El 14 de enero de 2015 será recordado por los italianos como el día del último acto público del presidente de la República, Giorgio Napolitano, que tras ocho años y siete meses de “generoso y ejemplar servicio a Italia” -como ha destacado el papa Francisco- hoy ha recibido los últimos honores militares en el patio del Palacio del Quirinale, marcando el fin de una época.
Napolitano, el primer comunista que llegó a la institución más alta de la República italiana, ha defendido con honor el ejercicio de la presidencia revalorizándola más allá de los simples rituales protocolarios.
Il Re Giorgio, como le apodan cariñosamente en Italia, ha dedicado su vida política a escuchar a los ciudadanos, a consolidar la democracia, y a hacer más sólida la unidad nacional. Y a sus 89 años de edad, se ha cansado. “He tocado con la mano el peso de la edad y las crecientes dificultades en el ejercicio de mis funciones institucionales”, dijo en su mensaje de fin de año.
En 1978, fue el primer dirigente del Partido comunista italiano en ser recibido por Estados Unidos. En aquella ocasión dijo que para la realización del sueño socialista no era necesario la transferencia “al Estado o a otras formas de propiedad colectiva de todos los medios de producción” y el Pentágono comentó: "He is pinker than red". Y en abril de 2013, Giorgio Napolitano fue el primer Jefe de Estado en ser reelegido por el Parlamento italiano.
Durante su presidencia, supo salvar la dignidad de Italia y recuperar la confianza de los mercados en un momento de acuciante crisis económica, en la que el entonces primer ministro, Silvio Berlusconi, aparecía ante el mundo como un septuagenario con graves problemas judiciales y cuya debilidad eran las mujeres mucho más jóvenes que él.
El 8 de noviembre de 2011, Napolitano tomó el control de la situación al forzar la caída del ejecutivo de Berlusconi y encargar un gobierno técnico a Mario Monti, excomisario europeo de Competencia y rector de la prestigiosa universidad de Milán de Bocconi.
Será recordado por su defensa acérrima de las instituciones que llevaron al país a la serenidad democrática tras los estragos de las leyes hechos a la medida, promulgadas por los gobiernos berlusconianos que pretendían blindar a su líder de la acción judicial o beneficiar fiscalmente a sus empresas.
Sin embargo, el “gentilhomme” del Quirinale, cuyo penúltimo encargo fue recibir las credenciales del nuevo embajador de Panamá, Fernando Berguido, todavía no ha visto el renacer de Italia en toda su plenitud.
Al contestar la ingenua pregunta de una niña delante del Quirinale, horas antes de hacer las maletas, suspira aliviado.
- ¿Está contento de volver a casa, Presidente?
-Claro que estoy contento. Ha llegado el momento. Aquí es todo muy bonito, pero se está un poco encerrado, se sale poco, casi como en una prisión… En casa estaré bien y podré pasear.
