 a.m. al área de Atención al Cliente de la Contraloría.
Vestía una camisa negra con brillantina por fuera, un jean azul y zapatillas. Lo atendió un funcionario de voz grave, que llamó al despacho superior cuando Fanovich le reveló sus intenciones de reunirse con Torres de Bianchini.
Segundos después le comentó al diputado que ella estaba en una reunión pero que en unos minutos irían a buscarlo y lo invitó a sentarse.
En menos de cinco minutos entró un hombre calvo, de camisa azul y con una radio en la mano. Le pidió que lo acompañara hacia el despacho que la contralora lo esperaba. Se llamó a Fanovich en varias oportunidades pero no contestó el celular ni tampoco los mensajes a su Whatsapp.
