Mario Vargas LlosaHace 7 añosNadie sabe para quién trabaja. Vox, convertido por la izquierda en el Lobo Feroz de esta campaña electoral, con sus ataques a la “derechista cobarde”, contribuyó de manera importante a la debacle del Partido Popular. Entró al Parlamento con 24 diputados, pero estará allí, probablemente, solo para que socialistas, independentistas y comunistas utilicen sus desplantes e imprecaciones de subido vozarrón nacionalista como las alarmas de un “fascismo” en perspectiva. Esta política justificará sin duda alguna acertadas medidas, pero también otras malas y muchas pésimas. La verdad es que la sociedad española es ya lo bastante democrática como para prohijar en su seno un movimiento verdaderamente fascista. Conformado por familias conservadoras aturdidas con la modernización de la sociedad española y grupos nostálgicos del franquismo, es probable que Vox haya alcanzado su tope máximo de aceptación en estas elecciones: el 10% de los votos. Pero los estragos que ha causado han sido, eso sí, cuantiosos. Entre ellos, haber prestado un servicio involuntario, pero de gran calado, al independentismo catalán, como veremos más adelante.