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BLANQUEO DE CAPITALES

‘The Economist’ y Gran Bretaña… sigue la historia

Seguimos informando sobre el contenido del artículo de The Economist, del 11 de octubre de 2018 (la primera parte fue publicada el 12 de diciembre) con el afán de que el lector entienda que a Panamá lo están tratando, las potencias europeas y algunos países vecinos, como un estado pusilánime repleto de criminales y de lavadores de dinero. Les recuerdo que The Economist afirmaba que “Londres era, en pocas palabras, ideal para lavar dinero”. Sigo parafraseando el artículo antes mencionado: Personas dan todo tipo de razones para no ahorcar al ganso de oro (sería similar a matar a la gallina de los huevos de oro). Las medidas drásticas asustarían a las inversiones legítimas, especialmente si se trata de discriminar contra nacionalidades enteras: muchos rusos son dueños de apartamentos (flats) a través de compañías extraterritoriales (offshore) por razones de privacidad o planeación fiscal legal. Nótese que el término y el servicio de planeación fiscal legal (legal tax planning) ya no suena tan mal si se hace en Londres. Fuera Panamá, el que lo ofreciera y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ya nos hubiera reprendido y a Pascal Saint-Amans le hubiera dado un ataque de histeria.

Al igual que en Panamá el reto británico está en aplicar en forma eficaz las leyes que ya fueron aprobadas. En el año 2016, Gran Bretaña fue el primero del G20 en lanzar un registro público de los beneficiarios de las sociedades, con el fin de sacar a la luz las compañías que eran utilizadas para fines ilícitos. Pero el sistema depende de la autosupervisión. Sí, escuchó bien. A mí me dan dos minutos para secarme las lágrimas de la risa.

Companies House, la entidad propiedad del Gobierno británico que ofrece la incorporación de compañías, no tiene los poderes ni los recursos para revisar lo que se envía como información de los beneficiarios finales. Cito a The Economist: “La supervisión de las firmas que crean las sociedades es tan débil y las multas tan miserables -típicamente de mil a dos mil libras- que hacen ver a las Islas Vírgenes Británicas (BVI) como robusta. Inevitablemente, los honestos cumplen y los criminales mienten”. Es sorprendente la sinceridad con que escribe The Economist, pero a la vez triste que Panamá no alce su voz ante la discriminación que sufre de los países europeos, liderados por Francia, y de los organismos que buscan acabar con nuestra plataforma de servicios financieros y legales.

Sigo con The Economist. Peor aún, los entes legales carecen de los recursos necesarios para perseguir a los casos importantes. Con presupuestos limitados, con la falta de especialistas en este tipo de casos complejos y los oligarcas que contratan a los mejores abogados, las agencias gubernamentales ni hacen el intento. “Gran Bretaña no ha tomado el liderazgo en casos transfronterizos en años”, afirma la revista. Cito textualmente: “La respuesta de Gran Bretaña a esta amenaza del flujo de fondos ilícitos ha sido más retórica que acciones significativas. Es hora de corregir”. Por lo visto, ellos deciden cuándo hacer correcciones y no es el Grupo de Acción Financiera (GAFI). Y como vimos, anteriormente, los británicos lo harán cuando el brexit no ponga en juego al sistema financiero y a los empleos de la City. Verdaderamente aplastante el artículo. Me da hasta pena ajena.

La pregunta que nos debemos hacer es ¿por qué el GAFI -después de los recientes escándalos en Dinamarca, Estonia y de haber leído los detalles sobre la pujante lavandería europea - nos ataca sin misericordia? Me informan que en la plenaria de GAFI en Quito, Ecuador, de hace una semana nos dieron hasta con el banquillo. Parece que estamos resignados a que nos traten, en el escenario mundial, como estiércol, ya que seguimos aguantando desplantes de los burócratas engreídos del GAFI y de cuanto país u organismo que nos quiere imponer sus reglas (estas que muchos países miembros ni cumplen). Encima, vienen a Panamá y nos dicen que somos unos criminales, lavadores de dinero y que ayudamos a evadir al fisco de sus países. Que tenemos que pasar esta u otra ley para que no nos sancionen. ¿Y qué hacemos nosotros? Inclinar la cabeza y hacer pucheros.

Que las naciones pequeñas debemos hincarnos ante las más grandes y poderosas es un paradigma. Hay otros países de la región caribeña que también están sufriendo estos ataques y con quien deberíamos, al menos, armar un grupo de países en defensa de nuestras industrias. Panamá, con su vocación de liderazgo y teniendo experiencias diplomáticas exitosas en el pasado -como la reversión del Canal de Panamá- debería liderar ese esfuerzo.

El autor es abogado


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