Hace 1 añoJusticia tardía no es justicia. Aunque sabemos que los tiempos de los medios no son los de los tribunales, los prolongados plazos de los procesos civiles y penales resultan inaceptables para una sociedad que exige respuestas claras frente a la corrupción y el crimen organizado. El señalamiento del contralor al procurador para que agilice las investigaciones no es nuevo. En la administración pasada, era el Ministerio Público el que apuntaba a la Contraloría por la falta de auditorías clave. El resultado es el mismo: los procesos se retrasan, los delitos prescriben y los corruptos se reciclan en el poder. La operación Fisher, por ejemplo, tras años de investigación, verá juicio en 2027. ¿Dónde queda el derecho de las víctimas? ¿Dónde está el mensaje disuasorio a las redes criminales? No podemos seguir aceptando este letargo institucional. Todos los actores del sistema de justicia —jueces, fiscales, auditores y policías— tienen que ponerse las pilas. La ciudadanía no puede esperar indefinidamente. Porque cuando la justicia llega tarde, deja de ser justicia.
Uno de los misiles lanzados por Irán tenía como objetivo la Kiryat, sede del comando central del ejército israelí en Tel Aviv, pero impactó frente al área de Sarona. A una cuadra del lugar se encuentra la embajada de Panamá en Israel. Las imágenes, difundidas por medios israelíes y árabes, evidencian la magnitud del impacto.
Sabrina BacalHace 1 añoPanamá es el quinto país más lluvioso del mundo. Hay más de 500 ríos en 52 cuencas hidrográficas. ¿Cómo explicamos entonces que haya más de 100 mil panameños que por dos semanas no han recibido agua potable en sus grifos?
Hace 1 añoEl contralor general ha levantado una alerta grave: en la Universidad de Panamá operan clanes familiares que controlan cargos y recursos. La denuncia, lejos de ser anecdótica, pone en entredicho la integridad de una institución que debería ser ejemplo de pensamiento crítico, excelencia y ética pública. Con más de $300 millones anuales del presupuesto nacional, lo que ocurre allí nos concierne a todos. El nepotismo, el desvío de funciones y el uso indebido del cargo no son simples irregularidades: son síntomas de un deterioro institucional que se repite en otras universidades estatales. Lo que se denuncia hoy en la Universidad de Panamá tiene ecos en la Unachi y Udelas, donde se han normalizado redes de favores y lealtades personales por encima del mérito. Esta traición al legado de Octavio Méndez Pereira exige una reacción firme. La comunidad universitaria y la sociedad deben exigir una transformación profunda. Si la universidad nacional no lidera con el ejemplo, pierde autoridad moral para formar a los líderes del mañana.