El plástico que una ciudad arroja a la calle puede terminar en el mar. El que una barrera logra detener en un río tampoco desaparece.
Solo cambia de lugar.
Desde septiembre de 2022, Wanda, la rueda recolectora instalada por la organización ambiental Marea Verde en el río Juan Díaz, ha retirado 676 mil 500 kilos de residuos que, de continuar su recorrido, podrían alcanzar las aguas marino-costeras.
Pero una cifra cambia la historia: solo alrededor del 15% puede reciclarse.
¿Qué ocurre con el otro 85%?
Detener los desechos antes de que lleguen al mar es apenas una parte del problema. Después comienza una cadena menos visible: clasificación, transporte, aprovechamiento y disposición final.

Lo que queda después de recoger
Una vez fuera del agua, los residuos son clasificados. El plástico que puede aprovecharse es recogido por una recicladora nacional, mientras que los materiales que no pueden recuperarse son enviados a Cerro Patacón, explicó Laura González, directora de Marea Verde.
Entre los materiales más frecuentes están las botellas plásticas y el foam. Este último no es reciclable.
La operación también tiene un costo. Transportar una tonelada hasta Cerro Patacón cuesta cerca de $200, sin contar la mano de obra y la infraestructura necesarias, explicó González.
La labor no se limita al río Juan Díaz. En Río Abajo, Marea Verde ha recolectado 86 mil kilos desde julio de 2025, mientras que en el río Matías Hernández ha retirado 18 mil kilos desde junio de 2025.
En conjunto, las operaciones en estos tres puntos suman 780.5 toneladas retiradas.
Una ruta hacia los dos mares
Los ríos urbanos son una de las rutas por las que los residuos abandonan tierra firme y pueden alcanzar las costas de Panamá. En un país conectado por el mar Caribe y el océano Pacífico, detenerlos antes de que continúen ese recorrido es también una forma de proteger sus dos mares.
El problema comienza mucho antes de que una botella llegue al agua.
La línea base de la Hoja de Ruta de la Plataforma Nacional de Acción sobre los Plásticos (NPAP Panamá) estimó que Panamá generó más de 380 mil toneladas de residuos plásticos en 2022.
Según Kirving Lañas, coordinador de proyectos de la Dirección de Verificación del Desempeño Ambiental del Ministerio de Ambiente (Miambiente), de ese volumen apenas unas 5 mil toneladas fueron recicladas, equivalentes a una tasa de circularidad de 1%.
Unas 167 mil toneladas, el 44%, terminaron en vertederos y aproximadamente 140 mil toneladas, el 36.8%, fueron quemadas al aire libre.
La línea base estimó además unas 16 mil toneladas de residuos plásticos como contaminación acuática. Esta cifra corresponde a 2022 y no representa una medición actual de cuánto plástico llega hoy a ríos, costas y mares.
Aun así, permite entender el origen de una botella encontrada en una barrera flotante: no nació en el río. Llegó allí después de atravesar una cadena que comienza con la producción y el consumo y continúa con la gestión de los residuos.

Cuando vuelve a ser materia prima
Una parte de estos materiales puede regresar a la economía mediante el reciclaje. Ese es el principio de la economía circular: mantener los materiales en uso el mayor tiempo posible y evitar que terminen definitivamente como basura.
Trashforma es un ejemplo. En abril pasado puso en marcha una planta de procesamiento de plásticos con apoyo de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), mediante fondos concursables de innovación empresarial.
En alianza con Fundación Remar, el proyecto combina reciclaje, innovación y un componente social. En menos de siete años, Trashforma ha reciclado más de 2 mil toneladas de materiales y las ha convertido en vasos, bandejas, madera plástica, parques infantiles y cercas.
“El modelo de negocio se centra en la economía circular, generando valor económico, social y ambiental”, explicó Nicole Vander Werf, líder del proyecto.
Otra experiencia es Clandestino Labs, que trabaja con plástico recuperado por Marea Verde y lo convierte en láminas para fabricar mesas, sillas, maceteros y otros productos.
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Estos casos muestran que parte de los residuos extraídos de los ríos puede tener una segunda oportunidad. Pero esa posibilidad depende de la calidad del material, la capacidad de procesamiento y la existencia de un mercado para los productos resultantes.

El reto de Panamá
Lañas indica que la Hoja de Ruta de la Plataforma Nacional de Acción sobre los Plásticos plantea mejorar la separación en hogares y comercios, ampliar la recolección diferenciada, desarrollar infraestructura de clasificación y fortalecer los mercados para los materiales recuperados.
También contempla sistemas de reúso y rellenado, cambios en el diseño de productos y envases y mecanismos de Responsabilidad Extendida del Productor.
La distancia entre la situación actual y la meta es amplia.
En 2022, Panamá recicló unas 5 mil toneladas de residuos plásticos. Bajo el escenario de “Cambio de Sistema”, la meta es superar las 92 mil toneladas anuales para 2040, casi 19 veces el volumen de la línea base.
El objetivo es alcanzar una circularidad del plástico del 58% para 2040 y reducir en 67% la contaminación por plásticos respecto de 2022.
Para lograrlo, no basta con retirar los residuos del ambiente. También es necesario reducir su generación, mejorar su separación y crear las condiciones para que los materiales aprovechables regresen al sistema productivo.
La botella no desaparece
Una botella puede desaparecer de una calle cuando la lluvia la arrastra por un drenaje. También puede desaparecer de la vista cuando Wanda la intercepta.
Pero no desaparece.
Puede convertirse en otro producto si encuentra una cadena capaz de recuperarla y procesarla. De lo contrario, terminará en un sitio de disposición final.
Proteger los mares, entonces, no consiste únicamente en recoger lo que ya llegó al agua. También implica reducir la generación de residuos, mejorar su separación y crear las condiciones para que los materiales recuperables vuelvan al sistema productivo.
Porque el plástico no desaparece. Cambia de lugar.
Y en un país entre dos mares, el desafío es conseguir que también cambie de destino.

