Este sábado 9 de diciembre, día de la lucha contra la corrupción, se tiene la oportunidad para reflexionar y cuestionarse sobre un problema que carcome la ética de nuestros Estados y sociedades latinoamericanas, indica la Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia (Redlad).
La Redlad hace un llamado a que desde la ciudadanía y las organizaciones "nos apropiemos de nuestro rol como veedores del Estado y del sector privado que ejecuta recursos públicos para que demos ejemplo de transparencia y rendición de cuentas desarrollando herramientas de control interno de nuestras propias actividades".
Uno de los escándalos más recientes de corrupción en América es el caso Odebrecht que desde finales de 2016 destapó una trama corrupta de enormes proporciones en todo el continente, que destinó grandes cantidades de dinero para comprar a políticos y funcionarios de los países donde tenía sus principales intereses para ganar licitaciones públicas de obras de gran envergadura.
"Odebrecht ha demostrado que la corrupción no tiene límites ideológicos, ni fronterizos, ni en dinero, ni en ambición. Es la muestra de que su perpetuación y permanencia se debe a la estrecha connivencia entre los sectores público y privado", señala el escrito.
La Redlad ve con enorme preocupación estos actos de corrupción, y destaca que es frecuente la alianza criminal entre agentes del Estado con personas pertenecientes al empresariado. Esto se debe a que el clientelismo y el pago de favores se han enquistado como normas en las instituciones públicas, puesto que para muchos políticos la subvención de los privados es imprescindible para financiar sus campañas.
El documento también establece que en octubre de este año Transparencia Internacional publicó su informe “La corrupción y la gente: América Latina y el Caribe”, en el cual ha dicho que en los últimos años se han observado en la región de América Latina y el Caribe tendencias preocupantes, que incluyen el deterioro de los derechos humanos y el debilitamiento de las estructuras de gobernanza.
Esto muestra que la corrupción no es un problema exclusivo de políticos y élites económicas, sino también de la ciudadanía de a pie que, en alguna forma, ha normalizado algunas prácticas corruptas en la cotidianidad.
La Redlad demanda "cambios sociales de comportamientos desde nuestras propias realidades para que de esa formas el discurso sobre el cual nos paramos como organizaciones y ciudadanías empoderadas sea coherente con la praxis".
