Hace 19 añosMuchas alarmas debieron haber sonado cuando el presunto narcolavador colombiano José Nelson Urrego solicitó la residencia panameña en 2003 y le fue otorgada tan cándidamente. Este señor no tenía un perfil bajo: había sido condenado en su país e, incluso, no era un desconocido en el mundo político del vecino país, donde se le vinculó con donaciones a campañas electorales en 1995. Pero nadie aquí oyó ni un solo silbato... o no quisieron oír. El ex convicto llegó al país en 2002, pidió una visa ¡nada menos que de solvencia económica! que le fue otorgada sin mayores tropiezos; se compra una isla; mete millones al sistema bancario; se instala comercialmente en Panamá y Zona Libre, y ahora pretendía construirse un hotel. Esto, en términos fácticos, parece una murga que difícilmente pasaría inadvertida. Las autoridades de Migración de entonces deben muchas explicaciones, así como el resto de instituciones –públicas y privadas– que le facilitaron la estancia en Panamá al seudo empresario. Entre tanto, algo hay que hacer con las entidades de seguridad del Estado, porque todo esto ya es inadmisible.
Hace 19 añosMuchas alarmas debieron haber sonado cuando el presunto narcolavador colombiano José Nelson Urrego solicitó la residencia panameña en 2003 y le fue otorgada tan cándidamente. Este señor no tenía un perfil bajo: había sido condenado en su país e, incluso, no era un desconocido en el mundo político del vecino país, donde se le vinculó con donaciones a campañas electorales en 1995. Pero nadie aquí oyó ni un solo silbato... o no quisieron oír. El ex convicto llegó al país en 2002, pidió una visa ¡nada menos que de solvencia económica! que le fue otorgada sin mayores tropiezos; se compra una isla; mete millones al sistema bancario; se instala comercialmente en Panamá y Zona Libre, y ahora pretendía construirse un hotel. Esto, en términos fácticos, parece una murga que difícilmente pasaría inadvertida. Las autoridades de Migración de entonces deben muchas explicaciones, así como el resto de instituciones –públicas y privadas– que le facilitaron la estancia en Panamá al seudo empresario. Entre tanto, algo hay que hacer con las entidades de seguridad del Estado, porque todo esto ya es inadmisible.
Hace 19 añosParece mentira que más de mes y medio después de que se descubrieran las celdas de lujo, éstas permanezcan intactas para el disfrute de reos de alta peligrosidad. Este es el típico ejemplo de la burocracia que se sirve de funcionarios que parecen los brazos mecánicos de una torpe máquina que no entiende razones. Y mientras se ponen de acuerdo en el “delicado” asunto de quién decomisa los televisores de plasma y los microondas, los que esperan no tienen apuro. Los procesos, leyes y reglamentos obran a su favor y hasta quizá tengan oportunidad de querellar al que les quite sus juguetes. El antiguo director penitenciario ordenó retirar esos equipos en julio pasado y la entonces ministra de Gobierno reconoció que había corrupción en las cárceles. Todo eso le costó el puesto al director del Sistema Penitenciario, Ricardo Landero. Es decir, hubo un gran escándalo, pero finalmente es como si el funcionario nunca se hubiese ido. Entonces, ¿para qué botarlo?, ¿para qué un nuevo director? Sería poca cosa calificar de inútiles a los responsables de que las celdas se mantengan igual.
Hace 19 añosParece mentira que más de mes y medio después de que se descubrieran las celdas de lujo, éstas permanezcan intactas para el disfrute de reos de alta peligrosidad. Este es el típico ejemplo de la burocracia que se sirve de funcionarios que parecen los brazos mecánicos de una torpe máquina que no entiende razones. Y mientras se ponen de acuerdo en el “delicado” asunto de quién decomisa los televisores de plasma y los microondas, los que esperan no tienen apuro. Los procesos, leyes y reglamentos obran a su favor y hasta quizá tengan oportunidad de querellar al que les quite sus juguetes. El antiguo director penitenciario ordenó retirar esos equipos en julio pasado y la entonces ministra de Gobierno reconoció que había corrupción en las cárceles. Todo eso le costó el puesto al director del Sistema Penitenciario, Ricardo Landero. Es decir, hubo un gran escándalo, pero finalmente es como si el funcionario nunca se hubiese ido. Entonces, ¿para qué botarlo?, ¿para qué un nuevo director? Sería poca cosa calificar de inútiles a los responsables de que las celdas se mantengan igual.
Hace 19 añosUna vez más, los indicadores económicos revelan un progreso sostenido. El primer semestre tuvo un crecimiento del 9.6%, que es más del registrado el año pasado en el mismo período. Es evidente que los engranajes económicos parecen bien aceitados y el clima de inversiones está en uno de sus mejores momentos. Panamá se encuentra cerca de sus más altas metas y con posibilidades reales de superarlas. El sector privado se lleva gran parte del mérito, pues es su ejecutor; y el Gobierno tiene otro tanto, pues, además de gestor, también es su facilitador. En fin, el escenario es envidiable para muchos países de la región que se preguntan cuál es el secreto de Panamá. Aún así, tenemos deficiencias que requieren atención y no dársela es negar su existencia. El futuro le sonríe a Panamá y es importante que esa sonrisa sea contagiosa. Nuestro crecimiento debe ir acompañado de justicia social para cerrar la gran brecha entre los que todo lo tienen y los que todo le falta, lo cual significa sacrificios para que todos –y no solo algunos– puedan ser parte de esta bonanza.
