Partidarios y detractores de Rousseff empiezan a medir fuerzas

Este domingo, los diputados de Brasil votarán sobre un pedido de impeachment contra la presidente Dilma Rousseff , acusada de manipulación de las cuentas públicas. 

Partidarios y detractores de  Rousseff  empiezan a medir fuerzas
Partidarios y detractores de Rousseff empiezan a medir fuerzas

Unos denuncian un "golpe", otros piden la caída de Dilma Rousseff  por "corrupta": partidarios y opositores de la mandataria de izquierda se muestran los dientes en Brasilia, a tres días de un crucial voto sobre su destitución.

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La valla metálica de un kilómetro que arranca frente al Congreso y rasga en dos la monumental explanada de los ministerios, en el corazón de la capital, es una buena metáfora de esta rivalidad.

Las autoridades decidieron levantar esa barrera para separar a las decenas de miles de manifestantes de los dos bandos que el domingo, si la justicia no acepta recursos judiciales, seguirán de cerca la votación de los diputados sobre un pedido de impeachment de Rousseff , acusada de manipulación de las cuentas públicas.

Al anochecer del jueves, unos 200 manifestantes protestaban contra el gobierno a uno de los lados de la explanada.

Un camión con altavoces animaba el ambiente y un hombre vestido de presidiario llevaba una enorme máscara con el rostro del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010), mentor de Rousseff e investigado en el caso de corrupción de Petrobras.Los manifestantes pedían la salida de la presidenta con carteles que decían "Impeachment ya", "Lula ladrón" o que criticaban al Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff .

"No quiero seguir viendo cómo mi país se hunde en la corrupción y el desorden", declaró a la AFP Cleidson Gomes, un funcionario público de 35 años que llevaba una enorme bandera brasileña.

"Estoy seguro de que el domingo venceremos y de que Dilma va a caer", apostó.A pocos kilómetros, dentro de un recinto deportivo junto al estadio mundialista Mané Garrincha, medio millar de partidarios de Rousseff acampa desde inicios de esta semana, en espera de la votación del domingo. "Ya somos unas 500 personas, pero para el fin de semana esperamos más de 100 mil.

Vinimos acá para hacer frente a este golpe", dijo a la AFP el sindicalista Paulo Joao Estausia, de Sao Paulo.Dos o tres buses con manifestantes llegan todos los días hasta el lugar desde distintos puntos del país.

Bajo una carpa se almacenan bolsas de alimentos y útiles de aseo, mientras cuadrillas de hombres y mujeres se afanan en los fogones para preparar la comida. "Vinimos a defender la democracia y todo lo que el PT hizo por nosotros", proclama Iris Nascimento, de 50 años, una pequeña agricultora "sin tierra".

"Cada vez que voy a mi tierra, en el noreste de Brasil, veo cómo la gente ha mejorado su vida. Ahora tienen casas, tienen qué comer y todo eso es gracias al PT", aseguró.

Los empobrecidos estados del norte y noreste son el mayor baluarte del debilitado gobierno brasileño, en contraposición a los ricos estados del sur. Este sábado se espera que la propia mandataria visite el campamento.

Unas 300 mil personas deben concentrarse en la explanada entre el 15 y el 17 de abril, según la secretaría de seguridad pública de Brasilia. "Creo que está muy bien que hayan levantado este muro, porque si no la gente iba a armar un desastre muy grande", opina Elton Pereira, de 37 años, sacándose fotos con su celular junto al muro a proximidad del Congreso.

Proyectada por el célebre arquitecto Oscar Niemeyer e inaugurada en 1960, Brasilia era el sueño de la integración nacional. Su diseño es un avión encabezado por los edificios de la presidencia, la corte suprema y el Congreso, los tres poderes del Estado.

"Ellos son violentos, es mejor que lo hayan levantado. Así estamos más seguros", opinó Assunção Suárez, de 52 años, que se manifestaba contra el gobierno en ese lugar.Del lado derecho del muro, que fue asignado a los manifestantes pro impeachment, había carteles con mensajes como "fuera Dilma", "gobierno podrido" y "gobernar no es robar".

"Éste es el Muro de Berlín. Del lado occidental", se leía en otro papel.


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