TEMA: Hoy por Hoy


Hoy por hoy

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Hace 4 añosEl diálogo que se desarrolla con el Gobierno debería incluir otros sectores que reclaman –con toda justicia– ser parte de estas conversaciones. Por más que los que están allí se opongan, no pueden negar que estos excluidos también son panameños y tienen el mismo derecho de ellos a dar sus opiniones, sugerir soluciones, incluso, oponerse, algo que el equipo gubernamental parece no estar haciendo, pues lo que vemos hasta ahora es una postura genuflexa, en la que pareciera que no hay más espacio que para ceder, cuando esto se trata de una negociación en la que todas las partes deben hacer sacrificios para lograr compromisos. Hasta ahora, lo conversado ha derivado en “sacrificios” que terminaremos pagando todos, quizás no ahora, pero lo haremos. En este sentido, los educadores deben entender que no pueden ir a la mesa con una postura de “todo o nada”, pues se trata de una negociación, no de imposiciones. Además, deben considerar el retorno inmediato a clases, pues están recibiendo sus salarios completos, y esperar hasta que los acuerdos sean firmados, perjudica a sus estudiantes. Es el momento de que, por el bien del país, los negociadores actúen con sensatez, facilitando una solución en beneficio de todos.
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Hace 4 añosLa desesperación de comerciantes, transportistas, pasajeros, productores, etc., empieza a sentirse en las arterias del país, donde grupos que protestan impiden el tránsito de muchos otros panameños que están sufriendo las mismas penurias que ellos. Es imperioso que en la mesa única de negociación se le dé prioridad a la reapertura de calles y carreteras, a fin de garantizar la seguridad, tanto de quienes las utilizan como de quienes las cierran. Las redes sociales dan cuenta de escenas en las que observamos cómo algunos pierden la paciencia, lo cual ha generado heridos de lado y lado. El papel de la Policía es proteger y servir, por lo que su intervención en casos como estos no solo es necesaria; es justificada. Actualmente, hay un corredor humanitario para llevar productos de alta necesidad, pero en muchos casos no se respeta, lo cual afecta aún más la salud y alimentación de ciudades enteras que, siendo empáticas con este movimiento de protesta, empiezan a resentir lo que comienzan a calificar de intransigencia. Los negociadores deben acordar una suerte de tregua, como prueba de buena fe, pues, de lo contrario, con los ánimos tan caldeados como están, lamentaremos la violencia y hasta muertes que desde ya se pueden evitar.
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Hace 4 añosAburguesado y hastiado, el equipo negociador del gobierno se negó a recibir –e ingerir– la comida preparada con los productos alimenticios cuyos precios fueron congelados por el presidente, cuando el Ejecutivo tenía afán de calmar los ánimos de los grupos que protestan por el alto costo de la vida. Es lo mismo que ocurre con la salud, pues el presidente, su ministro de ese ramo –precisamente–, el alcalde de la ciudad capital y varios diputados, entre otros funcionarios, se atienden en especializados centros en el extranjero, despreciando la atención médica y los centros de salud que están bajo su propia responsabilidad. El mensaje que envían es bastante claro: lo mejor para ellos y, si algo sobra, para los demás. Lo ocurrido ayer fue un acto simbólico que dibuja de cuerpo entero el desprecio que siente por sus electores la casta política que nos gobierna. La mayor hipocresía material es la que está en el palacio de gobierno, junto a la silla presidencial. Allí está un taburete que Laurentino Cortizo ordenó instalar el primer día de su gestión, con la intención de “que no nos olvidemos de dónde venimos”. Con lo sucedido ayer en Penonomé, ya no hay dudas sobre lo insignificante que es ese símbolo para su equipo de gobierno.
