En su Informe sobre la Nutrición Infantil 2025, el Fondo de Población de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) concluyó que 2025 fue el primer año en que la prevalencia mundial de la obesidad entre los niños en edad escolar y los adolescentes superó a la del bajo peso (9.4% frente a 9.2%), lo que refleja un cambio importante en las tendencias mundiales de la malnutrición.
Además, el Atlas Mundial de Obesidad 2026 estimó que aproximadamente 177 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años vivían con obesidad en en 2025 en el mundo, cifra que aumentará a 228 millones para 2040. Esto equivale a un aumento del 8.7% al 11.9% de la población mundial de niños y adolescentes.
Esta estadística, de por sí, preocupante predice que millones de personas vivirán con enfermedades crónicas que, en el mejor de los casos, afectarán su calidad de vida y su capacidad productiva, y que los sistemas de salud pública se verán cada vez más obligados a elevar sus presupuestos para atender a los enfermos o serán sobrepasados en sus capacidades.

Es que, la obesidad aumenta el riesgo cardiovascular, por ende, eleva la probabilidad de desarrollar enfermedades como la diabetes, la hipertensión, los accidentes cerebrovasculares, la enfermedad renal e incluso varios tipos de cáncer, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Esto sin contar sus implicaciones en temas de salud mental.
De acuerdo con el mismo reporte de Unicef, en la región de América Latina y el Caribe más de cuatro millones de niños menores de cinco años presentan sobrepeso, mientras que cerca de 50 millones de niños, niñas y adolescentes de entre 5 y 19 años viven con sobrepeso, incluida su forma más grave, la obesidad.
El panorama de Panamá sigue la misma tendencia y urge a la acción desde casa. Según el Atlas Mundial de Obesidad 2026 —que utiliza cifras de 2025— 157 mil niños de entre cinco y nueve años viven con sobrepeso u obesidad, en tanto que 296 mil de 10 a 19 años de edad afrontan la misma condición. Es decir, cerca de un 38 % de la población infantil que estima el INEC para ese año.
Estas cifras son consistentes con información publicada por el Hospital del Niño en marzo de 2025, según la cual el 28 % de los menores de edad presenta exceso de peso y el 10 % ya vive con obesidad.
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Más que alimentación
Aunque los especialistas afirman que la causa de la obesidad es multifactorial, es decir, que involucra una combinación de factores biológicos, de comportamiento y ambientales, el Atlas Mundial de Obesidad alude a un desencadenante importante que se ubica en la fase prenatal.
El sobrepeso durante el embarazo, la diabetes gestacional y el tabaquismo materno son considerados disparadores críticos del riesgo de desarrollar obesidad infantil, incluso antes del nacimiento.

Otro factor clave que se menciona es la alimentación durante la infancia, específicamente el alto consumo de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, lo cual se entrelaza con la falta de programas o comidas escolares balanceadas, fundamentales para moldear preferencias alimentarias saludables.
Por otro lado, el informe menciona que la inactividad física contribuye a que la cifra, no solo en Panamá sino a nivel mundial, continúe siendo preocupante, ya que la gran mayoría de los niños y adolescentes no cumple con la recomendación mínima de actividad física que la Organización Mundial de la Salud establece en: un promedio de al menos 60 minutos diarios de actividad moderada a vigorosa, principalmente aeróbica.

Por su parte, el perfil de Panamá en el Observatorio Global de Obesidad menciona que la salud mental es un factor que puede actuar como detonante de la obesidad. A esto se suma el costo de la alimentación, pues señala que para una gran parte de la población una dieta saludable es inasequible, lo que obliga al consumo de alimentos más económicos, pero menos nutritivos, los cuales, de acuerdo con el informe de Unicef, prevalecen entre la población de menos ingresos y en las escuelas.
Las consecuencias de la obesidad en edades tempranas son alarmantes, pues, a corto plazo, los menores con obesidad pueden experimentar dificultad para moverse, problemas respiratorios e incluso un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Como lo mencionó el endocrinólogo Gustavo Marciaga, la obesidad no es “culpa” del paciente y no depende únicamente de “comer mucho”, una afirmación que, en el caso de la obesidad infantil, cobra aún más significado. No obstante, es importante que los niños y los adolescentes reciban atención de manera oportuna, especialmente porque en muchos contextos culturales aún persiste la creencia de que las personas con un peso mayor son más “saludables”, mientras que la delgadez suele asociarse con enfermedad.
Un desafío para Panamá
Los niños con obesidad generalmente se convierten en adultos con obesidad con comorbilidades, porque al pasar de sobrepeso a obesidad la condición es más difícil de revertir.
Las cifras del Atlas Mundial de Obesidad 2026 lo confirman. El reporte estima que en Panamá unos 100 mil niños ya presentan signos de disfunción metabólica asociada al hígado graso y que aproximadamente 49 mil menores tienen niveles elevados de triglicéridos, un indicador de riesgo cardiovascular temprano.
Asimismo, se estima que unos 35 mil niños presentan presión arterial por encima de lo normal para su edad, y que alrededor de 15 mil menores registran niveles de glucosa que los colocan en la antesala de la diabetes.
Lucha contra el tiempo
El sobrepeso y la obesidad en la población infantil es un asunto que los especialistas urgen atender desde el hogar y la escuela, porque las cifras no paran de crecer. De mantenerse la tendencia actual, el Atlas Mundial de Obesidad proyecta que para el año 2040 más de 500 mil niños y adolescentes vivirán con sobrepeso u obesidad en Panamá.

