Utilizar la inteligencia artificial (IA) ya forma parte de la rutina cotidiana de millones de personas que la emplean para estudiar, escribir, investigar o resolver dudas. Sin embargo, a medida que su uso se hace más común, también aumentan las preguntas sobre sus posibles efectos en el aprendizaje y el pensamiento, especialmente entre niños, adolescentes y jóvenes que aún se encuentran en etapas de desarrollo y formación.
Un estudio reciente del MIT Media Lab y las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) coinciden en que el desafío del uso de estas tecnologías no está en la herramienta en sí, sino en la forma en que las personas las incorporan a sus procesos cognitivos. Mientras estas plataformas prometen ahorrar tiempo y simplificar tareas, investigadores comenzaron a preguntarse qué ocurre cuando parte del esfuerzo intelectual que antes recaía completamente en el usuario ahora se delega a un asistente de IA.
De acuerdo con el estudio Your Brain on ChatGPT (“Tu cerebro en ChatGPT”), elaborado por investigadores del MIT Media Lab, el uso de la IA para redactar textos podría generar una “deuda cognitiva”, ya que delegar parte del proceso de pensamiento en la herramienta reduciría la actividad y la conectividad cerebral durante la tarea.
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Los autores definen la deuda cognitiva como una condición en la que la dependencia constante y repetida de sistemas externos reemplaza los procesos mentales que requieren esfuerzo y que son necesarios para desarrollar un pensamiento independiente.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores utilizaron un electroencefalograma (EEG), un dispositivo que registra la actividad eléctrica del cerebro mediante electrodos colocados sobre el cuero cabelludo. A partir de estas mediciones observaron que escribir con ayuda de una herramienta de IA generaba una conectividad neuronal más débil en comparación con escribir únicamente con el propio conocimiento o utilizando un buscador en internet.
Según el estudio, cuando las personas escribían sin ayuda, el cerebro mostraba redes neuronales más fuertes y amplias, lo que indicaba un mayor esfuerzo de planificación, memoria de trabajo e ideación creativa. En cambio, al utilizar inteligencia artificial, la intensidad y el alcance de la comunicación neuronal disminuían hasta en un 55%, lo que, según los autores, sugiere que parte del esfuerzo cognitivo es delegado a la herramienta.
La neuropsicóloga Emelyn Sánchez Gómez señaló que existe un principio básico del aprendizaje: el cerebro necesita ejercitarse para consolidar nuevos conocimientos.
Añadió que al permitir que una herramienta responda en nuestro lugar no solo “recordamos menos”, sino que también “practicamos menos la organización y la integración del conocimiento”. Además, resaltó que es importante entender que la memoria no es un “almacén de datos”, sino un sistema que permite relacionar experiencias, tomar decisiones y construir la identidad.
“Si dejamos de participar activamente en ese proceso, el aprendizaje se vuelve mucho más superficial”, dijo.
Memoria y retención
Uno de los hallazgos que más llamó la atención fue el impacto del uso de estas herramientas sobre la memoria a corto plazo. Durante la primera sesión del experimento, el 83.3% de los participantes que utilizaron IA fueron incapaces de citar una sola frase de su propio ensayo apenas unos minutos después de haberlo escrito. En contraste, quienes realizaron la tarea sin recurrir a la inteligencia artificial mostraron una capacidad de recuerdo significativamente mayor.
Según los investigadores, esto podría indicar que el cerebro realiza un menor esfuerzo para procesar, organizar e integrar la información en la memoria cuando parte del trabajo intelectual ya ha sido realizado por la herramienta.
La neuropsicóloga explicó que este hallazgo resulta coherente con la forma en que se consolida la memoria.
“El aprendizaje no ocurre únicamente cuando recibimos información; ocurre cuando hacemos el esfuerzo por recuperarla, organizarla y darle significado”, señaló.
El estudio también reveló que quienes habían utilizado previamente una herramienta de IA y posteriormente intentaron volver a escribir sin ayuda mostraron una actividad cerebral reducida, sin alcanzar los niveles de conectividad observados en quienes siempre habían trabajado por cuenta propia.
Por el contrario, los participantes que escribieron primero sin asistencia y luego utilizaron IA mostraron un aumento en la actividad cerebral, lo que sugiere que realizar primero el esfuerzo cognitivo permite incorporar estas herramientas de forma más crítica e integrada.
Por su parte, el psicólogo clínico Román Emiliani manifestó que esa diferencia refleja la importancia de mantener un papel activo frente a la tecnología.
“La inteligencia artificial debe ser un complemento y no un suplemento de nuestro ejercicio diario como seres humanos”, afirmó.
Añadió que comparar una respuesta propia con la generada por la IA puede convertirse en un ejercicio útil para detectar vacíos de conocimiento y enriquecer el aprendizaje, en lugar de sustituirlo.
Aunque el estudio ha despertado interés por ser uno de los primeros en medir la actividad cerebral durante el uso de la herramienta mediante electroencefalografía (EEG), aún no ha sido sometido al proceso de revisión por pares, el mecanismo mediante el cual otros especialistas evalúan la metodología, los resultados y las conclusiones antes de que un trabajo sea publicado en una revista científica. Por ello, sus hallazgos deben interpretarse con cautela mientras avanza ese proceso.
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La postura de la Unesco
Ante la rápida expansión de las herramientas de inteligencia artificial generativa, la Unesco publicó una guía sobre su uso en la educación y la investigación. En ella advierte que, aunque estas tecnologías ofrecen oportunidades para personalizar el aprendizaje y mejorar la productividad, también pueden fomentar una dependencia excesiva si sustituyen procesos fundamentales como el razonamiento, la creatividad y el pensamiento crítico.
Según el organismo, la preocupación no es la tecnología en sí, sino la manera en que se utiliza. La Unesco considera que la IA puede convertirse en una aliada de la educación y la investigación, siempre que complemente, y no sustituya, las habilidades cognitivas necesarias para comprender, analizar y evaluar la información de manera crítica.
Asimismo, señala que la validación pedagógica debe mantenerse siempre centrada en el ser humano, garantizando que los estudiantes conserven la motivación para investigar, resolver problemas y construir conocimiento de manera independiente.

