Gabriel García Márquez fue el primero en anticipar que la entrega del Canal podía tener un efecto inverso al esperado por los panameños.
En el reportaje titulado “El hombre fuerte de Panamá”, publicado de nuevo por La Prensa el 19 de agosto de 2007, 30 años después de la firma del tratado Torrijos – Carter, el colombiano escribió que precisamente la “firma del tratado no acabará con sus problemas, sino todo lo contrario. Entonces será cuando empiecen los más grandes. El tema del Canal ha sido tan absorbente, que va a dejar en la vida de los panameños un vacío casi sin fondo que ya no podrá llenarse con esperanzas sino con hechos concretos”.
El trigésimo segundo presidente de Panamá tiene un recuerdo personal del novelista que retrata los efectos de su posición política y contestataria, en los años del tratado Torrijos-Carter. Una anécdota que explica el significado del “juega vivo panameño” en el buen sentido del término.
Arístides Royo dice que García no tenía la visa de los Estados Unidos y entonces Torrijos le “dio un pasaporte como su hubiera nacido en Panamá, de ciudadano”. Royo olvidó el nombre puesto en el documento, pero en cambio sí recuerda que “colocó como si hubiera nacido en Chiriquí”.
Comenta también que Torrijos le preguntó a Carter por qué le negaba la visa a escritores como García. Carter, que no sabía nada de aquello, pidió información a Zbignew Brizinsky, director del consejo de seguridad nacional. La respuesta: Es muy amigo de fidel y viaja a Cuba y conspira. “Un hecho falso porque lo que hacía era pescar con Castro, hacer cine y colaborar con el Instituto Cubano de Cinematografía”.
Es probable que uno de los expertos en el Nobel de literatura sea el excanciller Jorge Eduardo Ritter. La amistad nació en 1975 en el aeropuerto de Tocumen, y llegó a tal punto que el panameño era de las personas a quienes les llegaban las obras del colombiano antes de las librerías. Es más, en la presentación del libro “Vivir para contarla”, Ritter le explicó a Panamá el por qué del sobrenombre de Gabo. “No es por confianzudo ni para presumir de la amistad. Él mismo [García] cuenta que como siempre lo llamaban Gabito llegó a sentir que ese era su nombre de pila, que Gabriel era su sobrenombre y que Gabo es un diminutivo regular de Gabito”.
En un texto acabado de publicar en el diario El País de España, “El legado universal de García Márquez y el amor de los lectores”, Ospina revela de qué tamaño era el vínculo del panameño y el colombiano. “Jorge Ritter le preguntó por la novela en que estaba trabajando. ´Ya está lista´, le contestó Gabo, ´solo falta escribirla´”.
El escritor le rindió un homenaje a Panamá cuando recibió el premio nobel de literatura en 1982. En su discurso mencionó el hecho de que “apenas en el siglo pasado la misión alemana encargada de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro”.
Hace unos minutos Martín Torrijos tuiteó algo referente a ese amigo heredado de su padre. “La humanidad pierde a un ser querido y admirado. Gabriel García Márquez es tan grande que su pérdida se siente como propia en todo mundo”.
Estamos de acuerdo con el exmandatario. Mientras se redacta esta nota, la periodista Alicia Mon Chambers llama por teléfono al escritor Juan David Morgan para conocer su impresión por la muerte del colombiano. “Soy portadora de malas noticias: se nos fue García Márquez”, le dice a Morgan. Al parecer se quedó mudo, como si algo se le hubiera derretido por dentro, porque Alicia, con la voz firme, le repitió la información de otra manera. Dijo: “El señor Gabriel García Márquez acaba de morir... ”.
