Un gran despliegue de policías y helicópteros militares vigilaba este sábado 29 de abril el estadio egipcio en el que el papa Francisco ofrecerá una misa a cielo abierto para la pequeña comunidad católica egipcia en su segundo y último día de visita al país. Durante su viaje, el pontífice ha tratado de alentar a los cristianos tras varios ataques de extremistas islámicos.
Pese a las preocupaciones de seguridad, Francisco se movió por el estadio deportivo en un carro de golf descubierto antes de comenzar la ceremonia.
El estadio, propiedad del Ministerio de Defensa, tiene espacio para 25 mil personas, pero para cuando llegó el Papa estaba a menos de la mitad de su capacidad. La seguridad era especialmente alta en torno al estadio y en el lujoso barrio donde pasó la noche Francisco.
Había policías uniformados y de paisano aproximadamente cada metro (yarda) del recorrido hasta el estadio. La policía utilizó detectores para buscar explosivos en los vehículos y había guardias armados vigilando, algunos en azoteas, con el rostro cubierto.
El papa Francisco decidió prescindir del papamóvil antibalas que emplearon sus predecesores en viajes al extranjero y se movió por El Cairo en un sencillo Fiat con la ventanilla bajada.

A su llegada el viernes 28 de abril, el papa Francisco instó a los líderes musulmanes egipcios a rechazar la violencia en nombre de Dios y en su lugar enseñar a los jóvenes tolerancia y respeto a las personas de otras confesiones. También apoyó con firmeza la campaña del gobierno contra las milicias islámicas.
Su cita más importante fue una visita histórica a la universidad de Al Azhar, la milenaria institución de enseñanza suní donde se forman clérigos y eruditos de todo el mundo. Terminó el día rindiendo homenaje a las víctimas de un ataque el pasado diciembre contra la catedral copta ortodoxa, donde las paredes siguen manchadas de sangre y marcadas por la metralla.
Tras la misa del sábado, Francisco tenía previsto reunirse con sacerdotes y seminaristas católicos antes de regresar a Roma.