Hace 19 añosUna vez más, los indicadores económicos revelan un progreso sostenido. El primer semestre tuvo un crecimiento del 9.6%, que es más del registrado el año pasado en el mismo período. Es evidente que los engranajes económicos parecen bien aceitados y el clima de inversiones está en uno de sus mejores momentos. Panamá se encuentra cerca de sus más altas metas y con posibilidades reales de superarlas. El sector privado se lleva gran parte del mérito, pues es su ejecutor; y el Gobierno tiene otro tanto, pues, además de gestor, también es su facilitador. En fin, el escenario es envidiable para muchos países de la región que se preguntan cuál es el secreto de Panamá. Aún así, tenemos deficiencias que requieren atención y no dársela es negar su existencia. El futuro le sonríe a Panamá y es importante que esa sonrisa sea contagiosa. Nuestro crecimiento debe ir acompañado de justicia social para cerrar la gran brecha entre los que todo lo tienen y los que todo le falta, lo cual significa sacrificios para que todos –y no solo algunos– puedan ser parte de esta bonanza.
Hace 19 añosUna quinta reforma a los supuestos planes de seguridad se ejecutará con la llegada de un nuevo ministro a la cartera de Gobierno y Justicia. Tal pareciera que cada funcionario tiene su propia receta para acabar con la delincuencia, cuando lo que debiera existir es un proyecto de Estado en esta materia, con objetivos, metas y estrategias claramente establecidas. Lo otro sería tomarnos como conejillos de Indias para sus inciertos experimentos. El Presidente prometió disminuir los índices de inseguridad en su campaña de 2004, pero ahora hasta sus propios ministros reconocen que lo que ha pasado es lo contrario. Y con los índices de crecimiento que marca el país, es inexplicable que haya más criminalidad. Para buscarle una solución integral a este problema, el Gobierno debería admitir que sus medidas en esta materia han sido mediocres y que se requiere un esfuerzo estructurado e interinstitucional. Entendemos que no hay fórmulas mágicas para conjurar esta amenaza, pero exigimos de las autoridades acciones coordinadas y razonables, y menos improvisación.
Hace 19 añosUna quinta reforma a los supuestos planes de seguridad se ejecutará con la llegada de un nuevo ministro a la cartera de Gobierno y Justicia. Tal pareciera que cada funcionario tiene su propia receta para acabar con la delincuencia, cuando lo que debiera existir es un proyecto de Estado en esta materia, con objetivos, metas y estrategias claramente establecidas. Lo otro sería tomarnos como conejillos de Indias para sus inciertos experimentos. El Presidente prometió disminuir los índices de inseguridad en su campaña de 2004, pero ahora hasta sus propios ministros reconocen que lo que ha pasado es lo contrario. Y con los índices de crecimiento que marca el país, es inexplicable que haya más criminalidad. Para buscarle una solución integral a este problema, el Gobierno debería admitir que sus medidas en esta materia han sido mediocres y que se requiere un esfuerzo estructurado e interinstitucional. Entendemos que no hay fórmulas mágicas para conjurar esta amenaza, pero exigimos de las autoridades acciones coordinadas y razonables, y menos improvisación.
Hace 19 añosEl problema de la basura empieza a salirse de control. Ya no solo es crítico en la ciudad de Panamá, sino que la incomodidad se ha extendido más allá del Puente de las Américas. Aparte del peligro que representa para la salud la acumulación de desechos, también resulta vergonzoso presentar esa cara sucia a los turistas e inversionistas que a diario recorren nuestras calles y avenidas. Tanto la fórmula del servicio público de recolección de basura, como el prestado por compañías privadas, han mostrado serias deficiencias, mientras se les imponen a los contribuyentes tasas que, además de ser desproporcionadas, se pagan por un servicio que no se recibe. Pareciera que las palabras planificación y eficiencia no estuviesen en el diccionario de las autoridades municipales, que lucen más interesadas en su actividad política que en cumplir sus obligaciones. Las estimaciones indican que tanto la población como la actividad comercial e industrial seguirán creciendo y, con ello, se generará más basura, por lo que el panorama promete empeorar. Ya está bueno de excusas oportunistas por parte de los municipios; los ciudadanos merecemos vivir en un país limpio.
Hace 19 añosEl problema de la basura empieza a salirse de control. Ya no solo es crítico en la ciudad de Panamá, sino que la incomodidad se ha extendido más allá del Puente de las Américas. Aparte del peligro que representa para la salud la acumulación de desechos, también resulta vergonzoso presentar esa cara sucia a los turistas e inversionistas que a diario recorren nuestras calles y avenidas. Tanto la fórmula del servicio público de recolección de basura, como el prestado por compañías privadas, han mostrado serias deficiencias, mientras se les imponen a los contribuyentes tasas que, además de ser desproporcionadas, se pagan por un servicio que no se recibe. Pareciera que las palabras planificación y eficiencia no estuviesen en el diccionario de las autoridades municipales, que lucen más interesadas en su actividad política que en cumplir sus obligaciones. Las estimaciones indican que tanto la población como la actividad comercial e industrial seguirán creciendo y, con ello, se generará más basura, por lo que el panorama promete empeorar. Ya está bueno de excusas oportunistas por parte de los municipios; los ciudadanos merecemos vivir en un país limpio.