El autor del escrito ‘Guerras avisadas y un futuro incierto’, https://www.prensa.com/opinion/Guerras-avisadas-futuro-incierto_0_5148235239.html es el actual secretario técnico de la Comisión Nacional contra el Blanqueo de Capitales, y por ende el representante de Panamá ante el Grupo de Acción Financiera (GAFI). Sí, señores, nuestro representante. Su única función es defender los intereses de la República de Panamá. Su lectura confiesa lo que he venido sospechando desde hace un tiempo. Nuestro futuro está secuestrado entre la incompetencia, el complejo de país bananero y las lealtades al estilo Buneau Varilla. Con el agravante de que ya se ha perdido la más mínima vergüenza hacia la pusilanimidad.
La desesperación servil que se refleja en la pluma del autor por complacer al GAFI se mezcla con la desesperación de satisfacer con lo que pareciera fue una de las exigencias, que nos vino a reclamar en su visita relámpago Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos (EU), hace un par de días atrás. La declaración de la evasión fiscal como delito precedente al lavado de dinero.
Si EU, que está detrás de esto, no cataloga la evasión fiscal como delito precedente al lavado de dinero, ¿por qué tenemos que hacerlo nosotros?
Si el GAFI quiere acabar con las armas de destrucción masiva en vez de estar culpando a los bancos y sociedades panameñas, ¿por qué no van a molestar a los países mayores exportadores de armas?
Cuando vemos quiénes son nos damos cuenta de la razón de la tirria contra Panamá. De los primeros 10, 7 son países OCDE y 6 miembros de la Unión Europea. EU, Francia, Alemania, Reino Unido, España, Italia y Holanda lideran las exportaciones de armas.
El lavado de dinero no se da en Panamá por culpa de tener regulaciones laxas, sino por estar geográficamente en el medio de Colombia y EU, el primero es el mayor productor y el segundo el mayor consumidor de drogas en el mundo. Es en esos dos países y no en Panamá donde se dan las mayores transacciones de lavado de dinero a nivel mundial.
¿O es que acaso nuestra soberanía está supeditada a lo que le venga en gana al GAFI o a las amenazas de listas negras? Ya está bueno del bochornoso síndrome de Estocolmo que aflora de nuestros representantes.
Nuestra economía no está desacelerada por no tener la evasión fiscal como delito precedente al lavado de dinero, sino por estar como pendejos, acatando todas las imposiciones que el GAFI nos ha exigido en los últimos tres años. Esto ha hecho que nuestra competitividad se desplome del segundo al séptimo lugar en América Latina, según el último informe del Banco Mundial.
Panamá ha estado en listas negras desde 1998 sin que nuestro crecimiento se viera afectado. La IED se ha venido a caer y la economía a desacelerar precisamente ahora que estamos cediendo todo a todos.
Y mientras más cedemos, más nos piden y seguimos igual en todas las listas. Ahora entramos recientemente a otra lista inventada de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dizque de pasaportes “pro evasión fiscal”. ¿Hasta cuándo? Lo que empezó con eliminar las acciones al portador ya va por modificaciones a nuestro Código Penal, bajo amenaza de ponernos en listas discriminatorias y quitarnos las corresponsalías bancarias.
Corresponsalías que ya son el pasado, pues sus funciones ya están siendo reemplazadas por tecnología blockchain, que además de ser más eficiente y segura, sería la llave para quitarnos de encima todas estas amenazas de una vez por todas.
No se trata de “[…] halarse los pelos, rasgarse las vestimentas y proclamar nuestra inocencia y pulcritud”, parafraseando a nuestro flamante representante. Solo hay que armarse con el derecho internacional público en una mano y con tecnología de punta en la otra. Si a eso le agregamos amor propio y dignidad nacional, seguro que saldremos adelante. Pero parece que esto último no está en el ADN de quienes nos gobiernan. No es la primera vez que recorremos caminos tortuosos en aras de afianzar nuestra soberanía. Pero si seguimos cómo andamos mejor es que nos convirtamos nuevamente en una Zona del Canal ampliada, que controle no solamente el Canal, sino toda nuestra economía.
La soberanía es como la virginidad. Se tiene o no se tiene. Depende solo de nosotros escoger qué camino queremos.
El autor es abogado