
Tras la firma del Tratado de Neutralidad y el Tratado del Canal, que se conocerían como los Tratados Torrijos-Carter, estudiantes de todo el país fueron convocados para quemar copias del tratado Hay-Bunau Varilla, el acuerdo que había permitido la presencia estadounidense en el país y que eventualmente quedaría eliminado. Fueron actos oficiales, con permiso y presencia de autoridades. Pero la firma no era el último paso. Faltaba que ambos países los aprobaran.

Según la Constitución de Panamá debían aprobarse mediante un plebiscito: una votación popular de “sí” o “no”.

Omar Torrijos Herrera, jefe de Estado de facto en Panamá, hizo campañas televisivas, conversatorios, incluso publicó el tratado en el periódico. En contraste, había partidos políticos desplazados, estudiantes, trabajadores y exiliados que rechazaban los tratados.

El 23 de octubre de 1977, más de 766 mil panameños participaron. La mayoría votó “SÍ”, que era lo predecible. Pero lo que sorprendió al gobierno fue que el “NO” obtuvo casi un tercio de los votos. 1 de cada 3 panameños estaba en contra. Sin embargo, el objetivo se logró, y faltaría la última batalla: el Senado de los Estados Unidos.
El presidente estadounidense, el demócrata James “Jimmy” Carter necesitaba dos terceras partes del Senado (que es similar a nuestra Asamblea) para ratificar los tratados. Había 100 senadores, así que necesitaba 67. Sin embargo, muchos senadores no creían que debían entregar el Canal.
Un gran actor ayudaría a tratar de convencerlos. John Wayne era una leyenda de Hollywood por sus películas de vaqueros. Su primera esposa era panameña y tenía negocios en el país: era el propietario de la isla Taborcillo, en Punta Chame, conocida como la isla de John Wayne.

Se había reunido con Torrijos en su casa en Farallón para conversar. Al principio, Wayne -miembro del Partido Republicano y duro crítico del comunismo- no apoyaba los tratados, pero Torrijos y su equipo lo convencieron y llegó a enviar cartas a los 100 senadores defendiendo los tratados y la política de Torrijos. Carter reconoció que el respaldo de Wayne fue quizás el mayor apoyo conservador que recibió para la causa. Aun así, algunos senadores manifestaron que no querían negociar con un régimen militar.
Torrijos entendió que debía ofrecer una apertura hacia la democracia para conseguir los votos. Los invitó a Panamá y prometió avanzar hacia la legalización de partidos políticos, la libertad de prensa y el regreso de exiliados, aunque el régimen siguió siendo militar y mantuvo restricciones.
Pero seguían sin tener los votos suficientes y aquí vinieron las maniobras políticas de otros senadores.
Dennis DeConcini, senador de Arizona por el Partido Demócrata (el mismo que Carter) quería atraer votos del Partido Republicano. Entonces introdujo una enmienda (algo que se añade o modifica al tratado) que autorizaba a los Estados Unidos a usar la fuerza militar para reabrir el Canal o restaurar sus operaciones. Paralelamente, Sam Nunn, senador demócrata por Georgia, impulsó otra modificación, que dejaba abierta la posibilidad de la permanencia de militares en Panamá después de 1999. Torrijos y Carter se oponían, pero terminaron aceptándolas para asegurar los votos.
La votación se dividió en dos: el Tratado de Neutralidad y luego el Tratado del Canal.
La tensión era tanta que, tres días antes del primer voto, Carter anotó en su diario: “Es difícil concentrarse en cualquier cosa, excepto Panamá”.
Según relata el entonces negociador de los tratados, Aristides Royo, Durante la primera votación para el Tratado de Neutralidad, hubo senadores que inicialmente apoyaron, pero sintieron temor al último momento y se refugiaron en el baño. Otros senadores tuvieron que ir a buscarlos para asegurar que votaran.
Necesitaban 67 votos a favor. Al finalizar, registraron 68 votos. Ahora faltaría la votación del Tratado del Canal.
Carter presentó una modificación al Tratado del Canal antes de la votación para contrarrestar las acciones de DeConcini y Nunn. Se les llamó la reservas senatoriales y reafirmaban el principio de que Estados Unidos no debe intervenir en los asuntos internos de Panamá. Y sin saber muy bien cómo reaccionarían los senadores, vendría la última votación.

El día de la votación, Torrijos en una rueda de prensa advirtió:
“Yo sé que cuando a un pueblo se le cierran todas las rutas de negociación pacífica, a quienes dirigimos, no nos queda otro camino que elegir la ruta de la liberación violenta”.
Torrijos se retiró a su casa en Calle 50, con Aristides Royo, Rómulo Escobar y la periodista estadounidense Barbara Walters, quien le estaba dando cobertura a la votación desde Panamá. Escucharon la votación por radio, traducida al español. Torrijos terminó rompiendo varios radiotransistores mientras escuchaba el debate.
Finalmente, llegó la votación. Necesitaban 67 votos y obtuvieron 68. Estados Unidos ratificó los Tratados Torrijos-Carter.

Omar, Aristides y Rómulo dejaron a la periodista en una televisora y después se dirigieron a la comandancia. Al llegar Omar le dijo a las unidades que “se desmonta la Operación Potable”.
Torrijos había organizado un plan secreto con la Guardia Nacional. Ese día, había alrededor de 200 agentes en puntos estratégicos. Para no levantar sospechas, se dejaron crecer el pelo y barba. Algunos se disfrazaron de turistas o campesinos.
El objetivo era actuar si Estados Unidos rechazaba los tratados, activando una operación militar en el Canal.

Estaban escuchando la radio. Si Torrijos decía que los tratados “no eran potables”, la operación empezaba sin vuelta atrás. pero, como el senado lo ratificó, Torrijos canceló el plan secreto y hubo celebración. El Canal y la Zona, al fin, serían panameños.


