[POLÍTICA NO INTERVENCIONISTA]
Marc Bassets | Hace 10 añosCuando Obama comenzó su segundo y último mandato, imaginar la reapertura de embajadas entre Estados Unidos (EU) y Cuba se encuadraba en el género de la política ficción. Hugo Chávez, el líder venezolano que encabezó el frente antiestadounidense en la década pasada en América Latina, vivía. En Argentina gobernaba Cristina Kirchner, una presidenta que también jugaba la carta antiyanqui y a quien los estadoundienses veían como una líder errática y poco fiable. La posibilidad de un acuerdo entre el Gobierno colombiano y las FARC era una hipótesis lejana. En Canadá, el primer ministro era Stephen Harper, un conservador cuyas relaciones con el demócrata Obama eran mejorables por motivos que iban de la reticencia de Harper a actuar contra el cambio climático a las diferencias en la política energética.