Hace 23 añosLas cifras de la Encuesta de Hogares de la Contraloría General de la República no hacen más que confirmar lo que muchos panameños viven en carne propia. El desempleo es el mayor problema nacional. Y en consecuencia, el gran desafío para quien asuma la silla presidencial en el próximo quinquenio. La falta de trabajo es un peligroso círculo vicioso, ya que produce una espiral de empobrecimiento y reduce la demanda de bienes y servicios. Y si las empresas no pueden vender sus productos, inexorablemente se ven obligadas a reducir puestos de trabajo. Todo parece indicar que el desempleo panameño es más estructural que coyuntural. Y esto implica la urgente necesidad de formular políticas coherentes para generar puestos de trabajo, alejándose de las frases y promesas demagógicas. Por un lado, hay que propiciar la adecuación del Código Laboral a las necesidades reales del país, ya que el actual reduce las posibilidades de adoptar medidas de estímulo. Y por otro, el aumento de la informalidad es un pesado lastre sobre la economía nacional, ya que reduce la recaudación de impuestos y cuotas a la seguridad social. Si no aparecen señales concretas de una ostensible reactivación de la mano de obra formal, es muy probable que el desaliento vuelva a ganarle la partida al optimismo que ha comenzado tímidamente a asomarse sobre la economía panameña.
Hace 23 añosLas cifras de la Encuesta de Hogares de la Contraloría General de la República no hacen más que confirmar lo que muchos panameños viven en carne propia. El desempleo es el mayor problema nacional. Y en consecuencia, el gran desafío para quien asuma la silla presidencial en el próximo quinquenio. La falta de trabajo es un peligroso círculo vicioso, ya que produce una espiral de empobrecimiento y reduce la demanda de bienes y servicios. Y si las empresas no pueden vender sus productos, inexorablemente se ven obligadas a reducir puestos de trabajo. Todo parece indicar que el desempleo panameño es más estructural que coyuntural. Y esto implica la urgente necesidad de formular políticas coherentes para generar puestos de trabajo, alejándose de las frases y promesas demagógicas. Por un lado, hay que propiciar la adecuación del Código Laboral a las necesidades reales del país, ya que el actual reduce las posibilidades de adoptar medidas de estímulo. Y por otro, el aumento de la informalidad es un pesado lastre sobre la economía nacional, ya que reduce la recaudación de impuestos y cuotas a la seguridad social. Si no aparecen señales concretas de una ostensible reactivación de la mano de obra formal, es muy probable que el desaliento vuelva a ganarle la partida al optimismo que ha comenzado tímidamente a asomarse sobre la economía panameña.
Hace 23 añosDe ninguna manera, independientemente del sexo, la etnia o la raza, los derechos de los niños deben ser ignorados o violados. Esta idea dio impulso a que las Naciones Unidas reconocieran, en una declaración universal, que los niños del mundo son inocentes y vulnerables, que su infancia debe ser una época de alegría y paz, y que su futuro debería forjarse con espíritu de armonía y colaboración. Por lo tanto, la niñez debe estar situada en el centro de las agendas de Gobierno y ser la prioridad de sus intereses. Y no como ahora, que para muchos son un estorbo y una molestia social, sometidos a la indiferencia ciudadana que se ha acostumbrado a verlos deambulando por las calles, forzados a trabajos que no dignifican en nada su condición de niños. Existen necesidades claras para que los infantes crezcan al amparo de una familia, se eduquen y jueguen en un ambiente sano, y se formen en un mundo solidario, lejos de los peligros y la violencia. Y es por eso que no debemos permitir que existan dudas respecto a lo inaceptable que es dejar impunes a los responsables del maltrato a los niños y las violaciones flagrantes contra sus derechos. Todos sentimos una profunda amargura cuando nuestros gobiernos, pese a los esfuerzos realizados por la sociedad civil y la comunidad internacional, no logran prevenir ni atender el estado crítico en que se encuentra la niñez panameña. Lentamente, pero con certeza, la sociedad reclamará esta falta de atención, porque ningún gobierno tiene derecho a esconder su incapacidad, desatendiendo las liberta des fundamentales de los niños, que más allá de que pertenezcan a la minoría o la mayoría, son seres humanos indefensos.
