Hace 1 añoPasan los gobiernos, pero los problemas persisten. Changuinola parece un territorio congelado: pobreza crónica, servicios públicos deficientes, escuelas sin luz ni agua, centros de salud desbordados, caminos que se inundan, comunidades que siguen sin internet. Han gobernado el PRD, el panameñismo y Cambio Democrático, y nada cambia. Lo que sí ha sido constante son los liderazgos de Benicio Robinson y Francisco Smith, figuras que por décadas han dominado el tablero político y sindical del distrito.
Mientras otras regiones del país avanzan, Changuinola sigue atada al monocultivo bananero, con salarios bajos, oportunidades mínimas y una juventud que emigra o se resigna. La indignación, cuando llega, se expresa en bloqueos de carretera, porque la protesta sigue siendo la única forma de hacerse oír.
Las cifras oficiales lo confirman: la pobreza y la desigualdad aquí no bajan, y los proyectos sociales se diluyen entre promesas repetidas. Changuinola no necesita más discursos. Necesita que quienes han controlado el poder político y sindical durante décadas rindan cuentas. La ciudadanía merece saber por qué, a pesar de los recursos invertidos y las promesas hechas, el desarrollo sigue siendo un sueño lejano. Es hora de que los responsables asuman su parte.
Julio YaoHace 1 añoEn un artículo reciente, el exvicecanciller Carlos Ruiz Hernández apoya al presidente José Raúl Mulino frente a las amenazas de Donald Trump.
Hace 1 añoAunque para muchos la salida de Ricardo Martinelli de la embajada de Nicaragua puede interpretarse como un alivio —por haber dejado de usarla como plataforma política en abierta burla al derecho internacional—, lo cierto es que su llegada a Colombia bajo la figura del asilo político representa una victoria de la impunidad sobre la justicia.
Martinelli no huía de una persecución, sino de una condena firme por lavado de dinero. Y no lo hizo en silencio: celebró su escape con bailes y mensajes burlones, como si confirmara que el poder, una vez más, le garantizó inmunidad. Que el gobierno colombiano lo haya acogido por “razones políticas” contradice su propio historial de críticas hacia el expresidente panameño y desvirtúa el principio del asilo.
Este episodio no solo debilita el Estado de derecho en Panamá, sino que marca un precedente preocupante en la región: los condenados por corrupción pueden encontrar refugio político si tienen suficientes conexiones. Es un triunfo de la sinverguenzura sobre la justicia, y de la protección sobre la rendición de cuentas.