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Hace 4 añosEl presidente Cortizo adoptó una acción unilateral que probablemente sea considerada como un gesto de buena fe en la negociación con los grupos de protesta: derogar las leyes de incentivos fiscales a las inversiones turísticas, algo que ni siquiera debió discutirse en la Asamblea y menos aprobarse y sancionarse. Mucho pudo evitarse si no se hubiesen sancionado esos adefesios , porque, sin duda, esto causó indignación, en especial, cuando todo el mundo está sufriendo esta crisis y han bajado los ingresos del Estado. Pero, por otro lado, el presidente, ignorando que hay gente pidiendo la renuncia de sus ministros consejeros, se apareció flanqueado por ellos en su conferencia de prensa, enviando un mensaje desafiante y equivocado. Sus palabras ayer a la nación también estuvieron despojadas de autocrítica. Hay muchos errores que reconocer, pero no entonó el mea culpa; eso debe ser abordado en el diálogo, incluyendo la renuncia o despido de la rectora de la Unachi y la devolución de los $9 millones para aumentos salariales, las leyes anticorrupción –que urgen– y la contención del gasto gubernamental. No nos habla de la deuda, del plan para generar empleos ni de educación ni salud. Este diálogo apenas comienza y la lista de temas es desbordante.
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Hace 4 añosLa estrategia de comunicación del Gobierno sobre esta crisis es una vergüenza. El contacto con los medios es incuestionablemente pésimo, pues tal cosa es inexistente. Las oportunidades que han brindado los medios –incluso, los internacionales– para que sus voceros den explicaciones y justificaciones han sido desperdiciadas, y cuando han respondido, la jerarquía del vocero no llena las expectativas, ni siquiera de los medios, muchos menos de la sociedad, que espera que alguien con algo de liderazgo en el gobierno informe sobre estas negociaciones. Pero la ineptitud controla y la ignorancia decide. A ello se le suma el despotismo de políticos que, sintiéndose atacados por sus electores, con su actitud rocían gasolina sobre la indignación ciudadana, provocando que los ánimos se caldeen más. Si los negociadores de este gobierno tuvieran algo de sensatez y si al frente de esta Administración estuvieran los mejores –aunque ellos no existen en este gobierno y el presidente hace el papel de la letra h– otro sería el panorama, que ahora empeora con saqueos, sin que la policía intervenga, quizás con la velada intención de que las protestas comiencen a ser condenadas y así justificar el uso de fuerza. Sin duda, este gobierno tiene la peor actitud.
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Hace 4 añosEs notoria la ausencia del presidente de la República en las negociaciones con los grupos que aglutinan organizaciones y a la sociedad en general en estas jornadas de protestas. Su ausencia es visible y hasta escandalosa, pues da la falsa impresión de que este asunto no le importa. También es notoria la falta de información: ¿Cuánto durará el subsidio a los combustibles? ¿De dónde saldrá el dinero? ¿El gobierno adoptará verdaderas medidas de contención? Nadie lo ha explicado. Si es con deuda que se pagará, la victoria es pírrica, pues terminaremos pagando el subsidio sí o sí. Es evidente que la conducción de las negociaciones la lleva el vicepresidente Gaby Carrizo, quien carece de experiencia y de lo más elemental: credibilidad. Por eso las mesas fracasan, incluso cuando se llegan a acuerdos. Es importante que el gobierno envíe mensajes para recuperar su credibilidad. Por ejemplo, adoptar medidas simbólicas, como quitarle esos $9 millones para aumentar salarios en la Unachi o eliminar las planillas fantasmas de la Asamblea. No tienen gran impacto económico, pero envían un mensaje alto y claro. Eso es lo que se espera de los negociadores, y no baratijas políticas del peor gusto, como sacarle provecho personal a esta crisis.
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Hace 4 añosOcurrió lo que todos esperábamos: Ricardo Martinelli, allegados y miembros de lo que fue su gabinete se ausentaron de la primera audiencia del proceso Odebrecht, caso en el que él y su gavilla se la han pasado acusando a los que han podido, pero a la hora de dar la cara, todos ellos se excusaron, en tanto que a los que tanto denunciaron, al menos se presentaron para enfrentar a lo que ellos ahora rehúyen cobardemente. Tal parece que la justicia se las arregla para hacer de estos sujetos inalcanzables. Es por ello que urgen cambios en el sistema judicial, porque las víctimas –en este caso el Estado– están en la indefensión: todo está amañado en su contra. ¿Alguna vez serán alcanzados por la justicia? Eso dependerá de la voluntad de jueces y magistrados y de cuán tolerante sea la sociedad ante una justicia genuflexa. Pero el mensaje intrínseco que recibimos los panameños de estas excusas es que esos que las presentaron temen quedar expuestos, que todo el país los vea desnudos, con sus discursos huecos. El escarnio público es un arma poderosa para los que tienen todo que perder, y mientras no se presenten ante un juez, su medroso mensaje llega alto, claro, manifiesto e inequívoco a todos nosotros.