Hace 23 añosDe ninguna manera, independientemente del sexo, la etnia o la raza, los derechos de los niños deben ser ignorados o violados. Esta idea dio impulso a que las Naciones Unidas reconocieran, en una declaración universal, que los niños del mundo son inocentes y vulnerables, que su infancia debe ser una época de alegría y paz, y que su futuro debería forjarse con espíritu de armonía y colaboración. Por lo tanto, la niñez debe estar situada en el centro de las agendas de Gobierno y ser la prioridad de sus intereses. Y no como ahora, que para muchos son un estorbo y una molestia social, sometidos a la indiferencia ciudadana que se ha acostumbrado a verlos deambulando por las calles, forzados a trabajos que no dignifican en nada su condición de niños. Existen necesidades claras para que los infantes crezcan al amparo de una familia, se eduquen y jueguen en un ambiente sano, y se formen en un mundo solidario, lejos de los peligros y la violencia. Y es por eso que no debemos permitir que existan dudas respecto a lo inaceptable que es dejar impunes a los responsables del maltrato a los niños y las violaciones flagrantes contra sus derechos. Todos sentimos una profunda amargura cuando nuestros gobiernos, pese a los esfuerzos realizados por la sociedad civil y la comunidad internacional, no logran prevenir ni atender el estado crítico en que se encuentra la niñez panameña. Lentamente, pero con certeza, la sociedad reclamará esta falta de atención, porque ningún gobierno tiene derecho a esconder su incapacidad, desatendiendo las liberta des fundamentales de los niños, que más allá de que pertenezcan a la minoría o la mayoría, son seres humanos indefensos.
Hace 23 añosDe ninguna manera, independientemente del sexo, la etnia o la raza, los derechos de los niños deben ser ignorados o violados. Esta idea dio impulso a que las Naciones Unidas reconocieran, en una declaración universal, que los niños del mundo son inocentes y vulnerables, que su infancia debe ser una época de alegría y paz, y que su futuro debería forjarse con espíritu de armonía y colaboración. Por lo tanto, la niñez debe estar situada en el centro de las agendas de Gobierno y ser la prioridad de sus intereses. Y no como ahora, que para muchos son un estorbo y una molestia social, sometidos a la indiferencia ciudadana que se ha acostumbrado a verlos deambulando por las calles, forzados a trabajos que no dignifican en nada su condición de niños. Existen necesidades claras para que los infantes crezcan al amparo de una familia, se eduquen y jueguen en un ambiente sano, y se formen en un mundo solidario, lejos de los peligros y la violencia. Y es por eso que no debemos permitir que existan dudas respecto a lo inaceptable que es dejar impunes a los responsables del maltrato a los niños y las violaciones flagrantes contra sus derechos. Todos sentimos una profunda amargura cuando nuestros gobiernos, pese a los esfuerzos realizados por la sociedad civil y la comunidad internacional, no logran prevenir ni atender el estado crítico en que se encuentra la niñez panameña. Lentamente, pero con certeza, la sociedad reclamará esta falta de atención, porque ningún gobierno tiene derecho a esconder su incapacidad, desatendiendo las liberta des fundamentales de los niños, que más allá de que pertenezcan a la minoría o la mayoría, son seres humanos indefensos.
Hace 23 añosDe ninguna manera, independientemente del sexo, la etnia o la raza, los derechos de los niños deben ser ignorados o violados. Esta idea dio impulso a que las Naciones Unidas reconocieran, en una declaración universal, que los niños del mundo son inocentes y vulnerables, que su infancia debe ser una época de alegría y paz, y que su futuro debería forjarse con espíritu de armonía y colaboración. Por lo tanto, la niñez debe estar situada en el centro de las agendas de Gobierno y ser la prioridad de sus intereses. Y no como ahora, que para muchos son un estorbo y una molestia social, sometidos a la indiferencia ciudadana que se ha acostumbrado a verlos deambulando por las calles, forzados a trabajos que no dignifican en nada su condición de niños. Existen necesidades claras para que los infantes crezcan al amparo de una familia, se eduquen y jueguen en un ambiente sano, y se formen en un mundo solidario, lejos de los peligros y la violencia. Y es por eso que no debemos permitir que existan dudas respecto a lo inaceptable que es dejar impunes a los responsables del maltrato a los niños y las violaciones flagrantes contra sus derechos. Todos sentimos una profunda amargura cuando nuestros gobiernos, pese a los esfuerzos realizados por la sociedad civil y la comunidad internacional, no logran prevenir ni atender el estado crítico en que se encuentra la niñez panameña. Lentamente, pero con certeza, la sociedad reclamará esta falta de atención, porque ningún gobierno tiene derecho a esconder su incapacidad, desatendiendo las liberta des fundamentales de los niños, que más allá de que pertenezcan a la minoría o la mayoría, son seres humanos indefensos.