Eduardo Ulibarri | Hace 17 añosMás que una crisis de gobernabilidad, Guatemala padece una profunda crisis de impunidad, desconfianza generalizada y alarmante deterioro institucional. Es una crisis de Estado.
Eduardo Ulibarri | Hace 17 añosMás que una crisis de gobernabilidad, Guatemala padece una profunda crisis de impunidad, desconfianza generalizada y alarmante deterioro institucional. Es una crisis de Estado.
Gina Montaner | Hace 17 añosVale. El padre Alberto Cutié ha hablado hasta por los codos en todos los medios posibles. Posiblemente incluso se le podía seguir en Twitter, que es el último grito entre los groupies que persiguen día y noche a los celebrities bajo el lema que sintetiza esta era de narcisistas consumados: what am I doing? Bien, el morbo colectivo ha saciado su sed de chismes e intimidades cual vampiro frente a una apetitosa yugular. En realidad ya solo nos falta por ver la entrevista exclusiva de la pareja del año proclamando su amor y su derecho a compartir lecho. Serán felices, comerán perdices y a otra cosa, mariposa. Digamos que a este entretenido culebrón le queda un par de capítulos y un bestseller en las librerías. Poco más antes de archivarlo en el baúl de los recuerdos de You Tube. De todos modos las grandes ausentes en este vodevil han sido las monjas, de las que nadie se ha preocupado por invitarlas a los debates que estos días han ocupado el prime time. ¿Habría despertado igual simpatía y solidaridad una versión femenina del padre Alberto? Me temo que no. Pero no quisiera despedirme de este Pájaro Espino versión tropical sin hacer mención a un tema muy serio que en ha abordado Daniel Shöer Roth en una magnífica columna titulada “Con la vara que mides...”.
Eduardo Ulibarri | Hace 17 añosMás que una crisis de gobernabilidad, Guatemala padece una profunda crisis de impunidad, desconfianza generalizada y alarmante deterioro institucional. Es una crisis de Estado.
Eduardo Ulibarri | Hace 17 añosMás que una crisis de gobernabilidad, Guatemala padece una profunda crisis de impunidad, desconfianza generalizada y alarmante deterioro institucional. Es una crisis de Estado.
Gina Montaner | Hace 17 añosVale. El padre Alberto Cutié ha hablado hasta por los codos en todos los medios posibles. Posiblemente incluso se le podía seguir en Twitter, que es el último grito entre los groupies que persiguen día y noche a los celebrities bajo el lema que sintetiza esta era de narcisistas consumados: what am I doing? Bien, el morbo colectivo ha saciado su sed de chismes e intimidades cual vampiro frente a una apetitosa yugular. En realidad ya solo nos falta por ver la entrevista exclusiva de la pareja del año proclamando su amor y su derecho a compartir lecho. Serán felices, comerán perdices y a otra cosa, mariposa. Digamos que a este entretenido culebrón le queda un par de capítulos y un bestseller en las librerías. Poco más antes de archivarlo en el baúl de los recuerdos de You Tube. De todos modos las grandes ausentes en este vodevil han sido las monjas, de las que nadie se ha preocupado por invitarlas a los debates que estos días han ocupado el prime time. ¿Habría despertado igual simpatía y solidaridad una versión femenina del padre Alberto? Me temo que no. Pero no quisiera despedirme de este Pájaro Espino versión tropical sin hacer mención a un tema muy serio que en ha abordado Daniel Shöer Roth en una magnífica columna titulada “Con la vara que mides...”.
Silvia Ayuso | Hace 17 añosPrimero fue la decisión de la Casa Blanca de no publicar las fotos de torturas, luego la polémica sobre si la presidenta (demócrata) del Congreso, Nancy Pelosi, supo o no desde un principio de las controvertidas prácticas como el waterboarding y finalmente el anuncio, por más que fuera esperado, de que se mantendrán los tribunales militares en Guantánamo.
Silvia Ayuso | Hace 17 añosPrimero fue la decisión de la Casa Blanca de no publicar las fotos de torturas, luego la polémica sobre si la presidenta (demócrata) del Congreso, Nancy Pelosi, supo o no desde un principio de las controvertidas prácticas como el waterboarding y finalmente el anuncio, por más que fuera esperado, de que se mantendrán los tribunales militares en Guantánamo.
Silvia Ayuso | Hace 17 añosPrimero fue la decisión de la Casa Blanca de no publicar las fotos de torturas, luego la polémica sobre si la presidenta (demócrata) del Congreso, Nancy Pelosi, supo o no desde un principio de las controvertidas prácticas como el waterboarding y finalmente el anuncio, por más que fuera esperado, de que se mantendrán los tribunales militares en Guantánamo.
Gina Montaner | Hace 17 añosVale. El padre Alberto Cutié ha hablado hasta por los codos en todos los medios posibles. Posiblemente incluso se le podía seguir en Twitter, que es el último grito entre los groupies que persiguen día y noche a los celebrities bajo el lema que sintetiza esta era de narcisistas consumados: what am I doing? Bien, el morbo colectivo ha saciado su sed de chismes e intimidades cual vampiro frente a una apetitosa yugular. En realidad ya solo nos falta por ver la entrevista exclusiva de la pareja del año proclamando su amor y su derecho a compartir lecho. Serán felices, comerán perdices y a otra cosa, mariposa. Digamos que a este entretenido culebrón le queda un par de capítulos y un bestseller en las librerías. Poco más antes de archivarlo en el baúl de los recuerdos de You Tube. De todos modos las grandes ausentes en este vodevil han sido las monjas, de las que nadie se ha preocupado por invitarlas a los debates que estos días han ocupado el prime time. ¿Habría despertado igual simpatía y solidaridad una versión femenina del padre Alberto? Me temo que no. Pero no quisiera despedirme de este Pájaro Espino versión tropical sin hacer mención a un tema muy serio que en ha abordado Daniel Shöer Roth en una magnífica columna titulada “Con la vara que mides...”.