En el interior de un diminuto nido, en medio del bosque tropical, un diálogo silencioso decide el futuro de toda una colonia. No se basa en palabras, sino en señales químicas que determinan si las hijas permanecerán junto a la reina o partirán para fundar su propio nido.
Se trata de un descubrimiento realizado por investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), quienes identificaron por primera vez la feromona de una abeja reina en una especie con comportamiento social flexible, un hallazgo que aporta nuevas pistas sobre cómo surgieron las sociedades complejas entre los insectos.

Los hallazgos, realizados por Callum Kingwell, investigador postdoctoral del STRI y de la Universidad de Princeton, y Bill Wcislo, científico del STRI, y publicados en la revista Proceedings of the Royal Society B, se centraron en la “abeja del sudor” (Megalopta genalis), una especie que habita en América y presenta una característica poco común: las hijas pueden permanecer en el nido ayudando a la reina sin reproducirse o abandonarlo para fundar su propia colonia.
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Esta flexibilidad convirtió a la especie en un modelo ideal para investigar cómo evolucionó la vida social. El estudio se llevó a cabo en Isla Barro Colorado, donde los investigadores analizaron alrededor de 450 nidos artificiales instalados en el hábitat natural de estas abejas.
Los resultados demostraron que las reinas de las colonias sociales producen niveles más altos de determinadas feromonas. Estas sustancias químicas actúan como una señal confiable de su capacidad reproductiva y parecen influir en la decisión de las hijas de permanecer colaborando en el nido, en lugar de competir por el liderazgo o marcharse para reproducirse.
De acuerdo con Kingwell, una de las principales innovaciones del trabajo fue realizar los análisis químicos directamente en la isla y seguir a las mismas abejas durante toda su vida, lo que permitió observar cómo cambia la comunicación química en individuos silvestres.
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Más allá del comportamiento de una sola especie, los científicos consideran que el hallazgo ayuda a entender cómo pudieron originarse las sociedades complejas que hoy dominan numerosos ecosistemas, como las de abejas, hormigas y avispas.
“La evolución de la cooperación es una cuestión fundamental que va mucho más allá de los insectos”, explicó Kingwell. Comprender cómo las señales químicas influyen en la decisión de cooperar o independizarse podría aportar nuevas claves para la biología evolutiva, el comportamiento animal y el estudio de los sistemas sociales en general.