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Hace 4 añosLa Asamblea Nacional no para de reírse, burlarse y menospreciar al pueblo que eligió a cada uno de los 71 diputados que la componen. Si bien no son todos, las caras más visibles de este órgano del Estado son las más cínicas, empezando por su presidente, quien anunció medidas de contención del gasto, cuyo efecto es el equivalente a rociar gasolina sobre un fuego que comienza a ser incontrolable. Los ahorros que significan sus “grandes sacrificios” son ridículos y en nada afectarán la cómoda vida que llevan, mientras millares de panameños no tienen qué comer, porque muchos se han quedado sin trabajo y no hay nadie que esté haciendo algo para recuperar esos empleos que se perdieron en la pandemia. ¿Por qué no empiezan por bajar el salario de aquellos que sí pueden prescindir de unos miles de dólares? ¿Por qué no hacen desaparecer esas planillas fantasmas que todos sabemos que son la caja menuda de muchos diputados? ¿Por qué no bajar esas suntuosas planillas de empleados que dizque trabajan directamente para ellos? Sin van a hacer contención, dejen de tomarnos el pelo, porque lo que nos ofrecen a cambio de nuestro sacrificio, es casi quedarse a vivir en el paraíso ese de donde nunca han salido.
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Hace 4 añosEl Órgano Judicial acogió una petición de muchos panameños interesados en seguir los detalles del juicio por corrupción más importante en Panamá en lo que va de este siglo, en el que están involucradas tres administraciones distintas, aunque solo dos van al banquillo, incluidos dos expresidentes. Es satisfactorio que este juicio sea transmitido y su señal pueda ser compartida por los medios de comunicación interesados en que se conozcan los detalles de cómo, de manera sostenida, se ofrecieron contratos de obras públicas a cambio de coimas millonarias. No solo porque garantiza transparencia para todos los acusados, sino porque también empieza a generar confianza el hecho de que las audiencias judiciales no se realicen entre bambalinas y, especialmente, porque cada ciudadano tendrá la oportunidad de forjarse su propia opinión sin la intervención de intermediarios. Así como este, se debe hacer lo mismo con otros casos de alto perfil, de manera que todos tengamos acceso a estos procesos tan importantes para el futuro del país, ya que aquí está en juego mucho más que una condena, si ese fuera el caso. La transparencia enviará el mensaje correcto a muchos de nuestros funcionarios, aunque algunos prefieran que estos procesos no sean del dominio público por obvias razones. Ojalá cada vez que un funcionario sea acusado de corrupción, el juicio se haga público, como en esta ocasión.
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Hace 4 añosNunca en nuestra democracia había habido tanta ausencia de credibilidad como ahora. El éxito de la convocatoria a un diálogo para discutir la situación actual está en entredicho; las medidas de austeridad del Gobierno no solo llegan tarde, sino que no alcanzan a los responsables de la ira popular, y los paliativos para aligerar la carga económica de miles de hogares afectados por la crisis económica causaron más disgusto que alivio. La reacción ha sido adversa a casi todo lo propuesto por el Gobierno, porque este ha perdido su fiabilidad dilapidándola al tratar de justificar lo injustificable: el cínico exceso de privilegios; gastos abusivos mientras el país experimenta una grave pérdida de ingresos; ausencia total de controles; poco apego a la rendición de cuentas y la transparencia en el gasto público; salarios exorbitantes, inmerecidos e inoportunos, mientras en el sector privado se perdían miles de empleos y se reducían salarios; fiestas, banquetes, licores, viajes, viáticos, carros de lujo... Todo ello quedó en el subconsciente colectivo y ahora, cuando buena parte de la población no tiene ni para poner un plato en la mesa, estallan todos estos recuerdos. Si quiere recuperar su credibilidad, el Gobierno deberá hacer un verdadero y convincente sacrificio.

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