Cliché aparte, estuve preso en la Modelo por 35 meses por un crimen que jamás cometí. Una noche de 1955 asesinaron a mi amigo y entonces Presidente, José Antonio Remón Cantera. El hado y la Constitución me asentaron en el Palacio de las Garzas horas por consecuencia de este magnicidio. Desde hace mucho el poder nacional tenía que ser compartido con la comandancia y el patriciado local. Me llamo José Ramón Guizado, fui tu Presidente #30 por 11 días y la siguiente es mi historia.
En 1952, el militar José Antonio Remón triunfa constitucionalmente gracias, en parte, a una coalición de cinco partidos. Apenas teníamos 49 años como nación independiente de Colombia gracias a un capricho norteamericano de hacer un canal interoceánico aquí. A mis 54 años yo traía al Palacio una exitosa carrera política y empresarial. Me gradué de Vanderbilt y era socio de una empresa constructora con una cartera millonaria en obras. Desde nuestra independencia, al día de hoy, hemos tenido 44 Presidentes y solo 15 hicieron su periodo de cuatro años completos.
Un adinerado charlatán apelado Rubén Miró se auto culpó como artífice del magnicidio y yo cómplice intelectual. Luego arrastrado a la Modelo, y un juicio donde fui condenado por un testimonio no comprobado. Los diputados repuntaban hacia mi culpabilidad como si el verbo de Miró viniese del Evangelio. Sin embargo, un mes después (pocos días antes de la audiencia), Miró se retracta y ahora me señala como inocente.
Ninguna sorpresa les causó esta valiosa retractación a mis inquisidores en la Asamblea Nacional. Recuerda, el norte de sus patrocinadores era mantenerme fuera los 18 meses restantes de mi presidencia y lo lograron por casi tres años. Ya entendiendo la frustración que divagaba por la mentes del Capitán Alfred Dreyfus y el ficticio Edmund Dantes, de Alejandro Dumas en sus respectivos presidios.
En el juicio me tiraron de todo; desde el fregador, la vajilla y hasta el salero. Aunque yo hubiese convertido agua en vino, mientras, en el estrado, el norte continuaba en secuestrarme el año y medio que me correspondía en la presidencia tras la muerte de Remón. ¿Las razones? Pronto te percatarás el por qué.
Era obvio que la Asamblea estaba aleccionada a serme hostil y lanzarme a la cárcel por largos años. De los 57 diputados solo ocho se objetaron condenarme. Mientras muchos de mis supuestos aliados políticos me apuñalaron, mi férreo opositor el diputado Carlos Iván Zúñiga me apoyó con su voto. El documenta que hubo una reunión de diputados para comprar un fallo condenatorio. Años después, la suplente Josefina Higuera me aseguró que en aquella conjura fluyeron decenas de sobres conteniendo miles de dólares para comprar sus conciencias.
Casi tres años después de mi asesinato político, Miró y los demás sospechosos del magnicidio fuimos absueltos. Esto en parte debido a una edición de la revista amarillista cubana Bohemia que atribuía el asesinato a la mafia de Nueva York. A las víctimas, protagonistas y antagonistas de aquella noche de 1955 les convenía tal reportaje. Con esto astutamente los artífices de esta charada azuzaron el cierre de este engorroso show judicial de más de mil días.
Parafraseando a Danilo Sousa Moreira en el artículo anterior de mi coautor de hoy ( https://www.prensa.com/opinion/mataron-enero_0_5079242110.html ) ¿A quiénes les convenía un Remón muerto en 1955? ¿Por qué asesinarme políticamente a mis once días en Las Garzas?
Remón tenía pocos días de asesinado, me percato que su hermano Alejandro Toto Remón era viperinamente ambicioso. Vía emisarios, me exigía nombrarlo líder del poderoso Ministerio de Gobierno. Mis objeciones a cambiar el gabinete que heredé de su difunto hermano, al igual que aprobar un conflictivo préstamo estatal (vía CSS), a la camaronera de Toto fueron mi coup de grâce y beso de la muerte.
El patriciado Dicky Arias Espinosa recibe la presidencia después de haber sido mi vicepresidente por once días, inmediatamente nombra a Toto Remón en su adorado Ministerio, y aprueba el mencionado préstamo sin su más mínimo análisis financiero. Por ende, el presidente Arias es vía constitucional descalificado para reelegirse en la siguiente contienda electoral en la que era el favorito. Al sol del día de hoy, me alucina por qué estas poderosas figuras, junto a la viuda, no mostraron interés alguno en investigar seriamente el magnicidio o mi asesinato político.
¿Que temían mis antagonistas que yo saliera de la cárcel cuando Miró se retractó seis semanas después del asesinato? ¿Será porque tenía fama de no tolerar chanchullos? Es más, los investigadores internacionales que traje durante mis once días, fueron continuamente torpedeados por el ministerio que Toto dirigía, y otras hienas locales más. Varios detectives fueron escoltados a Tocumen cuando encontraban pistas.
En fin, coincido con mi coautor de hoy. Esto es Panamá. Una vez que eres falsamente señalado, portarás una letra escarlata el resto de tu vida. Te quedarás embarcado en aquel anden, esperando la llegada del tren con tu merecida absolución. Ni millones ni limosnas, queremos justicia.
El autor es ingeniero.